Corvinas fritas sobre las olas

Uri Ben Schmuel

Una de las (muchas) críticas que se hace a la década que gobernó Alberto Fujimori gira en torno a la destrucción institucional y el debilitamiento de los partidos políticos. Revisemos pues algunas cifras tomadas de Infogob y veamos cuan cierta es esta afirmación en lo que a los partidos respecta.

En las elecciones de 1990, que finalmente ganó el entonces desconocido Fujimori –con ayuda, recordemos, de Alan García, quien hasta fundó el periódico Página Libre para apoyarlo y saboteó al candidato de su partido, Luis Alva Castro, que no obstante obtuvo respetable 22 %–, hubo nueve partidos inscritos y nueve candidatos. En los comicios del 95, en pleno ‘fujimorato’, la actividad política no se había reducido; por el contrario aumentó de manera considerable. Se inscribieron 15 partidos y se presentaron 14 candidatos, el más notorio Javier Pérez de Cuéllar.

El año 2000 se volvió a la misma cantidad de partidos inscritos y candidatos que una década atrás, antes del advenimiento del fujimorismo: nueve. En 2001 hubo ocho. La gran explosión se produjo en 2006, cuando se inscribieron 21 partidos y se presentaron 20 candidatos presidenciales. En 2011 la cifra bajó considerablemente: 13 partidos inscritos y 11 aspirantes al sillón de Pizarro.

En las elecciones de 2016 se inscribieron 19 partidos políticos pero dos candidatos (Julio Guzmán y César Acuña) fueron dejados fuera de carrera por el JNE y varios otros renunciaron a competir (Felipe Castillo, Renzo Reggiardo, Daniel Urresti, Vladimir Cerrón, Yehude Simon, Francisco Diez Canseco y Nano Guerra García).

Para los próximos comicios, al país le espera un escenario complicado. No solo esta vez porque, como siempre, los pactos de agresión y de juego limpio durarán lo que un suspiro y serán reemplazados por los consabidos ataques a diestra y siniestra y el triste espectáculo del palo encebado. Ni tampoco por promesas populistas al estilo de balón de gas a 12 soles para jalar votos: ya sabemos que, al igual que en el inolvidable vals “Parlamanías” de Serafina Quinteras inmortalizado por el ‘carreta’ Jorge Pérez, los candidatos, con tal de seducir a los votantes, jurarán que si los eligen “las corvinas, sobre las olas, nadarán fritas con su limón”. Y como siempre habrá incautos dispuestos a creer.

No, esta vez será complicado porque habrá extremos. El centro ha desaparecido junto con toda la vieja clase política enlodada por Odebrecht. Esa trama logró, sin derramar sangre, lo que Sendero buscaba: arrasar con el establishment. Y como la naturaleza y la política aborrecen el vacío, alguien deberá llenarlo. Ya tenemos a Antauro y falta ver quién será el Bolsonaro. Pero llegamos al límite de palabras al que nos comprometimos en Café Viena y entonces, como decía Kipling, eso será otra historia…