No estoy de acuerdo

Raúl González

Ahora resulta que no estar de acuerdo con el gobierno de Vizcarra y la manera como lleva las riendas del país es algo que toda la gente que lo apoya ha demonizado al extremo. Cualquier cosa mala que sucede en el país es culpa de los que no pensamos igual. Según un escaso razonamiento si no piensas como ellos eres “aprofujimontesinista”, no sé exactamente que implicaría eso, pero parece que es algo así como ser un corrupto asesino y ladrón. El actual gobierno y sus seguidores se venden como los únicos con la autoridad moral para perseguir, juzgar y castigar, etiquetan como “corrupto” a todo el que no piense igual.  Han armado un circo alrededor de la lucha contra la corrupción que más parece una cacería de brujas, ya no es necesario un juicio formal, el juicio popular es lo que cuenta -me hace recordar a los juicios de Salem, un claro ejemplo de fanatismo-, ni qué decir de los fallos en los procesos y la intromisión del Estado en el manejo de la justicia.

Hay pues diferentes maneras de pensar y de actuar y no es posible tratar de descalificar a cualquiera que no esté de acuerdo con la forma cómo se manejan las cosas, como en el Poder Judicial, donde parece que jueces y fiscales bailan al ritmo que marca el IDL, un ente inquisidor dedicado a atacar a los enemigos del gobierno. Está bien que exista una prensa que denuncie e investigue, pero también es importante que sea imparcial, que denuncie la corrupción venga de donde venga, no protegiendo a sus amigos y embarrando a quien no lo es. De este modo, si no piensas como ellos, te tildan de manipulador y deshonesto, cuando en realidad ellos lo son.

Con la reforma judicial de Vizcarra tampoco estoy de acuerdo y al parecer, para los oficialistas, eso me convierte en un vil delincuente, un desalmado corrupto, o en el mejor de los casos en un vendido que protege corruptos. No estoy de acuerdo porque es una reforma mal hecha desde su concepción.

El tema de la educación es otro cantar, el ministerio se ha llenado de gente nada idónea, asesores ideologizados que pretenden inculcar ideas políticas de una manera soslayada no enseñando las cosas como son, como pretender minimizar el accionar de Sendero Luminoso llamándolo “guerra interna” cuando lo que fue tiene un solo nombre y es terrorismo con todas sus letras. Bueno pues, el no pensar como ellos me hace “facho”, desalmado, casi un protector de asesinos.

Puedo no estar de acuerdo con muchas cosas y tal vez coincidir en otras pero eso no significa que puedo ser atacado de manera inmisericorde, acusado y descalificado porque no opino igual, ¿es que acaso son ellos los únicos dueños de la verdad absoluta?. Muy por el contrario, son dueños de una verdad manipulada, una verdad a medias, no dicen todo lo que saben para protegerse y proteger a los suyos. Todo el peso de la ley para sus enemigos, pero para sus amigos se hacen de la vista gorda esperando que sus delitos o faltas queden en el olvido.

Vivimos en un país donde gobierna la “post-verdad”, una deliberada y maliciosa distorsión de la realidad dirigida a modelar la opinión pública para influir en las actitudes sociales. Se apela a las emociones de la gente alejándola de los detalles reales e ignorando los hechos.