¿Será 2019 un año perdido para la economía?

Juan Carlos Mandujano

El año 2019 vino con muchas expectativas: nuevos proyectos mineros, se pensaba que la reconstrucción del norte no demoraría más, el mercado de fusiones y adquisiciones estaba movido, se esperaban mejores niveles de inversión y un repunte del consumo. En resumen: crecimiento de 4% sin problemas, a pesar de la inestabilidad política y los destapes de corrupción. Las ya conocidas cuerdas separadas entre nuestra economía y política en su máxima expresión.

Hoy, tras una tormenta política, más casos de corrupción expuestos e investigaciones en marcha, la economía crecería 3%, cifra insuficiente para las necesidades de nuestro país. ¿Será que el ruido político sí afecta al desempeño económico?

No estoy tan seguro de la causalidad. Definitivamente existe impacto, lo vemos en los proyectos estancados o cancelados ante la participación de empresas privadas investigadas. Sin embargo, no es condición suficiente para explicar nuestro paupérrimo desempeño. Contamos con un número envidiable de proyectos de minería, energía e infraestructura -tanto física como social-, y a la vez un gran déficit de esta. El Perú es sujeto a financiamiento con muy buenas condiciones dado su excelente desempeño macroeconómico. El apetito por invertir existe. El problema radica en una falta de visión de qué país buscamos en términos económicos e institucionales. Está claro que el discurso político oficialista actual es luchar contra la corrupción e impedir la impunidad. Esta lucha es muy positiva y debe continuar. No obstante, no es suficiente. Si ya vamos a sacrificar crecimiento ante la paralización, que al menos se aproveche para definir lineamientos de país que nos permitan avizorar un futuro próspero para todos.

En términos de inversiones, hechos como la incertidumbre frente al proyecto minero Tía María, del que estaríamos ad-portas, no ayudan. Este proyecto demandaría una inversión de US$ 1,400 millones y generaría 4,800 puestos de trabajo. Se encuentra con todos los acuerdos requeridos listos y a la espera de una licencia de construcción que debe entregar el Ejecutivo antes del vencimiento del Estudio de Impacto Ambiental en agosto de este año. ¿Cuál es la matriz productiva que esperamos tener a futuro en el país? ¿Por qué no ser explícitos respecto a la visión se tiene con sectores tradicionales como la minería? Si existe un déficit en infraestructura, ¿cuál es su dimensión y –lo más importante- cómo definimos los criterios de priorización para reducirlo y cuáles serían los plazos?

Por otro lado, ante la corrupción, se hace evidente que vivimos una crisis institucional. Y se requerirá el esfuerzo de muchos para lograr revertirla. Este camino no solo depende del Ejecutivo, sino también del Legislativo y el Judicial. Los tres poderes deben hacer un mea culpa y plantear reformas válidas. En el caso del Congreso, aquella mayoría que vendió un discurso de reforma por el progreso del país, no ha dado señales de avance, generando decepción y niveles de rechazo incontenibles en la población. El camino aquí es más difícil. Requiere liderazgo y un planteamiento claro de lo que se busca.

Las señales que damos a los agentes económicos no son las mejores y me preocupa que el interés por invertir en Perú desaparezca en un futuro cercano ante la incertidumbre de las elecciones presidenciales en 2021. Ya vemos que aparecen candidatos con discursos populistas que pregonan la estatización de empresas, una reforma laboral para hacer más rígida la legislación y el control de precios. ¿Queremos llegar a esto? ¿Nos vamos a arriesgar a permitir este tipo de discursos?

La prensa y los líderes de opinión desempeñan un rol clave y, ante ello, quienes publicitan en medios, también. Promovamos la discusión en nuestros hogares, trabajos y círculos cercanos. Exijamos una visión de país. Los riesgos de un fantasma del pasado estatista y controlador pueden no ser infundados.

Artículo publicado en América Economía, Edición Perú – Junio 2019