El lado oscuro de la fuerza (Parte V de Crónicas de un odiador)

Uri Ben Schmuel

Son varias las formas de evidenciar la malsana obsesión de Salinas por cruzar los límites de una denuncia legítima, válida y hasta encomiable, para saltar al lado oscuro e investirse con la armadura de un anticruzado que dispara imputaciones y responsabilidades ciegas en una abierta cacería de brujas. En ese escenario, todo aquel que se defiende y desvirtúa cargos es etiquetado como un cómplice, un encubridor o incluso un violador militante de los derechos humanos. Se anota de paso que en el modo de proceder de Salinas son también evidentes las marcas y extrapolaciones psicológicas que este personaje estampa en sus campañas mediáticas.

El “Accountability Project” o ECA

Una prueba relevante es el que inicialmente se llamó el Proyecto Accountability. Sobre el particular, el portal peruano laabeja.pe fue el primer medio que evidenció la existencia de este proyecto y la vinculación de Pedro Salinas en este. Por supuesto, luego de dicho artículo, respondió un Pedro Salinas desencajado diciendo que Luciano Revoredo, director de dicho portal “estaba fumando de la mala”. Lo increíble es que algunos meses después, como si este precedente no existiera, Pedro Salinas escribió la columna “Gracias a Dios” en el diario La República comentando como si nada sobre la existencia del ECA y cómo se relacionaba con sus miembros.[1] Por lo tanto, en esto no se puede —como Salinas desearía— aducir “delirios paranoicos” o “traumas institucionales”, para crear inventos o fantasmas que desvirtúen dicho movimiento. En él, la participación del comunicador peruano es específica y objetiva.

En resumen, el Proyecto Accountability -hoy llamado Ending Clergy Abuse (ECA)-está conformado por un grupo de personas de distintos países que tiene como objetivo principal procesar a la Iglesia Católica por crímenes de lesa humanidad por incitar y encubrir la violación y el asalto sexual de niños por parte de sacerdotes”.  Las expectativas de todo el proyecto están puestas en llevar al Estado Vaticano a los tribunales internacionales.

Y tal como lo específica el documento del proyecto, la participación de Pedro Salinas en este es explícita. Como bien menciona La Abeja, “en la página 6 del documento, en el punto “Grupo de estrategia internacional, políticas y alianzas”, se enumeran una serie de actividades para obtener el apoyo de los gobiernos, la sociedad civil, las organizaciones internacionales, entre otros. En la primera actividad señalada se menciona a Pedro Salinas como integrante de una comisión global”.

Hasta aquí, claramente la participación en este proyecto no tendría nada de malo. Más bien, pareciera un acto noble y justo para con las víctimas. Sin embargo, esa no es la intención del proyecto. El verdadero motor y motivo es “la destrucción de la Iglesia Católica en su totalidad tomando el todo por la parte sin hacer ningún tipo de distinción”. Y esto fue comprobado con la publicación de un siguiente documento: el Acuerdo de Varsovia.

El Acuerdo de Varsovia

En el mismo artículo, La Abeja presenta las conclusiones de una reunión que los miembros del Proyecto Accountability sostuvieron a finales del 2017 titulado el “Acuerdo de Varsovia”[2]  ya que fue en dicha ciudad donde se llevó a cabo el encuentro. Como menciona la nota periodística citada, “en este acuerdo se señalan una serie de actividades concretas que evidencian, por ejemplo, que Pedro Salinas fue el encargado en nuestro país, durante la visita del Papa Francisco a Chile y Perú, de cumplir con los objetivos de desprestigio a la Iglesia Católica a propósito de los abusos”.

Un punto que es muy relevante destacar, es que Salinas cumple a carta cabal una de las directivas del acuerdo: “Identificar al menos un caso (de abuso) para llevarlo ante los tribunales”. Y, como veremos posteriormente, a los pocos meses, en enero de 2018, Salinas inicia un ataque mediático en contra de Monseñor José Antonio Eguren, Arzobispo de Piura y Tumbes que le valió una querella por difamación agravada en la que fue condenado.

Finalmente, el Acuerdo de Varsovia es muy firme al proponer que sus objetivos deben, luego de varios pasos de ataque sistemático, lograr que en el 2020 se eleve una denuncia ante el Tribunal Internacional de la Haya y preparar un “proceso similar al del Tribunal Popular”.

Del Papa al Nuncio

Durante los últimos meses del 2018, también se hizo público un dato muy relevante y que transcendió, sobre todo, en los círculos episcopales del Perú: Pedro Salinas había solicitado una audiencia con el Papa Francisco para poder realizar una serie de requerimientos que irían en la línea de cumplir con los objetivos propuestos en el Acuerdo de Varsovia y el Proyecto Accountability.

Ante este requerimiento, el Santo Padre habría indicado que el encargado de recibirlo sería el nuncio apostólico en el Perú, Monseñor Nicola Girasoli. Así fue. Se sabe por fuentes cercanas que en dicha entrevista Salinas habría exigido una serie de “requerimientos” a cambio de no dar a conocer “problemas” que enfrentan algunas autoridades eclesiales de nuestro país. Curiosamente, luego de varios meses de ocurrida esta reunión, podemos comprobar que todos los pedidos de Salinas se cumplieron en el tiempo:

  1. Que la Conferencia Episcopal no apoye a Monseñor José Antonio Eguren en la querella que este interpusiera contra Salinas y a Ugaz. Esto fue evidente con el comunicado que presentara la Conferencia apoyando al periodista.
  2. Que ejerzan presión para destituir al Comisario Apostólico designado para dirigir el Sodalicio, Monseñor Noel Londoño, alegando ineficiencia en castigar a la institución religiosa. La presión fundamental en este punto se daría tras la publicación del libro de la periodista Paola Ugaz sobre los supuestos malos manejos financieros del Sodalicio, sobre cuya publicación Ugaz viene hablando hace varios meses.
  3. Que se reciba a las víctimas del Sodalicio, lo que se materializó cuando el Jueves Santo el Arzobispo de Lima le lavó los pies a un exsodálite.

Como se puede comprobar, el móvil de Pedro Salinas no es la justicia real para las víctimas de abuso de una institución de vida religiosa en concreto. Y es una pena. Porque, más allá de los puntos positivos que pudo haber traído su investigación para atender a víctimas reales, tenemos a un activista dedicado a implementar una agenda anticlerical y antirreligiosa, de confrontación, creando un teatro en el que parece que solo le interesa lo que gana con las entradas.  En su gran obra ha pretendido cumplir paso a paso lo establecido por sus aliados internacionales como es difundir libros de cuentos de sobrevivientes, difusión masiva de nombres de perpetradores, crear una campaña específica para trabajar con periodistas por esta causa, generar alianzas con organizaciones y movimientos que trabajan en derechos sexuales y reproductivos, como el de Católicas por el Derecho a Decidir, o la ONG Promsex con la que Salinas tiene vínculos conocidos.

Así pues, este apóstol de la justicia temporal, este soldado quinta-columna de la causa de Dios, este “avenger” mediático que nada dice de todo el protagonismo y rentabilidad económica que sus denuncias le están generando, está redefiniendo las acepciones y derivaciones de la expresión “solidaridad humana”: proyectar (desde su drama y sus traumas personales) empatía cristiana con las víctimas de abusos sexuales y de poder dentro de instituciones religiosas para con ello construir una marca individual en el imaginario colectivo que se posicione en el SEO de Google y las redes sociales. Su papel dentro de la trama aniquiladora de la Iglesia (sobre el que luego abundaremos) es harina del mismo costal.

[1] https://larepublica.pe/sociedad/2019/09/22/pedro-salinas-gracias-a-dios/

[2] En estos links se puede ver el Acuerdo de Varsovia en español y en ingles,  https://drive.google.com/file/d/1CCUaw_l3m0RcL4K2AmCnHG5R-3Pp66FM/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/1alNyijOL204LOV4QeFv1k5J3J_bUqNOA/view?usp=sharing