Del estado de derecho a la situación de hecho

Federico Prieto Celi

Los peruanos hemos pasado del estado de derecho a la situación de hecho, gracias al sainete del primer ministro Salvador del Solar, de ingresar al primer poder del estado sin estar invitado, recibir permiso de un parlamento amigo para hablar en un Congreso que estaba cumpliendo con su agenda del día, pedir un voto de confianza fuera de contexto, y retirarse a palacio de gobierno, donde entregó su renuncia al cargo al todavía presidente Martín Vizcarra, como si hubiera recibido una censura que no había recibido, y dejó de ser una figura política.

Como Daniel Salaverry, que en el año que ha sido presidente del Congreso, logró desestabilizarlo con artimañas constantes, de tal manera que impidió una acción colegial que atendiera a sus responsabilidades específicas, como nombrar a seis nuevos miembros del Tribunal Constitucional, a pesar de haber recibido un pedido expreso del presidente de esa institución para que agilice ese procedimiento. A posteriori se entiende que actuaba bajo mandato de palacio de gobierno.

Ayer, martes 30 de setiembre, mientras los peruanos veíamos con resignación impasible lo que ocurría, supimos que a última hora del día lunes 29 los comandos de los institutos armados visitaron en palacio de gobierno a Martín Vizcarra, dándole un tinte militar al golpe de estado. Dejaban de ser la fuerza de la ley para ser la ley de la fuerza.

Nuestra historia reciente registra cuatro casos de golpes de estado cuando el gobierno no tenía mayoría en el Congreso. Cuando el general Odría derrocó al presidente Bustamante. Cuando el general Velasco derrocó al presidente Belaunde. El 5 de abril de 1992, cuando el presidente Alberto Fujimori dio un autogolpe para acabar con Sendero Luminoso y poner orden económico en un país abrumado. Estamos mirando en vivo y en directo el cuarto golpe, el de Martín Vizcarra, apoyado por la izquierda marxista en el parlamento y en la calle (el mismo sistema de portátil ya usado por anteriores mandatarios, para dar imagen de una popularidad que no tiene). Si quedaba alguna duda que el gran perdedor sería el estado de derecho y la democracia política que incluye la Constitución, la presencia de los mandos de las Fuerzas Armadas consagran en palacio de gobierno la situación de hecho que sufrimos.

Dios nos libre de que Vizcarra siga el anacrónico y funesto camino de Cuba, Bolivia, México y Venezuela, con sus reformas constitucionales, cambios de régimen económico, consultas plebiscitarias, reelección presidencial, dominio de los medios de comunicación, estatización del aparato productivo, control de Internet y, para colmo de los colmos, introducción de la ideología de género a todo dar, como el presidente de México está implementando con furia, contra el magisterio del episcopado mexicano. Una vez más, el Perú es el país de las oportunidades perdidas, como decía el maestro Jorge Basadre.