Venganza mediática contra una juez valiente

Uri Ben Schmuel

Mucho antes de que Goebbels dijera “miente, miente, que algo queda”, ya había señalado Willy Münzenberg, brazo derecho de Lenin y jefe del Departamento de Agit-prop del Comintern en Europa Occidental: “hay que desacreditar continuamente a nuestros adversarios etiquetándolos de nazis y fascistas; al cabo de suficientes repeticiones, la etiqueta calará en la mente de la gente”.

En el Perú, los ‘caviares’ y su argolla mediática políticamente correcta aplican, debidamente adaptada a sus intereses, la recomendación de Münzenberg mañana, tarde y noche. El caso más reciente tiene que ver con la juez de Piura, Judith Cueva Calle.

Al día siguiente de que esta valiente magistrada emitiera, pese a toda la presión mediática en contrario, sentencia condenatoria contra el periodista Pedro Salinas por el delito de difamación en agravio de Monseñor José Antonio Eguren, algunos medios como La República y Utero.pe difundieron información, descalificándola. Ello por dizque liberar a dos presuntos “violadores” y a unos supuestos “corruptos” en casos a su cargo (así, entre comillas, porque los procesos siguen abiertos y no soy de los que aplican sentencias mediáticas).  

Tratemos de desmontar este andamiaje a-la- Münzenberg. En el año 2015, la magistrada Cueva fue parte de un juzgado que absolvió por unanimidad a una persona por la presunta comisión del delito de violación sexual en agravio de una menor. La Sala de Apelaciones anuló la decisión colegiada y el proceso aún no concluye.

En el año 2017, la juez Cueva evaluó un pedido de prisión preventiva contra una persona por la presunta violación de una menor de edad y le impuso la comparecencia restringida. La decisión fue revocada en mayoría por dos jueces y con un voto en discordia, por lo que el investigado pasó a llevar el proceso privado de su libertad. La parte agraviada presentó una queja funcional contra la juez Cueva, pero esta fue archivada al establecerse que actuó dentro de sus funciones y conforme a su criterio.

(Por cierto, si se toman el trabajo de hablar con entendidos en la materia, les dirán que en el Poder Judicial no existe magistrado al cual una instancia superior no le haya revocado en algún momento alguna decisión por tener una interpretación jurídica distinta. Esto es propio de la regla de la doble instancia en el proceso judicial).

En ese mismo año, la mencionada juez consideró infundada la solicitud de prisión preventiva solicitada contra cuatro fiscalizadores de la Municipalidad de Piura investigados por la presunta comisión del delito de cohecho pasivo propio. La decisión fue apelada y se ordenó la prisión preventiva de los investigados.

Lo que, sin embargo, no se dice es que, en este mismo caso, la juez dictó 18 meses de prisión preventiva contra otro de los funcionarios investigados por entender que, en su caso, sí se cumplía con los presupuestos de la prisión preventiva. El caso continúa y aún no ha concluido.

En suma, los tres procesos siguen en curso, como se puede verificar por medio del simple y fácil acceso público al sistema judicial de la Corte de Justicia de Piura, cosa que al parecer no hicieron los medios en mención.

Pero a ellos no les importa el rigor, sino enlodar a la juez Cueva Calle justo al día siguiente de que condenara a Salinas. Si adoptar una medida alternativa a la prisión está mal de por sí, entonces,  ¿no deberían los ‘caviares’ criticar a la juez por no haberle impuesto al periodista pena privativa efectiva de libertad, pudiendo haberlo hecho?

Es una pregunta retórica. Por supuesto que no lo harán. Solo buscan el asesinato moral de aquellos que no pasan por las horcas caudinas de la corrección política, como la juez Cueva. La progresía sigue la norma de Münzenberg y la del jefe de éste, Lenin: “Contra los cuerpos la violencia; contra las almas, la mentira”…