Salir de pobres

Ramiro F. Prialé

Tres de cada 10 peruanos que vivían bajo la línea de pobreza hace 14 años, hoy ya no lo están. En algo más de una década el Perú logró reducir en más del 50% el índice de pobreza. De cinco de cada 10 peruanos que eran pobres el 2005, hoy solo son dos.

La tasa de pobreza monetaria cayó de 60% (2004) hasta 23% (2014), casi 40 puntos en 10 años. Hoy la pobreza rural es la mitad que hace 10 años, mientras que la pobreza urbana es apenas un tercio.

Entre 2004 y 2014 la pobreza rural se redujo desde 83% hasta 46% y la urbana desde 48% hasta 15%. Diversos estudios apuntan a que esto se debe a un aumento en el ingreso promedio de las personas derivado del crecimiento de la economía.

Cuatro de cada 10 en la población adulta peruana no tiene secundaria completa y solo 2 tienen educación superior. Nuestra fuerza laboral tiene carencias de capital humano capacitado. Y la ausencia de estas capacidades son más visibles en el sector público que en el privado.

Estas carencias de nivel formativo en la fuerza laboral generan en parte, problemas de productividad, de inserción laboral y coadyuva a una estructura todavía fuertemente informal. 

Afirmamos en reciente artículo que el Estado peruano no tenía capacidad ejecutoria y que no importaba duplicar incluso el presupuesto de todos los gobiernos regionales. No cuentan con las capacidades para ejecutar ni lo que reciben hoy. Por ello, planteamos el modelo de desarrollo del Estado proxy.

Salir de la pobreza para 7 millones de peruanos en la última década ha sido la posibilidad de acceder a estudios, mejorar la vivienda, el vestido. Para la enorme masa migrante de las ciudades, poder movilizarse, poder visitar la tierra de sus padres, invertir en pequeños negocios.

Una vez que un peruano sale de la línea de pobreza, ninguno quiere volver. Ese es hoy un vasto núcleo conservador. Saben que tenemos corrupción rampante con un brazo en el Congreso y organizaciones criminales con fachada de partido político. Quieren justicia, apoyan la lucha anticorrupción. Pero no quiere discursos violentistas ni desestabilizadores.

No quieren el discurso de una izquierda extremista que plantea cambiar de modelo. Y no lo quiere por que tienen miedo de perder lo que consiguieron hace 10 o 15 años. Salir de pobres.

Cabe decir que el modelo económico que funcionó para sacar de pobres a millones lo hizo en el marco de un libre mercado relativo. En el Perú no hay libertad de mercado. En realidad, hay que liberarlo. Se trata de un mercado cautivo para grupos monopólicos y oligopólicos que actúan al amparo de la total desregulación y ausencia de leyes antimonopólicas como existen, por ejemplo, en los Estados Unidos desde hace más de 100 años.

Liberar realmente el mercado debería permitir, por ejemplo, la abierta competencia extranjera en el sistema financiero, la venta de seguros por empresas ‘no registradas’ o la colocación de fondos para la jubilación en transnacionales extranjeras que pueden garantizar mayor rentabilidad, solo para referir tres ejemplos simples. Pero cuando se habla realmente de liberar los mercados se les acaban los principios a los neoliberales de nuestro país.

Ni qué decir si se sugiere liberar la importación de medicinas. Permitir traer medicamentos de uso personal por Amazon, haría caer los precios de medicamentos del monopolio farmacéutico como mínimo al 50% de los precios actuales. Un multivitamínico en una farmacia de Alemania, precio minorista, cuesta el equivalente a dos soles. En Perú se vende a más de 10 veces ese valor.

Pese al libertinaje de mercado que vivimos, el Perú ha logrado con ese modelo económico imperfecto, que millones salgan de la línea de pobreza. Un modelo que debe ser revisado para incorporar mejoras sustantivas y alineadas con la verdad del libre mercado.

Cuando se liberen realmente los mercados en el Perú, el beneficio será enorme. Solo piensen en los 4 millones de micro y pequeños empresarios teniendo acceso a tasas de crédito como en Holanda o Alemania de 4% anual. Leyó bien: 4% anual. No 28, ni 40 o 127% anual. Cuatro por ciento anual. Con esa tasa un contingente de empresarios informales dejará de serlo, tributarán y el Perú será imparable.