El Sodalicio y las vírgenes de cabaret

Uri Ben Schmuel

He escrito a lo largo de los años respecto a la arremetida gramsciana-caviar contra la cultura judeo-cristiana y el ataque de estos bárbaros modernos contra Roma y Occidente, jugando en pared con el radicalismo islámico. Por eso me parece emblemático el caso de la querella por difamación agravada interpuesta por Monseñor José Antonio Eguren contra el periodista Pedro Salinas, que ha llegado a su fin el último 8 de abril, cuando la jueza Judith Cueva de Piura dio a conocer el resultado del proceso judicial: 1 año de prisión suspendida, 120 días multa y 80 mil soles de reparación civil. 

El origen de esta disputa se remonta a unas declaraciones vertidas por Salinas en enero de 2018. En el marco de la visita del Papa Francisco al Perú, Salinas afirmó, por escrito y en una entrevista radial, que el obispo José Antonio Eguren le conoce “todas sus cosas” a Luis Fernando Figari, que es el creador del sistema de abusos físicos, psicológicos y sexuales en el Sodalicio de Vida Cristiana (SVC), y que estaba implicado en el tráfico de tierras realizado por la organización criminal la Gran Cruz en Piura.

Estas afirmaciones fueron hechas en el artículo El Juan Barros Peruano (La Mula, 20 de enero de 2018) y en una entrevista radial del 24 de enero de 2018 (No hay Derecho, Ideele Radio). Cabe resaltar que, a lo largo del proceso, Salinas ha intentado reiteradamente vincular la querella a su investigación sobre los casos de abusos en el Sodalicio. En ese contexto, afirmó también en varias ocasiones que estaba sufriendo una “persecución” y que la querella era “mensaje amedrentador contra quienes se atrevan en el futuro a meterse con el Sodalicio”.

Sin embargo, Eguren, con la misma persistencia, ha aclarado que no es así. La querella se interpuso por las afirmaciones ya mencionadas, que no están vinculadas al libro de investigación que el periodista publicó con su colega Paola Ugaz.

Por otro lado, tanto el Sodalicio como Eguren han puntualizado que la querella es una acción que emprendió el obispo a título personal al considerar que las intervenciones mediáticas de Salinas dañaban su buen nombre y fama. En ese sentido, Eguren también ha señalado más de una vez que antes de iniciar la querella envió cartas notariales a Salinas solicitando su retractación.

La medida legal se inicia solo después de que el periodista se negó a retractarse de las afirmaciones consideradas difamatorias por Eguren. Por el contrario, al recibir la carta notarial, Salinas afirmó en un artículo que se vería la cara con el obispo en los tribunales, y en uno siguiente dice (sic): “¿Quién se ha creído este señor? ¿Por qué es obispo y billetón le vamos a tener miedo? ¿Los arzobispos son incuestionables?” (Cacógrafos que van a Misa, La República, 15 de abril de 2018).

La primera audiencia se programó para el 14 de noviembre, pero tuvo que retrasarse debido a una falta administrativa del abogado de Salinas. Se reprogramó y efectuó recién el 18 de diciembre de 2018, en Piura.

En dicha audiencia, el abogado Percy García Cavero, quien lleva la defensa de Eguren, solicitó a la jueza Judith Cavero una pena proporcional a los agravantes en los que había incurrido Salinas en el caso de difamación. Éstos implicarían una privación de la libertad de tres años y una sanción equivalente a 365 días multa.

No obstante, por pedido explícito de su defendido, García Cavero solicitó en la mencionada audiencia que, en caso de ser encontrado culpable, el periodista Salinas no recibiera una condena efectiva. Sobre la compensación económica, se mencionó que en la querella se especifica que, en caso de culpabilidad, el íntegro de la compensación civil sería destinado por voluntad del querellante a una obra de caridad. Salinas, por su parte, afirmó en reiteradas ocasiones que Eguren quería meterlo a la cárcel y que andaba tras su dinero para dárselo a una obra del Sodalicio.

Con la sentencia llega a su fin un proceso judicial en el que, como hemos visto en algunos de los hechos aquí brevemente relatados, el periodista Salinas incurrió en una serie de afirmaciones que hoy, a la luz de la sentencia pronunciada, se reconocen a todas luces como falsos.

A ellos habría que sumar muchos otros que en su momento fueron señalados por el abogado defensor García Cavero (http://politico.pe/habla-el-abogado-de-monsenor-eguren-iii/). No deja de sorprender el diletante camino que ha seguido Salinas a lo largo de estos meses de querellas. El resultado judicial nos deja, al final del camino, un asunto claro: Pedro Salinas difamó a Monseñor Eguren a pesar de que lo ha negado reiteradas veces y ha hecho lo imposible por desinformar a la opinión pública al respecto.

No cabe, entonces, rasgarse las vestiduras y quejarse de un supuesto atentado contra la libertad de prensa; los periodistas no estamos por encima de la ley. Los reclamos de Salinas y del aparato propagandístico y mediático caviar, en este contexto, recuerdan, en la acertada frase de Carlos Boloña, a las vírgenes de cabaret.