Devolver los dineros robados

Renán Gorriti

¿Qué provecho ha sacado el peruano de tanto trabajar? De 1950 a 2019. Desde mis abuelos y padres, hijos y nietos, vemos que el Perú retrocede en la polea que tiene por camino. Camina por ella y el pobre no avanza. Nos ha tocado ser,- como dice la biblia entre montañas de pecadores-, la carga de prosperar y amontonar tesoros, millones, billones, trillones. ¿Dónde están los dineros robados de las arcas? En los paraísos fiscales o escondrijos de los que lavan el dinero y no lo devuelven, porque regresan por más tomando el poder de aquí a la eternidad. Gracias, políticos y leguleyos vampiros. El Perú está entre Asia y Camacho. Las naciones de la Sierra y de la Selva se vuelcan a Lima a cubrir los cerros húmedos de la gran Lima porque el Estado y sus funcionarios sentados encima de miles de expedientes de escritorio y tramitólogos no van ni fueron a ellos. Los campos están depredados y abandonados. Salvo visitas de médico a los olvidados, que creen progresar al bailar, oír discursear y regalar ponchitos. La necesidad tiene cara de hereje.

¿Dónde los repartos del MEF que nadie controla en idas y venidas a las regiones? Corrupción y maldad. Los oprimidos lloran y sufren Los opresores gozan, fugan y ríen. Hacen violencia y crean envidia unos contra otros. Si el clan Fujimori, García, Ollanta y Nadine, Toledo, Villarán y otros rapaces como los Graña y Montero y asociados mezclados con la marea de Odebrecht , lavadores y beneficiarios, intermediarios y partidos políticos, grupos asociados de casas editoras con sus séquitos, devolvieran el dinero y no salieran de prisión sin antes devolver nuestro esfuerzo robado, el poderoso caballero que es don dinero, compraría hospitales equipados, medicinas y especialistas, colegios equipados con educación , abundancia de cosechas y alimentos como miles de proyectos de obras productivas, empleos para jóvenes que se eduquen en la ciencia y la tecnología. Sea en la mina o el cultivo, en la industria y el comercio.     

Caminamos mal, hacemos las cosas peor, las leyes son impracticables. Espero una ley del Congreso que nos ordene estornudar. Y una orden del Poder Judicial que me castigue por no cumplirla.  Dije que la República nació entre desórdenes e improvisaciones, sin plan estable de punto fijo, ni nada que ponga la perspectiva consensuada, la viga mayor en el porvenir de una década siquiera. Y entre golpes y primaveras pseudo democráticas, el Perú se bambolea como borracho en un péndulo de reloj antiguo. Seguimos siendo un encontronazo, un choque de tribus, que no se pone de acuerdo por las barreras sociales, económicas y legales que nos marca como ganado o como viejos hemipléjicos enredados en los propios pies.

 Perú es una nación sin memoria. Donde abundan las palabras, las promesas y los disparates. Lo sabemos todos. Votamos por lo mismo, el mal menor, que roben pero que hagan obra. Nos alimentamos peor, y si de educación y cultura se trata, esos tesoros nunca nos las darán, porque si así fuera seríamos un Chile donde se invierte –más que en obras y cutras,– en ciencia y tecnología con enseñanza gratuita y obligatoria. Con ello penetran el Perú de a pocos como viene sucediendo. Sin guerras, con cerebro, trabajamos dirigidos por y para ellos.   Los vecinos invierten en su gente, en capital humano, antes que en una carretera breve. Y los colegios que se caen. Tenemos que ser brutos a la fuerza. Eso somos: unos vándalos como Ali Babá, y sus 40 ladrones (léase expresidentes recientes del 1975  a la fecha). O devuelven el dinero o no salen de la reja. A mí no me importa tal o cual demagogo en reja o con grillete. No gano ni pierdo nada con eso.  Me interesa que recuperemos ese dinero para edificar el futuro. Y que no regrese la narco inversión sino los capitales limpios y controlados. Necesitamos una Constitución moderna. Nunca habrá desarrollo sin educación en las escuelas.