El Déficit de Vivienda (II parte)

Giovani Rocio

La poesía de Mario Benedetti, tiene algo de verdad y mucho de mentira cuando dice: “ En la ciudad. Esta es mi casa detenida en el tiempo.

Llega el otoño y me defiende, la primavera y me condena”. 

En Lima nada se detiene y simplemente, llega el verano y me sancocho y llega el invierno y me congelo. 

Para un millón de limeños, que viven en situaciones infrahumanas, los meses de julio y agosto, son literalmente, como vivir adentro del mar. El problema no es cuánto bajan los grados centígrados (Entre 12-15) si no que de por medio la sensación de humedad bordea siempre el 95% como si respiráramos agua. Y es curioso que ese millón de personas, que vive entre cartones y maderas, lo último que tienen es agua potable. 

En 1940 éramos el 4%, en 1970 éramos el 25% y en 1981 éramos el 40% del total de limeños que somos ahora, 11 millones. 

Todos víctimas del crecimiento desordenado y sin ninguna prospección, de una ciudad que fue condenada a crecer bajo un ralo e intermitente río como es el Rimac, versus por ejemplo el río Cañete, que tiene 3 veces más flujo de agua y durante todo el año. Por eso hace bien el Ministerio de Agricultura en encargar la administración del agua del río Cañete, pero sobre todo hace bien el sector construcción en buscar e implementar nuevas zonas de vivienda, esta vez bajo un concepto de ciudad pensada y un plan adecuado de desarrollo. 

El Perú, como señalé en mi anterior artículo, tiene un alto déficit de vivienda cualitativo y cuantitativo, pero esto no es producto en lo absoluto del azar, es producto de la falta absoluta de planificación urbana en todo el país. 

Sé que el esfuerzo del Ministerio de Vivienda es grande y también de la inversión privada, pero es momento de comenzar a ver macro-soluciones. Empezando por la generación de Planes Urbanos. 

Y empezar por ese número de vecinos que hoy viven en condiciones infrahumanas como sacados del libro “La sociedad en descenso”.