No entienden

Ántero
Flores-Aráoz

Llegó a mis manos una muy interesante reflexión, señalando que “No puedes ayudar a los pobres destruyendo a los ricos. No puedes fortalecer al débil debilitando al fuerte. No se puede lograr la prosperidad desalentando el ahorro. No se puede levantar al asalariado destruyendo a quien le contrata. No se puede promover la fraternidad del hombre incitando el odio de clases. No se puede formar el carácter y el valor mediante la eliminación de la iniciativa e independencia de las personas. No se puede ayudar a las personas de forma permanente haciendo por ellos lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos”.

Es probable que muchos desorientados que no entienden las ventajas de la economía de mercado con contenido social ni las bondades del desarrollo, creerán que la frase la he sacado de alguna memoria de CONFIEP o de ASBAN o quizás de la SNMPyE o pudiera también ser de algún discurso o declaración de la actual presidenta del empresariado peruano o de la presidenta de la Cámara de Comercio de Lima o del Presidente de Perú Cámaras, como tampoco de alguna conferencia de Roque Benavides o de Dionicio Romero o de Alex Fort Brescia o de Carlos Rodríguez-Pastor.

No señor, la frase es de Abraham Lincoln, quien de ser campesino empeñoso llegó a ser excelente parlamentario y Presidente de los Estados Unidos de América, quien se encuentra en el altar de la Democracia reconocido como el padre del abolicionismo de la esclavitud en su país.

Traigo a la memoria de quienes no recordaban las enseñanzas de Abraham Lincoln y también para que las conozcan los que las ignoraban, pues lamentablemente hay desubicados que todavía quieren repartir riqueza sin crearla, que pretenden que haya igualdad de meta cuando todos no se desempeñan con la misma voluntad y laboriosidad, que pretenden que el Estado subsidie a todos y que el Presupuesto General de la República alimente a quienes no tienen la entereza de iniciar emprendimientos ni ganarse honestamente la vida.

Pese a los fracasos del comunismo, que solamente logró acrecentar la pobreza y el desánimo en los países en que se ancló y que únicamente cuando entendieron las ventajas de la economía moderna, innovadora, competitiva y seria, recién pudieron salir del hoyo a los que los llevó ideologías trasnochadas que alientan el odio y la desesperanza.

Es hora de repetirles a los rabanitos, que abundan, al igual que a la “caviarada” con barniz académico superficial y que viven muchos de la cooperación internacional vía organizaciones no gubernamentales, que les gusta vivir muy bien pero laborando muy poco, algo así como los parásitos, que no traten de imponer en el Perú sus perniciosas ideas pues las personas comunes y corrientes, ya entendieron que para elevar los niveles de vida vía el desarrollo, se requiere del trabajo, este último generado por las inversiones, las que para realizarse requieren de tranquilidad del país, la estabilidad normativa, la predictibilidad tributaria y justicia autónoma e independiente. ¡Tomen nota!

* Publicado en Expreso. Reproducido con autorizacipon del autor