Decálogo para candidatos

Uri Ben Schmuel

“Tú puedes ser noticia”, manual de mercadeo político escrito por Carlos Chaguaceda –exejecutivo de una multinacional– ha sido magníficamente reseñado por el periodista Rubén Amón en El País. Vale reproducir estos diez mandamientos, habida cuenta de que en pocos meses ya estaremos inmersos en la campaña electoral: 

1) La cara es el mensaje. La identificación de un proyecto con un líder, como si se tratara de una prolongación orgánica. Lo más profundo es la piel, recuerda Chaguaceda evocando a Paul Valéry. Y sobrentendiendo la superficialidad del debate político, aunque sea como señuelo de otras profundidades.

2) Lo importante… de lo accesorio. Los debates televisados o los radiofónicos trascienden la semántica. Y permiten a los espectadores o a los oyentes escrutar a los políticos en los gestos, las miradas, el lenguaje no verbal. Más determinante a veces que las palabras y que el discurso.

3) La clave no es la simpatía sino la empatía. No tanto caer bien como despertar en el electorado la comprensión y la sensibilidad hacia sus problemas. Asumiendo en todo caso que los mensajes positivos siempre son más eficaces que los negativos.

4) Ser creíble, no creyente, es decir, conseguir que los votantes reconozcan la sinceridad y la verosimilitud de los proyectos y programas. Por eso no hay nada peor que mecanizarlos en lugar de interiorizarlos. La única materia prima es la verdad. Tergiversarla es imposible en una sociedad tan mediatizada.

5) Tener personalidad, no ser un personaje. Y no es fácil a veces matizar las fronteras. Importa consolidar una marca, un criterio, frente al peligro que implican la caricatura, los tics, las respuestas estereotipadas.

6) Ser original, no ocurrente. Explica Chaguaceda que hay que evitar “la tentación de generar siempre una frase ingeniosa”. El peligro contrario consiste en convertirse en un clon del propio partido, pero varios líderes incurren en la obligación de la audacia.

7) Ser firme, no arrogante. He aquí otra frontera delicada. La arrogancia es uno de los defectos más castigados. La soberbia y el desprecio se paga en las urnas, igual que se castiga en los programas de telerrealidad.

8) Ser coherente, no dogmático. Es un error aferrarse a una receta inmutable de argumentos y peor aún es retorcerlo. Un político debe tener cintura y firmeza. Que no son conceptos antitéticos, sino complementarios.

9) Los datos necesitan un contexto. “Un dato aislado es un fogonazo que se perderá. La acumulación de números o resultados fuera de contexto se convertirá en ruido ininteligible y contraproducente”.

10) La batalla está ahí fuera. Ensimismarse con el rival puede subordinar o descuidar el objetivo de toda campaña que consiste en convencer al votante. Parece una obviedad, pero una obviedad que se pierde de vista…