La anatomía de la informalidad en el Perú

Aníbal Sánchez

Al transitar por las calles de Lima, o de cualquier ciudad peruana, uno observa a cientos de personas, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, desplegando alguna actividad económica en busca de ingresos. Desde el amanecer hasta el anochecer las actividades son intensas. Uno toma contacto, con lustradores de zapatos, vendedores de periódicos y revistas, señoras que venden desayuno en la esquina, sánguches que acompañan con vaso de avena, o emolientes. Cientos de moto taxis, que van y vienen como flechas por la ciudad, y que llevan y traen a agitados pobladores que van a sus trabajos, o se movilizan con sus niños a la escuela. Todos ellos forman parte de ese enorme mosaico de trabajadores. Se agregan choferes de autos taxi, que se despliegan por la ciudad compitiendo con tarifas.

Avanza la mañana, y se acoplan jardineros, talabarteros, zapateros, pintores, incluso trabajadores en el oficio de la construcción. Todos atienden a sus clientes en diferentes lugares cubriendo necesidades domésticas de los hogares. El vendedor ambulante lleva y trae todo tipo de bienes. Nótese también a los heladeros, e incluso a los jaladores de negocios grandes y de restaurantes y hasta hoteles. Miles de personas involucradas en diversidad de faenas independientes, que buscan el sustento diario. Es la calle, es la cruda realidad de la anatomía del trabajo informal para miles de hombres y mujeres, sin protección, sin seguridad social, sin vacaciones ni gratificaciones, sin descanso.

Se suman también, los dueños y trabajadores de unidades económicas, urbanas y rurales, no registradas en la administración tributaria, cuyo paso al registro, les significa tiempo, trámites engorrosos y dinero.

Lo curioso es que los trabajadores informales transan precios y productos provenientes de grandes empresas formales. Así es. No es difícil encontrar vendedores de frutas, caramelos, helados de grandes marcas, vendedores de linternas, pilas, enseres, cables, audífonos, celulares,  productos informáticos, cámaras de video vigilancia, vendedores de diarios y revistas formales, o prendas de vestir y textiles, producidos por grandes empresas. La informalidad aprovechada por la formalidad, como canal adicional o paralelo de comercialización. 

¿Cuántos son los trabajadores involucrados? Pues, de 16,7 millones de trabajadores ocupados, en el Perú, el 72,5% son trabajadores informales, que son la gran mayoría en este  sector. Se suman otros informales en empresas formales. Esta es la realidad.  Se agregan también miles de venezolanos migrantes, producto de la dramática situación política tras la debacle económica y social en el país llanero.

 La informalidad no es monopolio nuestro. Se observa en otros países, en diferente volumen, pero allí están, en las grandes urbes. Son trabajadores informales que han generado su propio trabajo, con sacrificio, reciclando algo de lo formal. ¿Cómo surgieron? Dejando sus pueblos, tras enormes desplazamientos y migraciones internas, con la ilusión de encontrar algo mejor para vivir y progresar. La búsqueda de trabajo es insufrible. Las empresas grandes y medianas, ya están saturadas y no los puede absorber. Están allí formando una gran oferta de mano de obra. Allí viven y sobreviven, esa es su posibilidad.

La economía informal tiene dos dimensiones distintas y a la vez complementarias: el sector productivo y el empleo. El sector informal lo conforman las unidades productivas que no están registradas en la administración tributaria. Y el empleo informal lo conforman aquellos empleos que no gozan de beneficios estipulados por ley como son la seguridad social, las gratificaciones, las vacaciones pagadas, etc.

Los resultados en las Cuentas Nacionales, y de las Encuestas de Hogares, señalan que el sector informal está conformado por más de 7 millones de unidades productivas, y su producción representa el 18,6% del PBI, con baja productividad, pero aportan casi una quinta parte del PBI, en el país. Tres de cada cuatro trabajadores de la PEA ocupada tienen un empleo informal (72,5%). El 56,0% tienen un empleo informal dentro del sector informal y 16,5% un empleo informal fuera del sector informal. Esa es la realidad.

¿Qué hacer? Procurar ayuda, apoyo, pues sería un desperdicio no generar capacidades, y  posibilitar asociaciones en diferentes clusters, acompañar en la gerencia de la unidad económica, acercarse al crédito, a la formación y capacitación. Y posibilitar la formalidad, acercando la seguridad social, y eliminando barreras de trámites engorrosos  que aún persisten y ahogan el crecimiento y su desarrollo.