Entre el sida y el cáncer

Sendero Luminoso y el Etnocacerismo se asocian
Uri Ben Schmuel

Tomo prestada para el titular de esta columna la boutade que soltó en 2009 el hoy protagonista de crónicas rosas Mario Vargas Llosa, cuando consideró improbable un balotaje entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori en 2011. (Jarabe para la memoria: “No va a ocurrir, me niego a creer que mis compatriotas van a ser tan insensatos de ponernos en la disyuntiva de elegir entre el sida y el cáncer terminal”, manifestó textualmente quien luego se convertiría en garante del Sr. Humala. Moraleja: Nunca digas nunca).

El sida y el cáncer al que me refiero tienen que ver con el etnocacerismo y el neosenderismo, dos movimientos que están cobrando cada vez más fuerza en el Perú profundo, mientras el país superficial se comporta como la orquesta del Titanic y sigue tocando imperturbable melodías optimistas no obstante que nos dirigimos hacia el iceberg.

El Movadef, antiguo brazo político de Sendero Luminoso, se ha reciclado en el Fudepp (Frente de Unidad y Defensa del Pueblo Peruano) y realiza constantemente actividades en las zonas populosas, para captar integrantes en los comedores populares, vasos de leche y otras organizaciones sociales, como denuncia sin encontrar eco el Foro Nacional de Juventudes de Partidos Políticos Waynakuna Perú . Los activistas del Fudepp son terroristas liberados gracias a que se realizaron nuevos juicios y se anularon las sentencias a cadena perpetua durante los gobiernos de Paniagua y Toledo (democracia boba, que le dicen).

En cuanto al etnocacerismo, sugiero releer atentamente lo que señaló en las páginas de opinión de EXPRESO con meridiana claridad don Isaac Humala: “La brigada etnocacerista que desfiló [en 2015] en Cocachacra portando algunas armas de fuego (las cursivas son mías) y al son de su pequeña banda de guerra y aplaudida por la multitud, puede ser o es más importante que la sedición militar-etnocacerista de Locumba (…) y también más importante que la sedición etnocacerista de Andahuaylas. Son la Fuerza Armada del Perú profundo, de raigambre milenaria, incaica y quechuahablante. ¿El Ejército Peruano regular qué hará? ¿Espectar los desfiles o enfrentarse?”

En efecto: ¿Qué haremos ante el sida y el cáncer? ¿Enfrentar el peligro con un inexistente servicio de inteligencia que, tal parece, más se dedica a espiar a periodistas, políticos y empresarios y encima lo hace de manera chapucera? ¿Con una clase política versallesca y, en general, un establishment que cree que la economía de mercado nos ha vacunado contra todo mal? (y que no es economía de mercado sino capitalismo de amigotes, pero eso será materia de otra columna).

El tsunami Odebrecht ha arrasado con la clase política, el centro ha desaparecido, el extremo izquierdo está lleno y activo; la naturaleza y la política aborrecen el vacío y esperemos que aparezca nuestro Trump o nuestro Bolsonaro a tiempo para salvarnos del sida y del cáncer en 2021…