¿Tienen utilidad las interpelaciones parlamentarias?

Ministra de educación en el congreso respondiendo el pliego interpelatorio
Sergio Tapia

La palabra “interpelar” significa –en idioma castellano– preguntar a alguien para que dé explicaciones sobre algo. En este sentido, nadie responsable de la realidad en la cual vive, tendría que indisponerse por ser preguntado sobre algo que conoce. ¿Debe algún ministro de Estado, sentirse agraviado o incomodado cuando es objeto de interpelación? Pues no, porque el artículo 119° de la Constitución, al definir que los ministros son quienes tienen a su cargo “la dirección y la gestión de los servicios públicos”, tienen muchísimo por lo que pueden ser preguntados, para que expliquen acerca del cumplimiento de sus obligaciones.

De otro lado, el concepto que surge de la combinación de las palabras “interpelación parlamentaria”, significa plantear, por parte de los miembros del Congreso una discusión a todo el consejo de ministros o a un determinado ministro de Estado, sobre temas ajenos a los tratados en los proyectos de ley en trámite. Por eso, el artículo 131° del texto constitucional desarrolla, con la holgura que permiten tres extensos párrafos, la práctica parlamentaria de la interpelación. La interpelación, de acuerdo a la clasificación de las funciones parlamentarias, es una de las funciones del control político que le corresponde ejercer al Congreso. Dimensión parlamentaria que es tan importante, como la otra función parlamentaria que es la de elaborar las leyes.

Era necesario decir todo esto, porque de manera desleal, en forma caprichosa, realmente inconstitucional y hasta perversamente, la Ministra de Educación Flor Pablo, haciendo eco a los sectores ideologizados que innegablemente pululan en los centros de toma de decisiones del Poder Ejecutivo, inició imprudentemente sus respuestas calificando negativamente su citación para ser interpelada por el Congreso. Por lo pronto, con este acto fallido que dice mucho de la tolerancia democrática y del espíritu constitucionalista, ya estamos indudablemente avisados de a quién tenemos como Ministra de Educación, en estos nuestros días.

El tema que motivó el emplazamiento parlamentario a la actual Ministra de Educación, fue la introducción de la Ideología de Género en los programas educativos escolares y en los textos que gratuitamente distribuye el Estado, financiados con recursos fiscales.

Es este un tema recurrente desde el verano de 2017, que forma parte del hipocentro de la más amplia y única legítima protesta cívico-ciudadana que viene ocurriendo en nuestros días.

Hay utilidad obtenida por la calidad de las respuestas que la Ministra Flor Pablo ha dado a las preguntas, a pesar de su parquedad y el uso de la táctica evasiva, que la co-gobernante educacional ensayó en cada una de sus respuestas, a las 29 preguntas que le fueron formuladas. Sabemos que cada día el Gobierno y sus aliados (los ONGs gramcianos, intereses financieros internacionales y la prensa ideologizada), hacen declaratorias de guerra cultural, que la ejercen sin pausa y de manera cotidiana. La Revolución Educativa del Género cada día destruye lazos sociales, así como personas individualmente consideradas.

Por eso es útil la interpelación, porque la Nación debe sentirse notificada y emplazada para dar una respuesta integral, contra esa Revolución Cultural que la arremete. Para que así, cada día restaurare los lazos sociales subvertidos y resane a cada persona que ha sido trastocada individualmente por tan malsana Ideología de Género.