Agujero negro en nuestra cercanía

Ilustración de la NASA de un enorme agujero negro. REUTERS/NASA/JPL-Caltech
Ernesto Pinto Bazurco Rittler

Encubiertas por las noticias de un capítulo más del drama del Brexit, y el espectáculo mediático sobre un montaje grafico del llamado agujero negro, las imágenes -reales y actuales- nos ilustran sobre la rudeza de cómo fue extraído de la embajada del Ecuador el señor Julian Assangge a quien, en un acto soberano, Ecuador le había concedido hace siete años asilo diplomático en su embajada en Londres.

Pocos días antes, el titular del curiosamente llamado Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana tildó en Twitter de «rumores infundados» la salida del fundador de Wikileaks de la embajada, afirmando que “el gobierno no hará comentarios sobre los actuales rumores infundados, que además son insultantes”

Sin embargo, se detuvo e inmovilizó al activista. Es claro que para cualquier diplomático profesional resulta además un insulto que, de pronto, se le niegue a un perseguido la protección que se le venía dando desde hace años, y que era respetada por todos los actores. Y más aún que, de mala forma, se le entregue. Cuando -a negativa del estado perseguidor de otorgarle salvoconducto- podría haberse negociado una solución que no ponga en peligro la libertad e integridad física del ciudadano australiano, a quien se le podría condenar a muerte en los Estados Unidos de América bajo los cargos de espionaje.

Especialmente me sorprende esa actitud en razón de que, como diplomático he actuado -y como jurista publicado- a favor del Asilo. Esta es, como lo explico en mi libro “Diplomacia por la Libertad”, una institución latinoamericana que prestigió el Derecho Internacional y a nuestro continente.

Puedo afirmar que el hecho de haber dado protección a más de diez mil cubanos en la embajada del Perú en La Habana, siempre ha sido elogiado. En cambio, aquel que actúe contra el Derecho Internacional, y las obligaciones pactadas en la comunidad de naciones, jamás recibirá reconocimiento. Tal vez solo de quien lo llevó a semejante despropósito.

No hay duda de que Londres, que cada vez más pierde espacio de crédito en Europa, se las ha agarrado con ese país vecino. Con este acto arbitrario, se ha creado un agujero negro, no en la estratósfera, sino en el campo de los avances en materia de Derechos Humanos, en que la Unión Europea y Latinoamérica siempre hicieron esfuerzos comunes para preservar valores comunes e intereses complementarios.

No hay duda que lo sucedido en Londres es cuestionable.  ¿O acaso Ecuador se venía equivocando desde hace   siete años en su postura frente el Derecho Internacional, de manera tal que ahora incluso permite que la policía ingrese a su embajada?  Si bien las Naciones Unidas (por sus relatores de la Comisión de Derechos Humanos) y   varios países se han pronunciado por este caso, cabe preguntar por qué le debe de interesar especialmente a los peruanos. La respuesta es muy simple. Si un vecino viola normas de conducta, no solo incomoda, sino debe generar una alerta. Mañana o pasado se le ocurre a un jerarca de ese país decir (como lo ha hecho en el caso de Assange) que debe de quitarse «una piedra del zapato” y desconocer los acuerdos que también acorde al Derecho Internacional suscribió con el Perú.

Entonces, como lo hacemos desde aquí, debemos de expresar nuestra extrañeza y rechazo frente a cualquier medida unilateral que afecte la buena imagen y seguridad jurídica de la región además de violentar el Derecho Internacional.