Los derechos humanos, el robo del milenio

Sergio Tapia

Dos revoluciones, que aún influencian desde hace cuatro siglos, se han constituido como los más cínicos constructos ideológicos político-sociales que, no sólo han deformado para el mal la noción antropológica y metafísica del ser humano, sino que han sido causa directa de la más alta tasa de criminalidad lesiva jamás vista en la Historia, contra seres humanos concretos y reales, violentados en sus más elementales derechos, desde la vida para poder nacer y para conservar la vida para poder realizarse en la existencia.

En el siglo XVIII, el Liberalismo ideológico desdibujó la noción acerca del ser humano y como consecuencia negó libertades al hombre, en sustitución endiosó la quimera de la “Libertad” (abstracta, irreal y en singular).

El liberalismo individualista aisló al ser humano de su dimensión social, y construyó una entelequia irrisoria: “un individuo” sin origen en la familia y sin realización en la sociedad política, y con la mentira de Juan Jacobo Rousseau ufanado en proclamar que “el hombre nace bueno, y la sociedad lo corrompe”.

El liberalismo se extendió imponiéndose con violencia, con guerras internacionales y revoluciones internas, contra el verdadero interés y soberanía de los pueblos. El modelo eficaz de su gobierno se llamó “El Régimen del Terror” y su modelo de estadista fue el sanguinario Robespierre.

El Liberalismo creó las peores condiciones económicas, coincidiendo con las modificaciones de la Economía, que pasó de ser de dos factores (naturaleza transformada por el trabajo humano artesanal), a tres factores (con la invención de la máquina, el bien de capital). La inmoralidad social que propuso el Liberalismo ideológico, causó relaciones injustas entre los propietarios del capital y los que sólo aportaban su trabajo. También, desordenó las relaciones con el “factor naturaleza” suscitando las crisis ecológicas.

Como reacción irracional y pendular, surgen los Socialismos que al intentar remediar los desórdenes revolucionarios del Liberalismo, resultó ser una medicina peor que la enfermedad. Por su carencia de racionalidad, los Socialismos presumen que sus propuestas son científicas, y han contaminado ideológicamente la producción intelectual y las metodologías de las ciencias sociales. Los Socialismos provocan una revolución cultural con predominancia de la idea sobre el concepto, y la presunción prejuiciosa de la fórmula ideológica como superior y supresora de la observación de la realidad concreta, innegable y verificable. Los Socialismos se instalan en su nube ideológica, y desde allí los pueblos han sufrido en el siglo XIX los socialismos utópicos y anárquicos, y en el siglo XX el nazismo (socialismo nacional) y el comunismo (socialismo internacional).

Carlos Marx, el inspirador del comunismo, es el gran negador de los derechos humanos. Su socio financiero, Federico Engels es el gran negador del origen de la familia humana y de la propiedad privada personal que tiene como función social garantizar las libertades. Las experiencias de gobiernos nazis y comunistas, que se sucedieron durante doce años en Alemania y setenta años en Rusia, y cincuenta años en los dominios imperiales que mantuvo en media Europa, en gran parte de Asia, en una porción de África y cíclicamente en algunos de nuestros países iberoamericanos.

El gran robo del milenio se perpetra cuando el Socialismo patenta como suyos los derechos humanos. Es lamentable la infección ideológica de los derechos humanos, en los últimos 40 años. Cuya extrema situación en las organizaciones internacionales de las Naciones Unidas y en los Estados Americanos, ha sido el copamiento por cuadros inamovibles de los más crueles enemigos ideologizados de la humanidad.

Por su parte, nuestros gobernantes (responsables de la política internacional) han servido de facilitadores para colocar y ratificar a esos cuadros ideologizados de socialismo marxista, que constituyen un “jet set” de la burocracia internacional, dedicados a experimentar en sus laboratorios ideológicos contra los auténticos derechos humanos que corresponden innegablemente a la persona para que nazca viva (y los socialistas en nombre de los derechos humanos fomentan el aborto); para que sea recibido en el seno de su familia, para que goce creciendo en el amor de su padre y su madre; derecho natural que los ideólogos niegan al disfrazar como derechos humanos facilitar causales y procedimientos de divorcio para disolver la unidad familiar, así como con las técnicas de reproducción artificial, desnaturalizar la facultad procreadora de la persona.

Nuestro reto, intelectual y político, para restaurar el orden social al servicio de los verdaderos derechos humanos, es desideologizarlos del Liberalismo deformador y de los Socialismos corruptores.