“Con i social parola a legioni di imbecilli”

Umberto Eco.
Uri Ben Schmuel

En 2015, un año antes de su deceso, Umberto Eco recibió un doctorado honoris causa en Comunicación y cultura de los medios de la universidad de Turín, en la que había estudiado su licenciatura en filosofía. En su discurso de aceptación, el genial semiólogo y novelista criticó sin pelos en la lengua a las redes sociales porque “han generado una invasión de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad y ahora tienen el mismo derecho a opinar que un premio Nobel”.

La lapidaria frase de Eco me ha rondado más que nunca por la cabeza en los últimos dos días, a causa de comentarios en las redes sociales sobre el  fallecimiento del expresidente Alan García. No sé qué ha sido más enfermizo, si la difusión por whatsapp de fotos que violan el derecho a la intimidad de alguien que ya no puede defenderse o los comentarios de los imbéciles que festejaban lo ocurrido.

Y, claro, si hay imbéciles globales que difunden por internet que la Tierra es plana y las vacunas son dañinas, no podían faltar imbéciles locales según los cuales todo fue un montaje para permitir que el exmandatario escapara a la acción de la justicia. De nuevo, Eco dixit,  “el drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”.

Reviso el párrafo anterior y decido que debo corregirme, rectificar. Con Alan García (a quien entrevisté por primera vez en 1981, cuando él era un joven diputado y yo un joven periodista en la revista Oiga del inolvidable ‘Paco’ Igartua) no buscaban hacer justicia sino circo y escarnio.

No puede haber justicia cuando cualquiera puede ser encarcelado por tres años (y eso solo para empezar) porque se ha sepultado la presunción de inocencia y todos son culpables a menos que puedan demostrar lo contrario. No puede haber justicia cuando los jueces encargados de sopesar los pedidos fiscales copian y pegan los alegatos de estos para sustentar los suyos. El PJ no debería ser una mesa de partes de un Ministerio Público que cada día da más la impresión de ser instrumento de persecución política.

En fin, me he desviado, solo quería hablar de las redes sociales. Los establos de Augías, en comparación, son perfumerías, y lo peor de todo es que no hay a la vista un Hércules que pueda limpiar tamaño estercolero.