La resurrección de Sarah Hellen

(o el psicosocial como una de las bellas artes)

Uri Ben Schmuel

Algún día, un historiador desapasionado o un estudiante de periodismo en busca de un buen tema para una tesis, abordarán de manera integral el asunto de los psicosociales en el Perú, su origen y desarrollo. De todos los que recuerdo, me quedo sin dudar con el de Sarah Hellen, la “mujer vampiro”, que llenó portadas de la prensa popular durante semanas a mediados de los años noventa. Docenas de reporteros y cientos de pobladores se congregaron en torno a su tumba en Pisco la noche de su anunciada resurrección. Sin embargo, nada fuera de lo normal ocurrió.

Al día siguiente, no obstante,  un tabloide puso punto final a la saga con este genial recurso: aseguró en primera plana que Sarah Hellen sí había resucitado, que indujo a los espectadores a caer en profundo sueño, escapó del cementerio y huyó en un camión que pasaba por la carretera, tras varias horas de hacer auto-stop, con rumbo desconocido.

En las novelas policiales, decía Raymond Chandler, que de eso sabía mucho, en caso de duda o de trama enrevesada, haz que aparezca un hombre empuñando una pistola. Claro que el autor de El largo adiós y otras obras maestras era una persona ilustrada y sabía que ya los griegos usaban tal artilugio. Pero el viejo Deus ex machina se ha trasladado a la política no para dar un giro a la trama sino en procura de distraer al respetable.

En caso de turbulencia, es menester que nos asombre una virgen que llora o una vampiresa resucitada o cualquiera de sus variantes. Digamos, es un decir, el supuesto maltrato a policías que acuden en plan faltoso a la comisión de Defensa. O 36 meses de prisión preventiva para una exalcaldesa. O declarar como organización criminal al partido nacionalista (con la misma lógica, como bien anota Luis Benavente en el diario Expreso, habría que poner fuera de la ley a PPK, Fuerza Popular y el Apra porque algunas de sus cabezas están supuestamente involucradas en la trama Odebrecht).

En el terreno de la columna de opinión, el consejo de Chandler lo entiendo como que en caso de duda es imperativo formular preguntas. Y entonces me pregunto si todo esto que vemos no es una retorcida manera de gritar “miren para otro lado y olvídense de mí”. Y eso en la más benigna de las hipótesis. Porque la otra, esa según la cual se estaría buscando desprestigiar al Congreso para cerrarlo y a los partidos políticos para liquidarlos, produce escalofríos…muchos más que si viéramos a Sarah Hellen saliendo de su tumba y mostrando los afilados colmillos.