A más libros, mejores ideas

Ernesto Pinto Bazurco Rittler

Como lo escribió Alonso Cueto, nuestra cultura nos ha dado lo que nuestra política nos ha ido negando:confianza en nosotros mismos y en nuestro lugar en la historia.

Esta idea sobre el valioso  aporte cultural  la confirma   el embajador Manuel Rodríguez Cuadros, con su reciente publicación que lleva el título” El Perú en el sistema internacional de Protección del Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad». La excelente obra  del ex Canciller y Representante del Perú ante la UNESCO, analiza las normas y mecanismos de protección del derecho internacional que se aplican a la salvaguardia del patrimonio cultural del Perú inscrito en la lista del Patrimonio Mundial, así como su estado de conservación y los peligros que lo afectan.

La presentación en la Universidad San Martin fue efectuada por el profesor emérito Luis Lumbreras, la Viceministra de Patrimonio Cultural, María Elena Córdova, la directora de la Cátedra UNESCO sobre Patrimonio Cultural y Turismo Sostenible, Sara Beatriz Guardia y el ex Ministro de Cultura Alejandro Neya.

En el Perú los logros de los escritores en difundir sus obras son, en definitiva, producto de esfuerzos personales.  En el deporte,  que puede ser calificado también como expresión cultural,se tiene mayor apoyo.  Cabe comparar la enorme cantidad de dinero destinado a los Panamericanos, frente a lo que se invierte en la promoción de la lectura y la edición de libros. Hay en este tema una asignatura pendiente.

Cuando hablo de libros e ideas no me refiero a algunas novelas que se circunscriben a líos de amoríos o entretenimientos de parejas. Sino a las obras como la de Manuel Rodríguez de gran utilidad práctica y repercusion internacional. O los libros que, aun en forma novelada, nos llevan a analizar   momentos históricos importantes, asi como  a recordar logros de peruanos que nos prestigian, y comprender así mejor los problemas sociales en nuestro país. En este convencimiento  he preferido. como lo han hecho otros colegas diplomáticos,  escribir sobre temas de grandes movimientos colectivos que dan riqueza no solo a una temática sino también a los personajes peruanos que viajan y se hacen conocidos en todas las latitudes.

Los libros, en esencia, prestigian a un país. Por ello las naciones más importantes se identifican y promocionan a   sus autores. La Cancillería, que es institución en la que su capital de trabajo también es el prestigio, destina muy posiblemente más dinero a agasajos culinarios, que en la compra, edición o promoción de libros. Hace unos años, cerca de la entrada del Palacio de Torre Tagle, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, se encontraba la biblioteca de Cancillería. Era la más inmediata presentación al visitante del interés por el acervo cultural y la reserva intelectual de la diplomacia peruana.  No importa el tamaño del país para fomentar su cultura. Esta semana estuve en Letonia. y me asombro que el edificio emblemático de Riga es su Biblioteca. La gente se siente orgullosa de leer y ofrecer los mejores autores y lugares para la lectura.  Además, la moderna Biblioteca sirve de presentación del país, al ser además el centro de reuniones internacionales en las que se realizan, entre otras, las Cumbres de Jefes de Estado.

En varias oportunidades he propuesto que el Ministerio de Relaciones Exteriores, debería contar con un Fondo Editorial, similar al que tiene el Congreso. La prestigiosa Academia Diplomática ha publicado desde hace años, entre otros, un Diccionario de Relaciones Internacionales, No obstante, la distribución quedo limitada, aun cuando la Cancillería, con más de cien misiones en el exterior, que es una excelente red de difusión también de libros.
El Servicio Diplomático cuenta con excelentes autores e itelectuales. Ente ellos Manuel Rodríguez, Alejandro Neyra o el historiador Juan del Campo. Sin embargo, parece que prevaleciera cierto pudor en promocionar lo propio. El trabajo intelectual no ha recibido aún el reconocimiento y el impulso que se merece.Y que el Peru necesita

Espero compartir algún día el regodeo  con mi  amigo Alonso Cueto  sobre una mayor atención de la política  en favor los intelectuales para que  así los peruanos puedan preservar  en nuestra historia  la  confianza en si mismos, y en los políticos.