Los poderes del Estado, la calle y la torre de Babel

Renán Gorriti

Escribo desde Tacna, la ciudad heroica, altar de la patria, cuna de la peruanidad que este 28 de agosto celebra su 88 aniversario de reincorporación a la patria reafirmando su identidad nacional, respaldada por su doliente historia que sufrió 50 años de cautiverio, de ocupación chilena por la infausta guerra de 1879. La ciudad de antiguos comercios en recuas de mulas, luce impecable, industrializada, ordenada y sin problemas. Sin caos ni alborotos, discurre serena, alegre, sin que signifique estar aislada del problema nacional. Hay respeto, orden, limpieza y seguridad en sus calles. Claro, ellos saben lo que es sufrir, y maduraron en el sufrimiento. A pesar de no tener agua, ni agro, y si minas, ha creado una agricultura próspera tecnificada de excelentes productos, aceitunas, vinos, y variados alimentos ganaderos que marchan acorde con el comercio y la minería; no chocan a pesar de que hace 50 años hasta hace poco la Southern hizo mucho daño con los relaves de cobre, una minería filibustera, cuyas aguas servidas daban al mar matando peces y algas.  Por décadas, día a día, daban al mar contaminando, y por esa mala fama, ahora sufre resistencias y consecuencias el país, el Estado, en las demás minas del Perú, pese a que esa minería salvaje –que no se dice- ha pasado a ser más humana, moderna, responsable y equitativa; ya sus humos no afectan los cultivos ni las aguas. Nadie les ha informado, por ausencia de un Estado dialogante. Tampoco que Sendero Luminoso agita a los agricultores para desestabilizar al gobierno con Abimael y Vladimiro Montesinos desde sus celdas en las carreteras. Esa mina es culpable de la desconfianza al respecto de las del resto del Perú. No lo olviden.

No puedo ignorar en detalle el recorrido que hice hasta allá desde el bus, viendo por el camino extensos arenales, desiertos y tablazos, reclamando agua, mucha mano de obra que requiere de irrigaciones, de agricultura, ganadería  y alimentos para cubrir con creces el consumo del mercado interno y las exportaciones de materias primas, ojalá elaboradas, como era antes, con la pequeña agroindustria hoy desaparecida por las importaciones que, desde 1990, por una mafia planificada con las altas esferas y la creación del narcoestado que está en boga, desplazó nuestra agricultura en el mercado, y obligó a los poblanos a irse del campo abandonando  la pala para buscar alimento, educación gratis que no existió jamás aquí, para progresar tecnológicamente, y asimismo, en vez de crear riqueza, vender polos y trapos  de otros países en nuestras ciudades como ambulantes informales, no como productores, empezando de cero y que hoy son emprendedores, sufriendo con persecuciones en los impuestos y los serenazgos  requisando, a los migrantes provincianos  sobre poblando las ciudades no solo Lima, en vez de generar trabajo en su lugar, en su región  sin tener que migrar, porque las autoridades se roban los dineros o los demoran para que no se gasten y se devuelvan sin asesoramiento ni ayuda. La tramitología paraliza el movimiento de los expedientes por la mafia, por la coima, tanto en los ministerios y sus viejos e inamovibles dueños de sus puestos o stands, como en el Poder Judicial, intocable. La plata, la gestión, la autoridad, nunca llegan a sus terruños y están olvidados sin tener a quien recurrir, porque cada gato se agarra con su uña para subsistir. Qué desperdicio. Tanta riqueza, tanta necesidad de jóvenes titulados para el empleo, y aumentan los desempleos y el delito porque no hay alimento en casa, sino mucha abundancia de palabras, explicaciones, discusiones, asesinatos, por las ociosidades de los olvidados que delinquen. En tanto, los que traficaron armas, terrenos, droga, sicariato, lavan activos desde el poder judicial bajo la autonomía y la independencia de poderes, que en vez de concertar se autodestruyen disputándose poder de quién manda en el Perú. Todos los poderes son vinculantes, se merecen respeto, la constitución debe actualizarse, los procedimientos y reglamentos deben rehacerse porque el Perú se desangra, inútilmente por la ceguera intelectual y ausencia moral de quienes deben gobernar con responsabilidad. Y cuando la gente honesta se queda en su casa sin saber de nada, los pícaros ocupan las sillas de gobierno, recintos de leyes, y magistrados, y las armas sucumben ante la ley de la calle. Todos los poderes del Estado deben elegirse por voto popular, y seleccionarse por méritos y no por la dedocracia ni los narco estadistas.