La informalidad o la encuesta que nadie quiere escuchar

Hernán Garrido Lecca

La forma de hacer encuestas en el Perú tiene un aire al juego de croquet de la reina en “Alicia en el país de las maravillas”: la mayoría de las encuestadoras preguntan no para saber qué quiere la gente sino para que la gente responda lo que el cliente (el establishment mediático) quiere probar con la encuesta y, como a la gente no le gusta ser minoría, la propia encuesta así construida refuerza lo que el cliente quería le respondan en la siguiente encuesta y, así, hasta hacernos creer a todos lo que el cliente quiere que creamos que creemos. Esa es la verdad y si alguien se atreve a develarla, el establishment mediático procede como lo haría la reina de la historia de la Alicia: sentencia “¡Que le corten la cabeza!”

Sin embargo, hay encuestas que nos presentan lo que realmente los peruanos pensamos del Estado y de nuestros gobernantes. El marco conceptual de éstas es incuestionable: se llama “teoría de las preferencias reveladas”. Esta aproximación al análisis de las preferencias individuales es muy utilizada en microeconomía y se basa en el análisis del comportamiento real de los agentes, de sus decisiones de compra, y no simplemente en los deseos que puedan expresar. Me explico: una persona puede declarar en una encuesta que le gusta el capuchino y, sin embargo, cada vez que va a un café pide un mate de coca o si va al supermercado compra bolsas filtrantes de coca y no sobres de capuchino de Nestlé. Las razones para este desencuentro entre preferencias declaradas (lo que el consumidor dice) y preferencias reveladas (lo que el consumidor hace) pueden ser de diversa índole y no viene al caso aquí discutirlas (baste con señalar que la pregunta y hasta el entorno y contexto de la pregunta pueden servir para inducir una respuesta). Lo cierto es que no hay mejor manera de conocer las preferencias de un grupo humano que registrar su comportamiento cotidiano, sus decisiones diarias. Son estas decisiones individuales, a solas, selladas con compras,  las que en conjunto conforman los macro comportamientos que, para fines de este ejercicio, es lo que realmente nos importa. En palabras de Thomas Schelling, Premio Nobel de Economía: son micro motivos que se convierten en macro comportamientos.

¿Qué piensa la mayoría de peruanos del Estado y sus gobernantes? Respuesta: que no sirven para nada pues no le resuelven los problemas de la vida cotidiana y, por lo tanto, lo mejor es ignorarlos, mientras se pueda, sumergiéndose en la informalidad. ¿Mi ficha técnica? Total de encuestados: 13.209.700 peruanos habitantes en áreas urbanas. Número de trabajadores que no creen en los beneficios que el Estado peruano o sus gobernantes les pueden ofrecer a ellos y a sus hijos: 8.799.400 (basados no en su respuesta a IPSOS Apoyo sino en su decisión de aceptar la informalidad como forma de vida). Número de trabajadores que pudiesen aceptar que el Estado y sus gobernantes les ofrecen beneficios: 4.410.300 peruanos. En derecho, hay un concepto similar y se llama “primacía de la realidad”.

Ahora bien, me podrán decir que la opción de ser informal no es una decisión sino una imposición de los contratantes. Eso NO es cierto pues de los 8.799.400 trabajadores informales, 7.584.900 (86 por ciento) trabajan en empresas de menos de 10 personas, muy probablemente de algún pariente o amigo cercano. La informalidad es, por lo general, una decisión bilateral de empleador y empleado. Ni uno ni otro cree que el Estado le aporta algo. Por eso, empleador y empleados evaden, ignoran, al Estado. Esta es la encuesta, basada en preferencias reveladas, que nadie, ni políticos ni empresarios ni el oligopolio mediático, quieren ver. Son casi 9 millones de peruanos que deciden diariamente ignorar al Estado y claman con su cotidiana decisión algún tipo de solución.

¿El huevo o la gallina? Si no hay formalidad no puede haber más ingresos para financiar mejores servicios públicos. Correcto. Para eso hay dos respuestas: la troglodita y la inteligente. En el Perú, hace más de 60 años venimos optando por la troglodita: Estado (SUNAT) de corte policíaco correteando a los informales para que sean formales o, expresado en forma gráfica, una clase dirigente tratando de meter un inmenso círculo dentro del pequeño cuadrado de su, a todas luces, inútil marco legal.

¿Cuál es la respuesta inteligente? Parafraseando a Simon Rodríguez: “O inventamos o erramos”. Tenemos que inventar un marco legal que parta de la realidad prevaleciente (”primacía de la realidad”) en el Perú y de las respuestas de esa gran encuesta diaria que nos dice que con el marco legal vigente, los peruanos prefieren la informalidad. Tenemos que hacer un esfuerzo creativo. Desde esta columna hemos propuesto la creación de la Empresa Familiar de Responsabilidad Limitada para que el ingreso de esos casi 9 millones de peruanos sea considerado como participación de utilidades, dividendos, y que paguen tan solo el impuesto que por ello corresponde. SIS obligatorio y co-pago de la empresa y algún esquema de fondo de retiro voluntario. La propuesta contempla esquemas innovadores de inclusión financiera y simplificación administrativa. Sin embargo, esta reforma requiere audacia y escapa a la zona de confort de caviares y trogloditas.

Una anotación final: si en el Perú no ha habido un estallido como en Chile es precisamente porque la informalidad es una fuga que evita que estalle la olla de presión. Piénselo.