51 años después

Aníbal Sánchez

Han pasado 51 años del 3 de octubre de 1968, día en que el país sufrió un nuevo Golpe de Estado, liderado por el general Velazco Alvarado, fue el enésimo golpe ocurrido en nuestra vida republicana, dado el record de múltiples acontecimientos similares desde que entramos en la senda de país independiente. Las consecuencias de dicho acto, se analizan bastante mejor con el tiempo. Pasó medio siglo, y la historia económica y social nos recuerda que los resultados de dicho acto no fueron los mejores para el país. El impacto social del momento fue acompañado por un halo popular, tras el desprestigio de la clase política en la década del sesenta, buen pretexto para lo actuado, circunstancia que nos acompaña de cuando en cuando, como una repetición en la historia de nuestra patria.

El Perú de la mitad del siglo pasado, lejos del escenario de las guerras mundiales, que traían consecuencias catastróficas para Europa, vivía un proceso de calma política, las potencias económicas estaban más preocupadas en la guerra y sus consecuencias, crecían nuestras exportaciones y la economía, la industria se expandía, también se registraba importante crecimiento demográfico, y los procesos de urbanización se dinamizaron. Se registraba una economía estable y al alza. La tasa media anual de crecimiento de la economía, se ubicaba cercana al 5,0% cada año hasta la década de los 70´, con un comportamiento positivo del PBI per cápita, el mismo que, por dichos años superaba en tres veces al PBI per cápita de los países del sudeste asiático, como Taiwán o Corea del Sur, décadas más tarde quedaríamos rezagados, comparados con estos países. Sin embargo, los nubarrones políticos se hicieron sentir a partir de los años 60´ del siglo pasado. Se necesitaban cambios estructurales importantes, como una reforma agraria reclamada por cientos de miles de campesinos, y la clase política, en vez de abordar estos temas centrales, se desprestigiaba persistentemente, lo cual dio argumentos a la irrupción militar.

El general Velazco, tomo el poder con la fuerza de los tanques, el 03 de octubre del año 1968, expulsó al Presidente Fernando Belaunde, que presidía un gobierno, que por dichos años vivía en permanente jaque por la oposición APRA-UNO (Movimiento Odriista), que dominaba el parlamento peruano, de la época. El Congreso censuró varios ministros de Estado, la coalición APRA-UNO, se caracterizó por su obstruccionismo. De otro lado, el movimiento campesino reclamaba su derecho a la tierra, agudizando el conflicto social, a lo que se sumó los efectos de un proceso de ajuste fiscal y devaluación monetaria, por el año 1967, que impactó negativamente en los ingresos económicos de la población. 

En el año 1967, tras un acuerdo con la Internacional Petroleum Company (IPC), compañía americana que explotaba los pozos petroleros del norte del país, se desencadenó la crisis, tras el compromiso de entrega de los pozos petroleros al Estado, pero preservando en propiedad la refinería de Talara, por la compañía extranjera, plasmando un compromiso confuso, que la oposición calificó de entreguista, episodio que concluyó con la pérdida de la famosa “página once”, que hizo colapsar el gobierno, y fue la justificación del golpe de Estado.

El oncenio de gobierno militar 1968-1980, no trajo progreso, terminó acentuando la crisis, al final de la década. Se inició con un proceso de nacionalización de la tierra e industrias estratégicas, se formaron diversas empresas públicas, la reforma agraria, que buscaba colectivizar la tierra terminó en un proceso de fragmentación y descapitalización que agudizó la crisis agraria por varios lustros, y generó una intensa migración interna de la población rural a las áreas urbanas, tras el grave deterioro de las condiciones de vida de la población rural, la economía del país terminó en recesión, al final de la década y la conflictividad social, fue el detonante para nuevas elecciones democráticas, el inicio de la década de los 80´, la “década perdida de la economía peruana”, tras dos gobiernos seguidos: el segundo Belaundismo, 1980-2005, y el primer gobierno de Alan Garcia (APRA) 1985-1990, década, que tras dos gobiernos desastrosos concluyo en hiperinflación y recesión productiva, que evidentemente afectó a las grandes mayorías del país.

Estos hechos y el deterioro del clima social, fueron el detonante de grandes cambios en la historia peruana de la segunda mitad del siglo XX, el inicio de un ciclo dramático en lo político, con grandes y negativas repercusiones en lo económico y en lo social, originadas en el plan estatista. El modelo asociativo impuesto por la fuerza, en los 70, desencadenó la dramática situación económica y social, de los 80 y 90, que la mayoría de peruanos sufrimos, y que esperamos nunca más retorne. Para adelante es otra historia.