La democracia boba de los engañamuchachos

Renán Gorriti

Los grandes objetivos de una reforma o una revolución buscan superar el subdesarrollo y conquistar, en ése orden, la independencia del Perú. No hay, ni hubo nada de eso. Velasco no logró proseguir una revolución. Prácticamente, no la hubo. Morales Bermúdez la desmontó en su retorno a la democracia boba, o léase viva, mañosa, engañosa, que navega con su bandera de tonta. Como para quienes la viven. Sendero luminoso con su terrorismo mató al pobre y no a la pobreza y fue la vacuna contra la verdadera revolución o reforma. Terroristas más narcotraficantes, resultaron ser son unos “engañamuchachos”. Los peruanos viven de espaldas a su Estado. No les importa la Constitución, ni sus letras muertas ni las fechorías de los políticos autoservicio, mandándose entre gritos a cual más autónomos, poderosos, influyentes, e independientes en el mando, desordenando todo los poderes legalizados y establecidos, y que, en vez de servir al pueblo, se sirven de él, quitándole el dinero de su salud pública y de su educación gratuita. Porque siempre todo eso nos ha costado y nada es gratuito, a pesar de que, contrariamente, lo declaman en sus poesías electorales. Sus impuestos son malgastados, devueltos y/o robados. El Perú no es un mendigo sentado en un banco de oro, sino uno sentado en un banco de datos, que nos dice que en la tabla de posiciones y porcentajes, Nueva Zelandia, Noriega y Canadá han tenido éxito en su desarrollo económico. Y nosotros, creemos estar tomando café y es cebada tostada. Claro, actores en la ostentación de aparentar al ser que no somos. Una reverenda huachafería. Un hazmerreir.

La fuerza económica del pueblo –cuya causa defendemos– nos lleva a pensar que los países ricos, son tales si tienen recursos naturales con abundantes minerales, bienes energéticos, agua, gas, carbón, petróleo, tierras de cultivo, pastos, bosques. Esos son los que han tenido éxito en el desarrollo económico. En materia de recursos estamos por debajo de la media mundial. Pero el factor gestión con honestidad y no con robo como acá, es la regla del éxito. Aquí vemos que los mandatarios peruanos y sus funcionarios no han hecho aquello y ahora están en la cárcel y deberán estarlo,(corrupción) HASTA QUE NO DEVUELVAN el dinero ( o no salen de la reja) que es el esfuerzo de más de 50 años de nuestro trabajo de todos los peruanos y podamos tener mejor sistemas de salud, de educación ( capital humano) y de trabajo. Llama poderosamente la atención que los medios de expresión no se hayan pronunciado al respecto, ni que algún medio político o vocero de ellos, haya hecho mención al problema del tremendo hueco que nos ha causado el robo del siglo 20 y 21. Una vecina dice : A la gente no le importa un pito que haga lo que haga el Estado porque no da nada ni devuelve nada.

Australia, Venezuela, Trinidad Tobago,, Estados Unidos, Irlanda, y Finlandia, están arriba. Perú está por la debajo de la mitad de la tabla, por debajo de Chile, Ecuador, Uruguay y Bolivia, señores de la depredación fiscal y exterminio ambiental o natural, que no consumimos o transformamos para exportar y elevar nuestro PBI o producto bruto interno). Singapur, de una infección generalizada en su organismo, es hoy una flecha lanzada al porvenir. Leyes firmes, duras, pena de muerte a corruptos, sátiros, violadores, férrea disciplina fiscal, máxima producción y productividad, exporta inteligencia y no rateros. Todo esto a cambio de orden. Limpieza, seguridad, honradez.

Necesitamos ser un país con personalidad y organización económica-social que si la tuvo en el incario y fue destruida después por la conquista española, destemplando su unidad monárquica. Un peruano es producto del encontronazo de muchas tribus internas y culturas externas que entonces eran y son propias de una dominación, de una dependencia. El mestizaje es contradicción, un híbrido que no sabe a dónde va, tras el norte que perdió. El imperio nunca incaizó al Perú. No llegó a lograrlo. Y el destino del Perú, sigue dividido mientras otros países se multiplican. El Perú nunca termina su discurso, es una constante de interrupciones e incoherencias. No tiene dirección, no tiene gestión, no tiene norte, no tiene un principio irrenunciable de punto fijo donde multipartidariamente,– si los partidos lograr existir con oxígeno—se pongan metas de corto, mediano y largo plazo..

La clase política manejada por una élite auténtica y genuina nos conllevó como cultura andina, a ser una de las 6 inteligencias básicas de la humanidad, cultivando ese nacionalismo profundo,– que no tiene dueño ni nombre–, dando impulso a las grandes realizaciones colectivas, y que hoy, por primera vez, alienta en la conciencia y en el corazón de todos los peruanos para sacar al Perú de su marasmo y de su atraso. Se debe ejecutar para modificar radicalmente el ordenamiento tradicional de nuestra sociedad. Esa élite, sus aliados de adentro y sus amos de fuera son, pues, y serán siempre, nuestros adversarios implacables. Tengamos conciencia de que hemos sido los únicos que en este país se han afectado sus intereses. Por eso, no perdona ni jamás perdonará a quienes se han atrevido a desafiar su poder, su dinero, su fuerza. Ella permaneció y permanecerá al acecho, aguardando el momento propicio para lanzar una y otra y otra más, la ofensiva frontal contra el desarrollo que se basa en capturar el poder para un capitalismo salvaje y negar a dar la educación permanente y gratuita, evitando que se forme gente inteligente y no democracias participantes. Querrán democracias bobas como la que tenemos con nuestros representantes opas, viejas hemipléjicas que se enredan en sus propios pies, ebrias de poder y7 de gazmoñas.

No creemos, pues, que el adversario del progreso ha sido ya vencido definitivamente. Ha sufrido algunas serias derrotas, pero la guerra no ha concluido aún. Terminará cuando la población pueda sentirse absolutamente segura de que esa oligarquía, que con sus cómplices lo hundió en la pobreza y en el engaño, ya no puede intentar su retorno al control del país. Toda la partidocracia está podrida y pasarán una década por lo menos para aflorar como un país revocado. Nosotros no podemos cometer el grande y trágico error de creer que se ha sorteado ya todos los peligros. En realidad, ella recién está comenzando a confrontarlos. Vemos que su glotonería por saquearnos los lleva a exabruptos inimaginables en un país avanzado. No nos durmamos sobre los laureles. Mantengámonos vigilantes, alertas, decididos. Nuestro compromiso no es con un ordenamiento político tradicional, formalista, básicamente inoperante y obsoleto. Esto incluye a las derechas e izquierdas recalcitrantes de los viejos métodos y sujetos que como candidatos eternos se presentan a elecciones a presión y a capricho como nuevos pivotes y no son más que el menú que siempre candidatea, figuretea y entrevista la prensa, sin buscar lo nuevo. No ven más allá de sus narices ni los problemas que afrontamos como el de la pobreza y desocupación. Miremos la congestión automotriz, profesionales subempleados que trabajan independientemente a causa de que no hay proyectos de inversión para producir. La falta de empleo induce a la delincuencia y el despojo. Las migraciones del campo, que puebla los cerros y desiertos para pedir agua, luz, teléfono, y vender chucherías, dejando el cultivo y el medioambiente porque son botados por los narcos, por los terrucos, por la falta de asistencia a su salud, educación y trabajo. Por la ausencia del Estado, por el centralismo limeño, por practicar, y muy mal, la regionalización que en vez de ayudar al gobierno central, forma sindicatos que forman muros en vez de puentes y aquí la falta de gestión, de concertación, nos lleva al auto exterminio, al abandono, a la carencia. El crecimiento económico de más del 73% que experimentó el Perú durante la década 2002-2012 no llegó a todos los peruanos y peruanas. Ahora, mucho menos, es decir, las mejoras logradas no alcanzaron a gran parte del sector de la población que vivía en pobreza y vulnerabilidad. En el Perú, como en el resto de la región, en la vejez se incrementa la probabilidad de pobreza debido a los gastos generados por la edad y a las consecuencias de la trayectoria laboral de las personas vinculadas al trabajo agrícola de subsistencia. Se trata de una población que no hace aportes al sistema de pensiones, pero que trabajó apoyando al Estado.