¿Solo hay malas noticias?

Raúl González

Los medios de comunicación se encargan de dirigir nuestras preferencias de lectura y nos bombardean día a día con el último dato preciso de cuánto dinero recibió tal o cual político, sobre cómo algunos congresistas pretenden blindar a algunos corruptos; todos se atacan unos a otros, por un lado están los que juran ser inocentes, otros los que dicen ser perseguidos siendo inocentes, hay los que se apropian del titulo de honrados y se sienten la reserva moral del país, todos se llaman a sí mismos honestos; parece que la corrupción fuese solo un cuento inventado en un país donde la honradez de los políticos sería la norma.  Corrieron millones, pero no hay culpables, solo perseguidos. ¿Dónde están entonces los que se coludieron para tomar por asalto al país? Todos se tiran barro, todos se acusan y se indignan, pero todos cayeron en el juego.

Estamos en una guerra donde todas las partes tienen las manos sucias y ganará el que logre engañar mejor a la gente y convencerla de que fue el único que no se dejó seducir por el juego de la corrupción. Y mientras los políticos se pelean entre ellos el pueblo impávido cae en el juego de los medios. Hay para todos los gustos, cada quien escoge a quién creer, y casi todos toman partido sin analizar, no hay razones, solo odio por el contrincante. El odio se ha convertido una constante en el debate político, los insultos ideológicos -por no hablar de los de otro tipo- son los que más abundan, manifestaciones que surgen a raíz de algún comentario, publicación en redes sociales o un tuit, el insulto es el arma de aquel que no tiene argumento y se ha vuelto pan de cada día.

Ya estamos – casi todos- cansados de lo mismo todos los días, basta acercarse a un puesto de periódicos y ver los titulares, todo es corrupción, todo es violencia, ¿será que no hay ya noticias buenas que  contar en nuestro país? Sin embargo, a pesar de todo, aun con la corrupción imperante, el caos y el desorden, el hartazgo de la gente, a pesar de cómo somos nosotros los peruanos, todavía creo que el Perú es un lugar magnífico para vivir. Todavía hay cosas que nos estremecen, como cuando juega la bicolor y escuchamos el himno nacional en el estadio, no importa dónde juegue, la tribuna parecerá peruana siempre. Debemos aprovechar sentimientos como el que nos genera el fútbol y extrapolarlo a todas las demás actividades de nuestra vida, tenemos que dejar de quejarnos y entrar a la acción, solo así saldremos adelante.