De Belaunde, abusos sexuales y Orwell

Uri Ben Schmuel

Parafraseando la línea más conocida de “Rebelión en la granja”, pareciera que todas las denuncias son iguales pero hay algunas que son más iguales que otras. Y esto viene a cuento de que está listo para su revisión y aprobación final el informe resultante del trabajo realizado por la “Comisión investigadora de abusos sexuales contra menores en instituciones públicas o privadas” que preside el congresista Alberto de Belaunde. El objetivo que el título de la comisión persigue es, de por sí, laudable. Todo peruano, en su sano juicio, quiere un país libre de la lacra de los abusos sexuales, cuánto más de aquellos en los que la víctima es un menor de edad.

Sin embargo, analizando el proceder del congresista, hay algunas observaciones que no solo es relevante hacer, sino que consideramos que merecen la atención de De Belaunde y una respuesta de su parte. Por claridad, las plantearemos en modo de pregunta. La primera es de orden formal: ¿Cuál es la razón, señor congresista, por la cual en la creación de la comisión se violó el Reglamento del Congreso? ¿No estaba usted al tanto de que dicho documento establece que quien propone la creación de una comisión no debe estar involucrado en su actividad? ¿Fue un error por desconocimiento? Si conocía la disposición, ¿por qué la transgredió?

La segunda atañe a la naturaleza de la comisión. El ciudadano que lee el título “Comisión investigadora de abusos sexuales contra menores en instituciones públicas o privadas” espera que el trabajo de investigación sea, efectivamente, lo más exhaustivo posible en relación con las instituciones públicas o privadas. El plan de trabajo de la Comisión señala que la grave situación de los abusos sexuales ha tenido tres casos emblemáticos y dada la limitación de tiempo —que luego se extendió— y de recursos, y la vastedad de denuncias de abuso sexual, se centraría únicamente en esos tres casos relevantes.

¿Bajo qué criterio se ha considerado que esos tres casos son los más “emblemáticos”? ¿Existe acaso algún tipo de medida objetiva que determine por qué una víctima es más o menos digna de ser considerada para una investigación de esta naturaleza? El congresista De Belaunde no debe ignorar que el año 2018 culminó con 1048 denuncias de violencia sexual contra estudiantes perpetradas en los colegios públicos y privados de todo el Perú, según el portal del MINEDU (www.siseve.pe). De los casos registrados 712 tuvieron como agresores a integrantes del personal educativo. ¿Ninguno de estos merece la atención de la comisión del Congreso?

Por otro lado, el portal utero.pe reporta 10 casos de abusos sexuales en la iglesia católica peruana que están pendientes de atención y que no se incluyeron en la investigación de la Comisión. (http://utero.pe/2018/01/18/modopapa-10-denuncias-de-abusos-sexuales-en-la-iglesia-catolica-peruana-que-no-veras-en-otro-lugar/). ¿Por qué, por ejemplo, esos casos no fueron atendidos y otros sí? ¿Por el número de víctimas? ¿Por la cobertura mediática?

Finalmente, la tercera observación se refiere directamente a usted, señor congresista. Antes de iniciar los trabajos de investigación, usted adelantó en varias ocasiones su opinión respecto de una de las instituciones que luego investigaría la comisión. Entre febrero de 2017 y febrero de 2019 se pronunció en medios de comunicación, al menos ocho veces, ventilando su opinión sobre los abusos en dicha institución, que luego sería considerada emblemática y sujeto de investigación por parte de la comisión.

No se pretende negar la existencia de los abusos ni la necesaria condena a los que sean encontrados culpables. Justamente en vistas a hacer frente al problema, que afecta a muchas instituciones a escala nacional, ¿no debería la comisión haber tenido una mirada más amplia desde su origen? Diera la impresión de que se tenía en la mira a un grupo específico y todo lo demás se armó en torno a eso para justificarlo. Se ha señalado en muchas ocasiones su amistad con los que expusieron algunos de los casos investigados. ¿Qué peso tuvo esa relación en su decisión?  ¿No es eso conflicto de intereses?

La suma de estos tres puntos —violar el reglamento del Congreso, escoger casos “emblemáticos” dejando de lado otros igual de relevantes y adelantar opinión sistemáticamente sobre uno de los casos emblemáticos en particular— parecen llevar a una sola conclusión. Sin embargo, debe ser el mismo congresista De Belaunde quien dé una explicación. Aunque se le ha pedido reiteradamente y nunca se ha querido pronunciar. Parece que el silencio otorga…