Encomiable

Javier
González-Olaechea

Se afirma que en el Perú somos mezquinos y que no reconocemos las acciones o calidades ajenas.  Nos oímos, pero no nos escuchamos. Casi nadie contrasta o resalta las ideas del otro. Es parte de una subcultura que hay que desterrar y que se irradia hasta la deplorable parodia que ridiculiza y estigmatiza, por ejemplo, a la mujer andina. El raiting deglute dignidades y pocos se salvan.

Hay que valorar, resaltar y aplaudir lo bueno que hacen otros. Días atrás, acudí a la presentación de dos tomos titulados: Textos y testimonios para comprender el Perú en el bicentenario. Editados por el Fondo Editorial del Congreso del Perú bajo la administración fujimorista y muy acertadamente dirigido, hasta hace poco,  por el doctor Ricardo Vázquez-Kunze. La publicación ha significado un esfuerzo inmenso, precioso, de profundo calado y de docta peruanidad.

La doctora Cecilia Bákula, historiadora de fuste, ha seleccionado 86 textos muy significativos de autores recogiendo una amplia gama del conocimiento peruano sobre los más diversos tópicos de la realidad nacional. Son casi quinientos años de reflexiones agudas, críticas, comprensivas que, a mi entender, a modo de protesta claman por un Perú justo, gestor del desarrollo y de la armonía, que se reconozca y que nos comprenda a todos.

No hay mezquindad alguna en la selección de los autores y escritos. Muy por el contrario, hay generosidad, amplitud de criterio y finos binoculares para mirar el pasado y el presente.  No conozco esfuerzo igual en algunos países en la región donde he vivido.

Como siempre hago frente un libro, modalidad que me enseñó mi tutor universitario, leí varias veces el índice y en este caso, las pequeñas semblanzas de cada pluma para encontrar un hilo conductor de la obra. Después comencé con los orígenes de la denominación Perú y he avanzado con algunos autores y he ojeado otros tantos. Me tomará un buen tiempo leer y entender a cada uno, el texto y su contexto. Imaginármelos en su época.

Lo que he avanzado me reconfirma, al menos, cinco cosas.

Primero, es muy posible ponerse por encima de las diferencias. Segundo, la lectura y la cultura es un maravilloso y enriquecedor vaso comunicante que no conoce tiempos ni fronteras. Tercero, a pesar del avance exponencial de lo digital, el placer del papel bellamente impreso no es, ni remotamente, reemplazable. Cuarto, además de nuestras enormes y variadas riquezas naturales, culturales y tradiciones, contamos con un numerosísimo abanico, preocupado, cultivado y refinado de peruanos que nos pensaron como proyecto, como Nación y cuyas preocupaciones, señalamientos y aportes forman parte de lo que debe ser nuestro orgullo nacional.

Quinto, y por cierto lo más certero y trascendente de esta notable contribución, es que, acaso, el hilo conductor de muchas reflexiones es la cuestión del indígena, el entendimiento cabal y respetuoso de nuestros Andes y el aislamiento de nuestros ancestros andinos como eje central de la peruanidad originaria.

Quien no comprenda nuestra multiculturalidad y no asimile la interculturalidad, quien no entienda y valore nuestros Apus, las cosmovisiones andinas, sus deidades y sincretismos, la observación del infinito desde la puna, el sentimiento dolido de la quena, el andar pausado en las alturas y el carácter colectivo de sus procesiones, entre otros, jamás entenderá la pertenencia y la grandeza del núcleo del carácter nacional, y menos aún, la enorme tarea que tenemos por delante como república.

La obra encomiable que comento de más de mil páginas, es la gran contribución al bicentenario. Palmas para quienes nos la han obsequiado. Se dijo en la presentación que es el gran legado ad portas del 2021 y no me cabe la menor duda!.