¿El presidente tiene límites?

El presidente peruano, Martín Vizcarra, habla durante una entrevista con Reuters a bordo del avión presidencial en un vuelo desde Madre de Dios hacia Lima, Perú, 17 de mayo, 2019. REUTERS/Guadalupe Pardo
Sergio Tapia

Nuestro país está viviendo horas aciagas y esto afecta los derechos de todos los peruanos. No es que haya un conflicto entre el presidente Vizcarra y el parlamento fujimorista. No. Sin embargo, hay raíces que sostienen y sustentan esta suerte de enfrentamiento que tal vez no sean advertidas a simple vista.

Luego del desastre gubernamental de Ollanta Humala, torpe para la conducción política, aunque avispado para el latrocinio, parecía que las izquierdas perderían toda participación en la dirección política de la que estuvieron gozando muchos años. Si algo hay que reconocerle a las izquierdas es que tienen habilidad para mantener su propia agenda, mientras se prestan a co-gobernar con todas las tendencias partidarias, liberales o socialdemócratas.

Las elecciones de 2016 ofrecieron al ciudadano la opción entre dos posturas liberales: PPK y el fujimorismo y el resultado hizo que ambos compartieran el poder: El Congreso con gran mayoría de fujimoristas y el Ejecutivo para PPK (con un insignificante número de congresistas, algunos con tendencia y compromiso marxista).

Las izquierdas se acomodaron en todos los ministerios sociales de PPK. El colmo fue que el Ministro de Educación del régimen izquierdista y corrupto de Humala, continuó en el cargo bajo la presidencia de PPK. La identidad pro marxista se mantuvo en muchos ministerios y el gobierno de PPK no satisfizo ninguna expectativa por la cual fue electo, menos aún, mejoró la economía.

PPK ejerció la presidencia durante escasos 20 meses, de los 50 meses para los que fue electo. Tras su defenestración por el Congreso, asumió en su reemplazo Martín Vizcarra, presidente desde hace 14 meses.

¿Qué fue lo que le impidió a PPK y ahora Vizcarra tener entendimientos con la mayoría parlamentaria? Con razonables puentes de comunicación, el país podría estar ocupado en promover el bien común político (que incluye el bienestar económico y la tranquilidad sin el índice de delincuencia que hoy se sufre). Pero el factor discordante ha sido, y aún es, la presencia izquierdista que ha tomado las riendas del Estado, fue eso lo que propició el anciano presidente Kuczinsky, y que ha sido conservado e incrementado por el sucesor presidencial, Vizcarra. Hoy en día, al parecer debemos acostumbrarnos a que el privilegio de la noticia política y hasta de las decisiones de la persecución judicial, esté en manos de una ONG de izquierda.

Por otro lado, es indudable que los planes marxistas, han sido apuntalados por la crisis de identidad y la pérdida de la disciplina partidaria del fujimorismo. El partido de la mayoría parlamentaria está disgregado, fragmentado y sin liderazgo.

Para consolidarse en el poder, las izquierdas han optado un camino inconstitucional y torpe, tal como está consignado en la carta que el Presidente del Consejo de Ministros ha dirigido al Congreso. La intención es disolver el Congreso fujimorista. La izquierda acaricia el deseo de ver al fujimorismo en el estado más calamitoso de derrota posible, darle sin piedad ni misericordia, para que su derrota sea lo más oprobiosa.

Mientras tanto, el presidente Vizcarra ha invertido los roles constitucionales: Ahora el Ejecutivo es quien interpreta la ley, y le ordena al Congreso que ejecute (?) ¿Señor presidente, dónde quedó el artículo 93, que habla de la prohibición de ejercer mandato imperativo sobre los miembros del Congreso? Porque sí así se comporta el gobierno con los congresistas que gozan de protección constitucional privilegiada, ¿cuál será la suerte que depara a los ciudadanos comunes para conservar su derecho a la identidad sexual y a no ser subvertidos con la imposición del género o su derecho a ejercer la patria potestad para proteger a sus hijos, de esa perversión educativa estatal sexualista?