El fracaso de la izquierda

José Antonio Olivares

Mientras la Izquierda pretende renovarse haciendo añicos el idioma, destruyendo los valores de la sociedad, mostrándose solidaria y defensora con minorías que antes persiguió, distorsionando los conceptos de justicia, atacando a la iglesia, promoviendo la ideología de género, entre otras perlas, lo real es que pasa por momentos críticos. Ensayaré algunas hipótesis de esta situación:

1.- La principal razón del fracaso de la izquierda radica en su fracaso ideológico. El socialismo real fue derribado en 1989 y, con la caída del Muro de Berlín, buena parte de los cimientos sobre los que se sustentaban los planteamientos políticos de los partidos sindicalistas y socialdemócratas han quedado literalmente reducidos a cenizas. El ataque al capitalismo, las críticas a la economía de libre mercado, la defensa de la empresa pública, el rechazo a la figura del emprendedor, la apelación a la lucha de clases, la defensa de las dictaduras comunistas y el rechazo explícito a principios y valores como el esfuerzo personal, el trabajo bien hecho y su recompensa, el mérito y la autoridad, inspiraban los programas políticos de la izquierda antes de 1989. Su problema es que, en buena medida, estos mismos planteamientos han seguido impregnando los programas políticos de la izquierda desde entonces. En el año 1989, el mundo cambió. El socialismo como ideología fracasó. Sucumbió ante otra ideología ganadora, el liberalismo, pero al parecer, la izquierda política no se ha dado por aludida.

2.- La segunda razón del fracaso político de la izquierda es la decisión de la mayoría de los partidos de este corte ideológico de sustentar sus estrategias electorales en sumar mayorías mediante la «compra» de apoyos políticos de minorías y colectivos heterogéneos, o mostrarse como abanderados de ellos; a los que se promete esto o aquello. Mientras la economía crece y genera ingresos públicos suficientes para transferir rentas a estos colectivos, es posible ganar elecciones y mantener el poder, pero cuando el dinero se esfuma en manos de una crisis, el castillo se derrumba inevitablemente, es decir, el idilio dura mientras dura la plata de otros; porque no es posible seguir «comprando» a esos colectivos y, más allá de eso, el proyecto político carece de contenido real.

3.- La tercera razón es la incoherencia personal en la que buena parte de los políticos –y autodenominados intelectuales– de izquierda viven y siguen viviendo en la actualidad. Critican el capitalismo de libre mercado, pero les encanta vivir en él. Hacen guiños a las dictaduras comunistas, pero jamás se les ocurriría vivir en ninguna. Hacen discursos sindicalistas y populistas, pero viven en los mejores barrios, que es donde quieren que se eduquen sus hijos. Defienden la escuela pública, pero llevan a sus hijos a colegios privados. Critican a los Estados Unidos, pero mandan a sus hijos a estudiar a sus universidades. Critican a la industria cinematográfica estadounidense, pero se mueren por ganar un Oscar de Hollywood.

4.- La cuarta razón del fracaso de la izquierda es la profesionalización de sus cuadros políticos. En muchos partidos de izquierda, sus dirigentes y cuadros han conseguido blindarse de sus sucesivos fracasos, de tal manera que el objetivo de ganar elecciones ha quedado supeditado al de la supervivencia personal. Su objetivo no es ganar; es permanecer en los aparatos de los partidos, aunque sea atrincherados en la derrota permanente.

Lo cierto es que donde ha primado la libertad, el desarrollo social político y económico siempre ha sido mejor y mayor. ¿Servirá esto para que los socialistas reflexionen?