Llora cebolla, llora

Renán Gorriti

Unos extensos e infinitos mantos azules de gélidas aguas marinas definen el litoral de las playas sureñas ceñidas a las extensas llanuras que, desde Tacna hacia Camaná , van desfilando por el recorrido de la nueva carretera que bordea las edénicas playas, esta vez, sin necesidad de subir -como era paso obligado años atrás-, a las alturas arequipeñas del Misti y su indómita ciudad llena de insurgencias, citadinos y agricultores, de Cccalas y Lonccos, cuyas diferencias hoy desaparecen cuando el cemento va entrando a la alfalfa y aparecen muchas, demasiadas casas y construcciones que globalizan todo el sistema de vida. La velocidad del tiempo y el dominio del espacio se mezclan, sin sentirse. La modernidad silente de las luces entre mortecinas y chillonas, informáticas, y muchas de neón, alegran las noches enloquecidas celebrando sus aniversarios. Arequipa. Tacna. ¡Cómo han pasado los años y los mugidos de las vacas en sus campiñas ceden paso al bullicio de las alarmas callejeras!! Puras invasiones.

Los valles, aunque verdeados, nunca dejaron de ser trabajados por los campesinos hasta ahora, aunque sufrimos la aguda crisis económica y una total demencia política. Los cultivos florecen. Se muestran entre largos trazos para sorprendernos con valles apacibles, dejando atrás la desnuda fulguración de sus desiertos. La pampa de La Clemesi, es el lugar perfecto entre Tacna y Camaná para sentir todo el frío de la altura, tipo puna, al menos, de noche, las nieblas, cierran paso a la claridad de la mañana, la hora parda de la tarde y la noche blanquecina envuelta en nieblas que tapan la carretera. Son las camanchacas que disminuyen, desaceleran la velocidad de los vientos y transportes en las cautelosas carretas como si fueran tan lentas e interminables de pesadas como la economía del país cuya perfidia mostrada en sus índices ha caído a extremos alarmantes.

Ahora, estamos entrando a Camaná, el rincón de perlas y esmeralda del sur, espléndida tierra verdeada por cultivos de frejol y arroz, esta vez, añadida con el cultivo de cebollas que hace 10 años atrás, el kilo costaba 0.30 centavos y hoy ha pasado a costar 0.35 ctvs. ¡Oh, progreso, te saludo con honores ¡Una miseria profunda de precio que decreta la ruina, de los agricultores! Como la cebolla es perecible y puede malograrse, el precio que les ofrecen es una miseria y en cuestión de días para podrirse en la chacra misma. De manera que son los camiones quienes ponen precios y siguen a merced de los comerciantes inescrupulosos, que terminan recogiendo al remate el trabajo. Y se vende en Lima a tres soles el kilo. Cuando en el caso de la leche ocurre una sobreproducción, ciertas malas voluntades, prefieren echarla al rio en grandes cantidades para que por la escasez aumente de precio y la población pague la democracia injusta del mal llamado mercado libre, porque eso de llama, dumping, monopolio sucio, encubierto, y eso es control de precios a la mala, urdido desde las empresas privadas porque no hay ENCI, empresa estatal, que regulaba precio y producto soltando o reponiendo leche, para alimentar a la población, a los niños en especial. Claro, la culpa se la echan al Estado, porque es ineficiente, dicen. Y eso es comunismo. Jajaja. Y ellos, como Odebrecht son las santas purísimas. Ah, vieja excusa creyendo que los brutos del Perú que somos todos, según creen los nuevos viejos, nos asustan con sus miedos. Parece que no están enterados de la revolución del conocimiento que nos libera de su época feudal. Vaya ignorantada. Los molinos de arroz están parados Hay criollada o viveza para mantener un sistema colonial. Un Estado ausente, diestro en el baile y el disfraz, al que no debe darse educación disparándose a los pies en un mundo competitivo que necesita cambios.

Rotundamente la economía ha caído, se ha desacelerado. Lo saben los agricultores que abandonan los campos para ir a las minas ilegales de las alturas de Camaná y de Islay para buscarse la vida. La minería es la cueva del socorro, La oferta comercial de las ciudades se ha disparado, hay servicios por todas partes, de todo, modas, spas, diversas industrias, restaurantes, farmacias, talleres, construcciones, miles de autos, y una carga poblacional como parque automotor saturado. Es una multitud de ofertas de todo y para todos, lo que no hay es dinero, ha disminuido el consumo. No podemos darnos el gusto de despilfarro y la explotación y la mala distribución del ingreso. Lima y su borrachera social, su demencia senil entre el miedo y el olvido, es un país aparte que, si no concuerda con la actitud provinciana, va a colapsar el Perú y las gaznápiras del devaneo y la ilusión quemará el futuro de las generaciones cinco años adelante, sino entramos a definir la Constitución, redefinir sus leyes, quemar sus rotosos reglamentos y elegir en ánforas todos los poderes del Estado y no a dedo, ese índice que privilegia la tramitología que mata a los peruanos.