Derechos Humanos para el enemigo

Sergio Tapia

El binomio amigo-enemigo es una relación presente en diferentes dimensiones de las relaciones humanas. La primera realidad que invoca la palabra “enemigo”, es la guerra. Pero la enemistad también está presente en la política, como lo afirmó uno de los más notables constitucionalistas del siglo XX, Carl Schmitt, quien señaló que Política es saber distinguir, o diferenciar, la relación “amigo – enemigo”. Hay también enemistades sociales en el amplio sentido del término. Como las hay entre vecinos y entre familiares.

En las relaciones jurídicas también se observan distinciones de amigo-enemigo. Como que la ley no fuese común para todos, que no se aplicara por igual a todos. ¿Por qué habría preferencias, en beneficio o maleficio, para unos (los amigos) y para otros (los enemigos)? Tales como la prisión preventiva tan intensamente debatida en las últimas semanas por parecer un adelanto de sanción antes de haberse iniciado el proceso, lo que es repudiado por el principio de la presunción constitucional de la inocencia, que ha de preservarse hasta que la sentencia condenatoria firme sea definitivamente expedida.

Por otro lado, hay categorías jurídicas, como los derechos humanos, cuya característica sustantiva es la universalidad (a todo ser humano, en todo tiempo y en todo lugar), y que también están afectadas en su concepción y aplicación, de una forma implacable e inmisericorde, desajustada, para unos.

Hay una grave e injusta distorsión en la conceptualización y en la aplicación del derecho, de la ley y de los tratados, porque se aplican según las amistades o enemistades ideológicas, cuyo vaivén responde a las alternancias en el poder en las naciones e internacionalmente a los ritmos de infiltración y copamiento de las entidades supraestatales.

Tan manifiesto es todo ello, que han renacido las discusiones en torno a la selectividad discriminatoria contra determinada categoría de personas, por razones ideológicas. Lo que se ha venido en llamar el “Derecho Penal del Enemigo” (el trato especialmente diferente para quien es considerado enemigo). Eso, en el ámbito de los derechos humanos que tiene influencia en el derecho penal nacional, y que es lo reconocido y exigido para “todos”, sin embargo hay un sector de seres humanos que no forman parte de ese “todo”, que carecen de los derechos humanos que a “todos” se les reconoce.

En las Américas, los derechos humanos de la Comisión en Washington y de la Corte en Costa Rica y de las ONGs en cada país, hay un sector ciudadano políticamente incorrecto para las izquierdas revolucionarias, son los militares que en su momento combatieron por y en su país, al terrorismo y/o a las guerrillas. A ellos no les son reconocidos los mismos derechos que a “todos” los demás. Así, los “delitos” contrasubversivos y antiterroristas no prescriben, las condenas no tienen beneficios penitenciarios, no hay eximentes de punibilidad por la edad o el estado de salud, y el contexto de su actuación siempre es de culpabilidad objetiva (un sacrilegio en materia penal), etc.

Es un verdadero trato como “enemigos” de la sociedad, que nuestros militares del Ejército y la Marina no se merecen, pues son los sobrevivientes que defendieron nuestra vida y propiedad durante los 20 años de terror que vivimos entre los 80s y los 90s.

Si los derechos humanos son reconocidos, con justo título a quien es un ser humano, y a todos por igual, ¿por qué nuestros militares son tratados discriminatoriamente? Es porque hay un Derecho Penal para el Enemigo. Y el enemigo de quienes manipulan los derechos humanos, son los militares. Como lo son los no nacidos condenados a muerte por el aborto, como lo son, finalmente,  los padres de familia privados de la patria potestad por recusar la ideología de género.