Besando la luna

Ernesto Pinto Bazurco Rittler

El 19 de julio se celebrará los cincuenta años desde que el hombre llegó a la luna. Qué mejor ocasión para hacer evidente nuestro gran sueño de viajar y conquistar lo aún desconocido. 

Hace poco un millonario estadounidense hizo el anuncio de que su empresa hará posible que en un futuro cercano se construyan casas en la luna, que serán habitadas por quienes puedan darse ese lujo. Esto, que podría ser el sueño de cualquier niño, ha sido difundido a  través de una costosa campaña publicitaria. El señor, apellidado Bezos, con su sonrisa contagiosa y sus miles de millones, atraerá seguramente, a muchos de los que no solo quieren compartir sus sueños, sino parte de su fortuna. 

Muchos años atrás, el inventor del cierre relámpago (conocido en algunos países como “cierre Reis”, por el apellido de su creador), fue convencido por un grupo de personas de que bajo los principios del cierre –eso de acumular escalonadamente  segmentos hacia una unidad-  se podía llegar a la luna. Invirtió todo lo que había ganado con la patente del cierre relámpago. Al final, cuando se constató la imposibilidad del descabellado proyecto, este inventor que se convirtió en entusiasta soñador quedó en la ruina física y mental. 

Hoy escribo desde la República de Malta, ubicada en una isla que está en el mar Mediterráneo entre Europa y África. Acá, en tanto se contempla la luna reflejada en el mar, se viven historias más cercanas a la realidad. La de los que quieren escapar de la pobreza e inseguridad del continente africano y buscan en Europa el trabajo que necesitan para vivir, y poder compartir el respeto a los valores que permiten el progreso.  Muchos han ahogado sus sueños en las profundidades de las aguas del Mediterráneo. Pero la esperanza nunca se pierde. La paradoja es que, mientras algunos, saturados por la riqueza terrenal buscan ampliar horizontes en la luna, otros asfixiados por angustias también terrenales, buscan un mejor lugar en nuestro planeta.

Esa es nuestra historia real. La del señor Reis es inventada. El espejismo de nuestra imaginación. Pero la escribí como una advertencia para no confundir -pese a las posibilidades-  sueños con realidades.  Hoy por hoy es importante recordar a los hombres que han contribuido con el desarrollo tecnológico que nos permite llegar a la luna. Entre ellos al diplomático y científico peruano Pedro Paulet, que será el personaje de mi próxima novela biográfica.