Preservando el status quo

Ramiro Prialé

La aprobación de la Reforma Política avanza pero a paso de tortuga y con algunas variaciones que trastocan completamente el sentido de la propuesta original.

La Comisión de Constitución aprobó la propuesta del Ejecutivo para que todo ciudadano que tenga una “sentencia condenatoria emitida en primera instancia por delito doloso”, esté impedido a postular a un cargo de elección popular. Un primer punto esencial y saludable. Ya no tendremos candidatos prontuariados al Congreso ni a la Presidencia.

También han aprobado, pero con variantes que la esterilizan, la propuesta de reforma política referida a la elección de partidos políticos.

Coinciden con el Ejecutivo en que será con militancia efectiva y no con adhesiones mediante firmas que, en el pasado solo alimentaron corrupción y manejos turbios.

Los partidos políticos tendrán que acreditar un padrón de 23,000 militantes inscritos para poder participar en las elecciones primarias administradas por la ONPE y en las que deberán además, pasar la valla electoral de 1.5% del padrón electoral. Es decir, aproximadamente 350,000 electores deberán votar por un partido determinado.

Esto sin duda añade a la militancia, la fortaleza de un partido que ha obtenido un número significativo de votos reales avalados por elecciones transparentes administradas por la ONPE.

Este nuevo proceso rescata las ideas, las propuestas y los planes de gobierno que necesariamente tendrán que exponer y difundir los partidos políticos para atraer los votos de respaldo. Una era de tapers, pisco y butifarra quedará atrás.  Hasta aquí todo bien, coincide con lo planteado por el Ejecutivo.

Sin embargo, la Comisión de Constitución añadió un tópico que no estaba incluido en la Reforma política y que altera su naturaleza.

Plantea la Comisión, como uno de los requisitos para la formación de partidos políticos, que estos cuenten con comités “en funcionamiento permanente” en no menos de 4/5 de los departamentos del país y en no menos de 1/3 de las provincias. Algo que viene de la Ley de partidos actual y que no cumplen la vasta mayoría de partidos de papel y vientres de alquiler que tienen la inscripción vigente.

En la era de las redes sociales, este Congreso parece que no ha registrado las movilizaciones multitudinarias convocadas por los colectivos civiles en todo el país gracias a las redes en Internet. Se trata del impacto concreto de las redes sociales al servicio de la democracia participativa.

Algunas marchas se convocaron en apenas unas horas, incluso la noche misma de año nuevo, cuando Chávarry creyó que nadie saldría de sus casas a defender a los fiscales anticorrupción.

No había “comités de base” geográficos.

Este enfoque de la Comisión responde a una visión de una forma de hacer política de membretes y comités vacíos, tráfico de poder y ausencia de ideas. Creen que con “comités” tienen una “organización” y un puesto para un delegado colocado a dedo que, luego en una “Asamblea o Congreso” partidario, elegirá por aclamación a la eterna dirigencia de siempre.

Se trata de un enfoque burocrático y una barrera de entrada para nuevas organizaciones, que no estaba incluido en el proyecto de ley original presentado por el Ejecutivo y que además, demandará gastos al Estado para supervisar que se implemente. La Comisión rescata una norma vigente  que actualmente no se cumple.

Pero la más grave variación en el pre dictamen de la Comisión de Constitución es la que otorga a las organizaciones políticas la posibilidad de elegir entre tres opciones. La primera es la que propone el Ejecutivo; la segunda, que solo participen los afiliados; y la tercera, que participen solo los delegados elegidos por los órganos partidarios de acuerdo a sus estatutos.

Esta variación en el pre dictamen esteriliza un eje medular de la Reforma política.

En otras palabras, permite la posibilidad de volver al mangoneo y la dedocracia de los partidos tradicionales. La naturaleza de la reforma política es justamente la de acabar con esa forma de hacer y participar en política.

El Ejecutivo también ha propuesto la paridad de 50% de mujeres en las listas de postulación política lo que ha sido alterado por la Comisión, cambiando el espíritu de la propuesta.

La eliminación del voto preferencial como parte de la reforma política, está pendiente de debate, pero por su relación con la paridad y la alternancia ya discutida, se cree que será rechazada.

Aún falta el debate y la aprobación en el pleno y hasta el momento la Comisión de Constitución ha aprobado dos de los seis proyectos del Ejecutivo.

Lo cierto es que en concreto, viene planteando añadidos y propuestas que desvirtúan el espíritu de las leyes propuestas y que son justamente, materia de la cuestión de confianza formulada por el Gabinete Ministerial el pasado 5 de junio por la reforma política.

Las variantes que viene introduciendo en relación a los partidos políticos preservan el statu quo. Volver a más de lo mismo.

Los partidos han dejado de ser respuesta y se han convertido en problema. Sin ideas no hay futuro. Se requieren nuevos planteamientos, planes y propuestas frente a los grandes cambios en la era del conocimiento, la ciencia y la tecnología, la educación, el medio ambiente, los grandes temas nacionales.

Y eso requiere de organizaciones nuevas, flexibles, que prevalezcan por la fuerza de sus ideas. No por cumplir requisitos inmobiliarios. Partidos que atraigan y fidelicen con ideas nuevas a un electorado que ya duda de la utilidad de la democracia y desconfía de los partidos políticos tradicionales. Para qué contar con comités útiles solo a la hora del reparto de tapers, harina y arroz.

Si queremos que los partidos políticos recuperen parte de la función de orientar, formar y canalizar la opinión pública y puedan poner las redes al servicio de la democracia representativa, la Comisión de Constitución debe sopesar su rol actual en la aprobación de la Reforma política a la luz de la cuestión de confianza planteada por el Ejecutivo, versus la posibilidad legítima de cerrar este Congreso que francamente, se ha ganado a pulso, la vergüenza de todos los peruanos.