Democracia 2.0

La resultante de un Estado debería ser la cooperación pacífica y el orden social. No el conflicto, la provocación, la agresión, la opresión y el empobrecimiento. El Estado peruano produce malestar y nos está colocando como colectivo en un proceso de des-civilización.

La selección de gobernantes y de la clase política mediante elecciones “internas” conducidas a dedo por una partidocracia de caciques de la política que perduran por décadas, hace que sea esencialmente imposible que una persona inofensiva o decente llegue a la cima. Los presidentes y congresistas llegan a su posición como resultado de su eficiencia como demagogos moralmente desinhibidos.

El caso Lava Jato logró evidenciar las fisuras, la enorme corrupción que este método de selección partidaria encubría. La democracia había garantizado que solo los hombres y mujeres peligrosos, asciendan a la cima del gobierno y de los poderes del Estado.

El Referéndum votado por abrumadora mayoría, fue la respuesta correcta a este defecto acumulado. La perversión del sistema debía ser corregida y las reformas política y judicial son parte de la solución.

El Perú está inmerso en un momento de cambio que también es global. El cuestionamiento masivo a la clase política y su persistencia sin cambios en el escenario local, no es un hecho exclusivo nuestro. La revolución tecnológica, el internet y las redes sociales le han dado voz a la ciudadanía.

Y ha surgido una voz potente y clara, que no pasa por los medios tradicionales de prensa, marcada como sospechosa de estar alineada a los intereses del poder político y económico.

Vivimos el final de una democracia 1.0 pre-internet. Las noticias falsas, el fraude, la corrupción y el escándalo se han convertido en un lugar común en esta fase final de la democracia tal y como la conocemos.

La democracia tiene que ver con la comunidad, mientras que la política tiene que ver con el poder. Esta distinción sustantiva quedó sepultada por las mentiras de una clase política corrupta. Lo que estamos presenciando ahora es lo que sucede cuando la política y el poder corrompen la democracia haciendo que no satisfaga las necesidades compartidas de la comunidad en general.

Esto no significa la desaparición de la democracia sino su evolución a una nueva forma de democracia inclusiva, participativa y horizontal. Una democracia 2.0

Planteamos en un artículo previo que la nueva tecnología disponible de Blockchain ya hace posible votar en línea de manera segura, confiable y auditable. Bajo la democracia 2.0 se podrá votar sobre políticas individuales y no solo por candidatos o partidos políticos. Legislación que emanará de los propios ciudadanos, aprobada por consenso social y no solo elaborada por congresistas con intereses particulares, que no recuerdan quienes fueron sus profesores y compañeros de clase y que abiertamente han mentido sobre su hoja de vida.

Blockchain permite asegurar que la votación sea 100% segura con urnas transparentes y no hackeables y además, accesibles para todos los ciudadanos. Al 2017 el 84% de la población tenía acceso a celular.

¿Qué pasaría si hubiera una manera de inspirar a los ciudadanos a participar en la dirección de su comunidad, de su propio país, sin quedar atrapados en la política divisiva? ¿Qué pasaría si hubiera una manera de elegir representantes honestos que solo promulgaran la voluntad de las personas expresada a través de una plataforma de consenso social?

En el Perú todos los años el friaje en Puno mata familias y animales, uno de cada cinco peruanos cocina con leña, carbón o bosta; uno de cada diez se abastece de agua con camión cisterna o agua de río, uno de cada quince carece de servicios higiénicos básicos.

Décadas de gasto en el Congreso de la República y en gobiernos que no legislan para lo que urge si no para lo que conviene. Ahora tenemos las herramientas, la voluntad de cambio y una propuesta de reforma política impostergable. Es tiempo de cambiar de paradigma.

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