En medio de la turbulencia regional

J. Eduardo Ponce Vivanco

Breve pero eficaz será el interinato de Jeanine Añez, la Presidenta transitoria de Bolivia. Asume su responsabilidad constitucional en circunstancias dramáticas.  La vorágine provocada por el grosero y calculado fraude de Evo Morales y las renuncias de los congresistas que la precedían en el orden sucesorio la convirtieron en la mandataria de la transición.  Añez ha comenzado por lo más importante para enfrentar un tremendo desafío :  conformar un equipo profesional y sólido de gobierno. Tanto su temple de mujer como la trayectoria profesional de los ministros que ha nombrado han producido decisiones inteligentes, como incluir al MAS en las elecciones abiertas que ha anunciado en una impecable conferencia de prensa, subrayando que los únicos excluidos serán los sempiternos reeleccionistas Morales y García Linera, ahora dedicados a predicar la división y el caos desde México. 

La necesidad de formar gobiernos idóneos y competentes para administrar crisis complejas no estuvo en la mira de Vizcarra cuando formó su equipo de gobierno tras la renuncia de Kuczynski.  Sin un componente económico precario ni una convulsión social como la boliviana, el sucesor de PPK optó apuradamente por funcionarios de segunda línea. Pero lo sorprendente es que todavía los mantenga y, peor aún, que haya empeorado el nivel ejecutivo de su gabinete una vez superada la emergencia, lo que le impide aprovechar el breve lapso en el que puede gobernar sin control parlamentario.

El caos boliviano será referencial no  solo por su beligerancia interna sino porque la evidente conspiración cubano-venezolana para reelegir a Morales ha profundizado la alianza entre la Argentina kirchenista y el México de AMLO.  Desde Buenos Aires, Alberto Fernandez, Presidente electo, expresó su “eterna gratitud” a Vizcarra por participar en las gestiones diplomáticas que permitieron el exilio de Morales,  y por autorizar el sobrevuelo y aterrizaje del avión que lo llevó a la capital mexicana. Las declaraciones posteriores del canciller azteca y de Evo en contra del gobierno peruano han puesto en evidencia la comedia de equivocaciones en que nos vimos infelizmente envueltos.

El explosivo corolario boliviano alivia el entorno vecinal del agobiado Sebastián Piñera y deja sin un aliado vital a los gobernadores radicales del Sur y las aspiraciones departamentales de Moquegua. El Perú tendrá que hacer sumas y restas para reposicionarse inteligentemente en la región, asumiendo que la cercanía que Vizcarra ha cultivado con Lenin Morenno no será un contrapeso suficiente frente al  activismo del “Eje del Mal”, agitado por la alianza argentino-mexicana que el castro-chavismo (con Rusia y China en la retaguardia) sabrá instrumentar en su beneficio.  Esperemos que nuestra diplomacia atine a potenciar la relación con Brasil y su próximo acuerdo comercial con Estados Unidos para aprovechar su objetivo de reducir el arancel externo del MERCOSUR y eliminar el proteccionismo que ha limitado el intercambio con el mercado más grande de Sudamérica.

La turbulenta evolución del entorno regional en los últimos meses podría resultar en un interesante fortalecimiento de la posición internacional del Perú si se sostiene en una política que priorice el crecimiento económico a través de un franco mejoramiento del ambiente de negocios para estimular la inversión privada, el empleo y el consumo.  Los equipos profesionales del MEF y el BCR deberían contar con el espacio político indispensable para imprimir esa corrección en el rumbo mortecino de la nave del Estado en una coyuntura que puede significar un punto de inflexión -para bien o para mal -.