Una propuesta para alcanzar el equilibrio de poderes

(EXPRESO) Faltan las reformas del sistema de gobierno, que deben añadirse a las del sistema electoral. Hay necesidad de una propuesta para propiciar el debate en los medios y en el Congreso. Necesitamos salir de la trampa de la democracia de baja gobernabilidad.

Después de la tormenta, viene la calma. Ahora que la tensión entre Ejecutivo y Legislativo disminuye tras la aprobación de cuestión de confianza, ambos poderes deben enfocarse en los proyectos de la reforma política. No solo las relativas al sistema electoral, sin embargo, que son las que están sobre la mesa, sino las del sistema de gobierno, vitales para mejorar  nuestra democracia de baja gobernabilidad y poder luchar eficazmente contra la corrupción.

LAS REFORMAS DEL SISTEMA DE GOBIERNO

Además del paquete de reformas del sistema electoral –que es público y será objeto de debate parlamentario- es indispensable que el Congreso retome las reformas relativas al sistema de gobierno, que han quedado abandonadas.

EXPRESO ha creído necesario hacer suya una propuesta para iniciar un debate en los medios y en el Congreso  sobre estas reformas que han quedado en la sombra.  

Se trata de las propuestas de reforma constitucional del sistema de gobierno para escapar de la trampa de la democracia de baja gobernabilidad.

Destacan entre ellas la relativa a restablecer el equilibrio de poderes mediante el retorno a la bicameralidad, la referida a la indispensable derogación del artículo constitucional sobre la causal de “incapacidad moral permanente” para declarar la vacancia de la Presidencia de la República, y la necesidad de elevar a dos tercios o cuando menos a tres quintos los votos del Congreso necesarios tanto para insistir en las leyes observadas por el poder Ejecutivo como para la censura de los ministros de Estado. El equilibrio de poderes necesita ser recuperado.

La causal de “incapacidad moral permanente” para declarar la vacancia de la Presidencia de la República no está definida en ninguna parte de la legislación peruana. Consiste, por lo tanto, en lo que el Congreso resuelva subjetivamente. La Constitución establece que el Congreso “declara” la muerte del presidente o su incapacidad física. Es una cuestión de hecho. Lo mismo en cuanto a la “incapacidad moral permanente”. El Congreso la declara. Es una condición que se constata y no una que se debate. Esta confusión es lo que da lugar a que prevalezca el juicio subjetivo en esta materia que es política por esencia. Esta reforma fue considerada e incluida por la Comisión especial, que la propuso..

Recuperar el equilibrio de poderes requiere también el retorno a la bicameralidad. Este tema fue considerado en la propuesta del gobierno en el referéndum. Posteriormente, el propio Ejecutivo pidió al pueblo votar en contra de la iniciativa a causa de que el Congreso había reintroducido disimuladamente la reelección al Senado de los congresistas actuales. Habiendo ya desaparecido esta premisa, no hay razón por la cual el gobierno no pueda hacer suya nuevamente la iniciativa del parlamento bicameral. O, en su defecto, que el Congreso la proponga nuevamente y el gobierno explique sus motivaciones anteriores y las razones de su cambio de posición. Es algo que no resulta difícil de enetender.  

El beneficio de la bicameralidad estriba en encapsular el debate político en el Congreso, que es sonde pertenece y sacarlo en gran medida de la relación entre el Congreso y el Ejecutivo, donde genera a cada rato un conflicto de poderes y donde el arbitraje del Tribunal Constitucional es estos casos es demásiado lento.

En el aspecto operativo, la existencia de dos cámaras permite poner un freno racional a la actual sobreproducción legislativa del Congreso al obligar a una segunda revisión de las leyes por el Senado. No porque este sea necesariamente más ilustrado –como más de uno supone erradamente- sino porque en los hechos la segunda votación reglamentaria de las leyes ha sido dejada de lado desde hace años por el Congreso unicameral que exonera sistemáticamente de segunda votación a casi todos los proyectos de ley. Es demasiado fácil aprobar una ley en esas condiciones, y no debe serlo. La situación actual es un atentado contra la seguridad jurídica.  

Conexo a esto, dos tercios de los votos del Congreso para insistir en un proyecto de ley observado por el Ejecutivo es lo que exigen todas las democracias americanas, sin excepción, sesde Estados Unidos y México hasta la Argentina y Chile. Dos tercios de cada cámara además, allí donde hay bicameralidad, que es la enorme mayoría de los casos. En nuestro caso, puede ser una mayoría de tres quintos del número legal de miembros. Pero en ningún caso solo la mitad más uno (actualmente 65 en un Congreso de 130) que le permite al Congreso insistir fácilmente y prevalecer siempre sobre el poder Ejecutivo. Lo mismo sucede respecto de la censura de ministros de Estado. De allí la desafortunada expresión, de uso común en el parlamento, en el sentido de que “el Congreso es el primer poder del Estado”.  No debe serlo. Lo que debe haber es equilibrio de poderes, que los norteamericanos llaman checks and balances, y que entre nosotros está aún por fundarse.

En la otra mano, de manera equitativa, es indispensable regular con toda precisión el uso de la llamada cuestión de confianza por el poder Ejecutivo, de manera que no pueda abusarse de ella al punto de someter al Congreso a la decisión política del Ejecutivo.

Es indispensable el equilibrio de poderes que aun debemos alcanzar. La separación de poderes es una condición necesaria pero no suficiente para la democracia.

Son estas las reformas pendientes del sistema de gobierno que permitirán mejorar la gobernabilidad de nuestra democracia, el más grave de los problemas de nuestro sistema político. Son las reformas que faltan y que EXPRESO desea hacer suyas.