La incapacidad de ser un líder: Martín Vizcarra

Raúl González L.

Un funcionamiento adecuado de todo sistema político requiere de un buen líder, alguien que guíe a la población y que entienda la importancia del rol que tiene. Hay distintos tipos de liderazgo en política, algunos líderes son autoritarios, otros revolucionarios, también están los demócratas y los carismáticos pero lo que más abundan ahora son los populistas.

¿Tenemos líderes verdaderos en nuestra política? Hay -y hubo- algunos, y al margen de estar de acuerdo o no es indiscutible que Alan García fue un líder nato. Keiko Fujimori llegó a ser una líder importante en nuestro país, del tipo autoritario y así llego a aglutinar a gran número de seguidores, no por nada su agrupación obtuvo la mayoría en el ahora disuelto congreso.

Viajando más atrás en el tiempo podemos encontrar a otros personajes como Fernando Belaunde o Víctor Raúl Haya de La Torre. Todos ellos tienen algo en común, una virtud especial, carisma; con cualidades para conducir a sus seguidores e inspirar confianza para regir los destinos del país. Todos de una manera u otra tenían influencia sobre su gente, conocían la problemática nacional y eran – o son- reconocidos por sus partidarios como parte de ellos.

Me pregunto ahora, ¿Martín Vizcarra es un líder? Un presidente sin partido, con una ideología difusa o nula, que tuvo la suerte de entrar en un sistema desprestigiado lo que le permitió usar la tan necesaria “lucha contra la corrupción” como la pantalla perfecta parar esconder sus carencias y sus incapacidades de gestión.

Vizcarra no tuvo más opción que convertirse en un político populista, un presidente plebiscitario que gobierna para las encuestas; un presidente si rumbo que busca desesperadamente alianzas, y los únicos que han respondido son los de la izquierda, y son ellos quienes han comenzado a mandar en la agenda del ejecutivo.

Con poco carisma y nula capacidad política ha logrado ganar seguidores, a pesar de la incompetencia demostrada y su discurso carente de solvencia que no le permite tomar con firmeza el timón de un país que navega a la deriva, a merced de los vaivenes y deseos de sus aliados de izquierda que ven en él a un personaje muy débil políticamente por lo que han logrado tomar las riendas de sus decisiones a su antojo. Un presidente débil que, consiente de su fragilidad ha tenido que recurrir al apoyo de una izquierda que sabe que no podría llegar al poder si respeta las normas democráticas.

Vizcarra pasará a la historia como un mandatario lleno de miedos, un político que no supo ser líder y no encontró mejor opción que aliarse con los enemigos de la democracia para poder mantenerse en el poder. Ahora han tomado el timón y nos están guiando por rutas siniestras, ya lo dicen abiertamente, buscan cambiar la constitución, sobre todo el capítulo económico, modelo que ha permitido que en el Perú se reduzca la pobreza y hayamos tenido un crecimiento sostenido por varios años, hoy ese crecimiento se ha detenido y todo por culpa de un hombre que se encontró con la presidencia en su camino y no ha podido estar a la altura del cargo, le faltó talla de estadista, no es y nunca será un líder.

Pero la mayoría no quiere o no puede verlo, solo se fijan en lo que les ponen frente  a los ojos, cerró el congreso y con eso basta, ya lo elevaron casi al rango de un Dios, no importa que la economía del país lleve dos años paralizada, no importa que la pobreza que tanto costó disminuir este aumentando, no interesa que el desempleo este en aumento. Cerró el congreso y eso es suficiente.