Peligros que se advierten del golpe de Estado

Sergio Tapia

El Estado es la expresión de cómo se organiza la autoridad de la sociedad política. Mediante la monarquía, por el gobierno de uno, los pueblos obtienen la unidad nacional. Por la aristocracia, mediante el gobierno de los más capaces, se asegura la competencia en el ejercicio del mando político. Y, con la república o democracia, mediante la libre selección de los gobernantes y el goce de las libertades políticas, se asegura un régimen de libertad.

Estas formas de gobierno han aportado a nuestro pueblo la herencia política, compleja y fructífera. Nuestra unidad nacional a partir de la diversidad de los pueblos en nuestro territorio, se forja desde antaño bajo la monarquía imperial del Inca gobernante del Tahuantinsuyo. Y, se asegura la unidad de la Nación con la monarquía imperial española: La hispanidad es integradora y generadora de la peruanidad. Como afirmaba el recordado historiador José Antonio del Busto: el mestizaje nos hizo peruanos, nos hizo un sólo pueblo, nos forjó la unidad nacional. Ambas monarquías generaron, en la población criolla y mestiza, las élites intelectuales que nutrieron el cuadro de profesores de las diversas universidades existentes durante el Virreinato, la clase política pues habían aquí más de cien títulos de nobleza propios de nuestra comunidad y territorio, los cuadros de la administración pública, etc. Así, tanto la monarquía Inca que ejerció su soberanía en tan vasto territorio, como el Emperador de España que supo extender y conservar sus dominios imperiales en una extensión en la que “nunca había puesta de sol”, porque comprendía territorios en Europa, América y Oceanía.

Hace dos siglos, nuestro pueblo dio el paso para la fundación del Estado Republicano, la democracia como forma de gobierno. La obra fundacional republicana aún está pendiente de auditarla integralmente, y gozando de la perspectiva que da la visión histórica, para un balance político, social, cultural y moral.

En las dos centurias transitadas, nuestra República ha sustituido la estructuración del Estado, en promedio cada diez años, sea mediante revoluciones que instauraron gobiernos unipersonales, dictatoriales y autárquicos, o mediante la adopción de nuevas fórmulas constitucionales republicanas con distribución de poderes en un ejecutivo y en el Congreso.

De avatares políticos y constitucionales, está llena nuestra historia republicana. El primer golpe militar se da durante el proceso emancipador, cuando el general español La Serna (cabeza de la tendencia liberal en la alta oficialidad de los ejércitos realistas en el Perú), depuso al Virrey de la Pezuela: Fue el golpe de Aznapuquio (localidad, hoy, en Los Olivos).

En nuestros días, también, se intenta forzar el cambio de la institucionalidad constitucional. El corifeo es el presidente Vizcarra; el propósito es ejecutar “un golpe de estado caviar” para compensar los espacios políticos perdidos por el “Socialismo del Siglo XXI”. La animosidad es contra dos partidos políticos de signo anticomunista: el fujimorismo y el aprismo. La manipulación totalitaria en obra ha obtenido avances estratégicos: agravia y difama jueces y fiscales, en contraste fortalece a otros magistrados, sean afines ideológicos o serviles genuflexos. Se descabezó al organismos constitucional que designa y remueve jueces y fiscales, desde hace meses no hay nombramientos, ni poder disciplinario sobre los jueces y fiscales. La provisionalidad de los magistrados, que tanto se criticó al Gobierno de Alberto Fujimori con los canticos de sirena derechohumanistas, hoy día campea por doquier.

Para terminar con otro de los órganos estatales republicanos, capitales, es que el Congreso ha sido seleccionado por la gran artillería psico-política, en la que el país están envuelto. El Congreso debe de aprobar una reforma constitucional, adelantando las elecciones generales (para presidente y Congreso), bajo amenaza cierta, públicamente expresada e innegable de ser cerrado.

La responsabilidad presidencial es de innegable violación de diversas normas constitucionales: respeto de la independencia de los poderes públicos, ejercer mandato imperativo sobre el ánimo de los congresistas, forzar el voto hacia lo querido políticamente por el Presidente con el agravante de amenazar a los congresistas de disolver el Congreso.

La segunda quincena del presente mes, puede ser un “Setiembre Negro” para la República Peruana, por las luctuosas consecuencias que puede haber contra la soberanía del Parlamento, la distribución de poderes republicano y las libertades políticas ciudadanas. Luego, vendrá Octubre, que es el mes de los temblores, terremotos y golpes de estado.