Pico y Placa para la Sunedu

Federico Prieto Celi

Muchos se opusieron a la creación, en la Ley Universitaria, nº 30220, de la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (SUNEDU), el 5 de enero de 2015, cuya constitucionalidad fue ratificada por el Tribunal Constitucional el 26 de enero de 2016. Perdura, porque en todos los países el ministerio de Educación o algún organismo específico del Estado se encarga de velar por el buen funcionamiento y financiamiento de las universidades públicas y privadas.

El desempeño de la SUNEDU ha sido visto con lupa. Críticas no han faltado de arbitrariedad, de tendencias ideológicas, de subordinación a intereses subalternos, de intervencionismo excesivo, de exquisitez en detalles que no tienen importancia, entre otras objeciones. En el pleito entre el parlamento y el gobierno, le ha tocado ahora el turno a la SUNEDU, a causa de una propuesta congresal de investigar su comportamiento.

Inmediatamente se ha dicho que ocho miembros de la Comisión de Educación del Congreso, donde se vio esta propuesta de intervención, han estudiado en universidades que todavía no han sido reconocidas por la SUNEDU, por lo que se presume conflicto de intereses a la hora de tomar decisiones. Cuatro de los ocho presuntamente comprometidos votaron a favor y los otros cuatro se abstuvieron. La Comisión ha aprobado el anteproyecto, que deberá verse en el pleno del Congreso.

Es cierto que los ocho parlamentarios mencionados podrían desear que se reconozcan las casas de estudio donde se diplomaron o consiguieron un bachillerato, licenciatura, maestría o doctorado; pero es sólo un supuesto. Por ejemplo, la Escuela de Misiones ASIEL. El parlamentario no tiene por qué tener estudios universitarios ni superiores no universitarios. Simplemente el interés estaría en proteger la hoja de vida de cada uno. Veremos lo que pase en el debate del pleno.

No ha llegado la hora de hacer un análisis global del funcionamiento de SUNEDU, que todavía no termina su primera tarea, la de ver una a una las universidades en general y las facultades en concreto, para reconocerlas o disolverlas. Al final de esta misión se verá si valió o no la pena crear la SUNEDU y, a la luz de este análisis, advertir cuáles son las tareas subsiguientes. Por lo pronto, en el reconocimiento de diplomados y títulos académicos y profesionales, con los registros consiguientes, tiene ya una tarea permanente, que sin duda deberá ir afinando al son de las quejas o dificultades encontradas por los interesados, pero que cumple un oficio necesario como notario del sector.