Errores democráticos

Raúl González

La democracia es un sistema cuyo principio básico es que “el pueblo siempre tiene la razón”, por eso mismo tiene el encargo de elegir a sus gobernantes. El problema radica en que no siempre tiene la razón. Generalmente el que gana es aquel que tuvo un mejor manejo del marketing político, el que supo llegar a más gente diciéndoles lo que quieren oír. Tomemos como ejemplo al difunto Alan García y su primer mandato, él ganó esas elecciones porque su equipo de campaña tuvo un conocimiento exacto del mercado sociológico, lograron formular una candidatura según la necesidad del votante en ese momento, ganó y fue un desastre, el pueblo se equivocó. O el triunfo de Fujimorí frente a Varga Llosa, la gente votó por Fujimori porque dijo que no haría lo que hizo, y el votante de nuevo se equivocó, y así sucesivamente en los siguientes gobiernos, error tras error.

Vemos entonces en el Perú, luego de años de “errores democráticos”, que la sociedad se ha vuelto desconfiada, se encuentra expectante a la espera de  un “mesias” político, un personaje  honesto capaz de guiar al país por el camino del desarrollo y el éxito, sin embargo esa misma sociedad esta recelosa y le cuesta creer en cualquier personaje nuevo que aparece y  lo etiquetan a priori de “oportunista” y “mentiroso”,  así será difícil que este mesías aparezca y volveremos a caer en los mismo de siempre.

Tenemos un pueblo que le gusta victimizarse, un pueblo con un gusto estatista, esperando que el Estado le resuelva los problemas, pero sin mayor interés en poner el hombro para ayudar en las soluciones, un pueblo que se dice apolítico y vive quejándose de sus políticos y de las pugnas entre ellos y que cada 5 años comete el error nuevamente votando sin pensar, sin tener la menor idea sobre cómo funciona realmente la economía y cuáles son las propuestas reales de quien desea elegir. En resumen, un buen número vota sin pensar. En fin, es la democracia y se dice que cada pueblo tiene el gobernante que se merece.

Esta es la realidad del Perú, la de ahora y la de aquí a 5 ó 10 años, necesitaríamos un político comprometido que se encargue, alejado de oportunismos electorales, de enseñar a ese pueblo receloso y devolverle la confianza, mostrarle  las cosas como son, dónde estamos ahora, qué es lo que se viene y cómo salir adelante, sin mentiras, sin acomodos. ¿Un político comprometido y honesto? Parece imposible pero no lo es, sé que por ahí está.