Trascendental tema ambiental, no vale hacerse el sueco

IOleadas de humo durante un incendio en la selva amazónica cerca de Humaitá, Brasil. 17 de agosto de 2019. REUTERS/Ueslei Marcelino.
Ernesto Pinto Bazurco Rittler

“Hacerse el sueco” es una expresión común para referirse a quien, con inteligente indiferencia, afronta las cosas en forma distinta que otros, evadiendo  cualquier responsabilidad. Es el caso de la joven sueca Greta que se afirma tiene 16 años y es escolar.  Ella ha ganado notoriedad  al dejar de asistir  a clases los días viernes, aduciendo que protestaba contra los que atentaban contra el clima.

Con un extraordinario -millonario- aparato de publicidad, la joven Greta, ha aparecido en varios foros leyendo un discurso que nadie sabe quién se lo escribe. Anuncia que  hablará incluso ante las Naciones Unidas.  Sus promotores no desperdician oportunidad para que aparezca en los medios.

La actitud de Greta –y de quienes quieren presentarla como un icono- es cínica. Por ello ha recibido muchas críticas en los medios sociales. Reclama que otros dejen de consumir energía, -afectando puestos de trabajo- para que una nueva generación, la suya, que no trabaja, goce de mejor clima. Actitud tolerable para un país rico que ya goza de una antigua industrialización. Pero mal ejemplo para el resto del mundo. Resulta también cuestionable que se estén usando menores de edad a los que se les llama “activistas” para estos fines.  

Escribo desde Berlín, la capital alemana que fue dividida entre dos sistemas. La mayoría no recuerda que el movimiento ecologista verde nació hace más de treinta años, en Alemania Occidental, en circunstancias en que el sistema comunista ya no podía competir con el capitalismo. La única forma era frenar el crecimiento en su rival, con el argumento del temor a la contaminación. Así nació, como partido político, los llamados Verdes, que están hoy apostando por ser la fuerza partidaria más importante en Alemania.

¿Qué tiene que ver esto con el Perú?   Mucho. Estamos en un conflicto minero detrás de otro.  La producción se está afectando seriamente con argumentos   supuestamente ambientalistas.  Tenemos una Ministra de Ambiente –asesorada por países europeos ricos e industrializados- que pregona ahora, coincidentemente, la conservación de bosques. ¿Acaso algún ministro sueco le hubiera hecho caso a un escolar peruano si este le decía que no debían hacer fósforos de sus bosques? ¿O permitirían que Greta, la joven sueca, proteste frente a la trasnacional Ikea?

Hoy resulta urgente crear una cultura ambiental que sincronice con nuestra realidad e intereses propios. Y para eso debemos convocar a nuestros mejores expertos.

En momentos que nuestra economía   atraviesa por   malos momentos –gran parte por la coyuntura internacional– debemos deshacernos de cualquier influencia negativa para nuestro desarrollo. Es hora que los profesionales peruanos –juristas con mayor experiencia- hagan prevalecer los legítimos intereses del Perú en el tema ambiental. Para esto es urgente saber conciliar la normatividad internacional, adaptándola de forma más conveniente para el país, tanto en nuestra legislación, como en las acciones políticas.  Y estas deben preservar, ante todo, el desarrollo y bienestar del ser humano.   Es un error pensar y argumentar que el Hombre debe estar en función del Planeta; más bien la naturaleza –más afectada por guerras entre países industrializados que por patrones de conducta de civiles- debe estar para servir y alimentar a los seres humanos.

Ahora que se ha desatado una campaña mundial contra los incendios forestales en la Amazonia, (que serían  menos graves que los de Siberia)  debemos mantenernos cautos para no caer en la trampa de activistas y oscuros intereses.  Pero debemos también estar muy atentos para el caso que estos incendios verdaderamente contaminen el Perú. Y entonces aplicar los dispositivos jurídicos internacionales que nos protegen en estos casos ¿Cuáles son? Pues que les pregunten a los pocos juristas especializados que tiene el Perú.