REPORTE ESPECIAL-«Hora de desenvainar»: El plan iraní para atacar el centro refinero de Arabia Saudita

Un incendio envuelve una planta de procesamiento del complejo refinero de Abqaiq en Arabia Saudita tras un ataque con proyectiles. Septiembre 14, 2019. REUTERS/Stringer/File Photo

27 nov (Reuters) – Cuatro meses antes de que un enjambre de aviones no tripulados y misiles paralizara la mayor planta de procesamiento de petróleo del mundo en Arabia Saudita, funcionarios de seguridad iraníes se reunieron en un complejo blindado en Teherán.

El grupo incluía a los altos mandos de las Guardias Revolucionarias de la república islámica, una rama de élite del ejército iraní entre cuyas labores se encuentran el desarrollo de misiles y operaciones encubiertas.

El tema principal de ese día de mayo: Cómo castigar a Estados Unidos por retirarse de un tratado nuclear histórico y volver a imponer sanciones económicas a Irán, lo que asestó un fuerte golpe al país.

Ante la atenta mirada del general de división Hossein Salami, líder de las Guardias Revolucionarias, un comandante de alto rango tomó la palabra.

“Es hora de desenvainar las espadas y darles una lección”, dijo el comandante, según cuatro personas familiarizadas con la reunión.

En la cita, el ala dura habló de atacar objetivos de alto perfil, incluidas bases militares estadounidenses.

Sin embargo, lo que finalmente surgió fue un plan que por poco evitó una confrontación directa que hubiera podido desencadenar una respuesta devastadora de Estados Unidos. Finalmente Irán optó por atacar las instalaciones petroleras del aliado de Estados Unidos, Arabia Saudita, en consonancia con una propuesta debatida por altos dirigentes militares iraníes en la reunión de mayo y en al menos cuatro citas posteriores.

Este relato, descrito a Reuters por tres fuentes conocedoras de las reuniones y una cuarta cercana a la toma de decisiones de Irán, constituye la primera narración del papel de los líderes iraníes en la conspiración del ataque del 14 de septiembre contra Saudi Aramco, la petrolera controlada por el Estado saudí.

Las fuentes dijeron que el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, aprobó la operación, pero con condiciones estrictas: las fuerzas iraníes debían evitar atacar a civiles o a estadounidenses.

Reuters intentó sin éxito que las autoridades de Irán confirmaran esta versión de los hechos. Un portavoz de las Guardias Revolucionarias no quiso hacer comentarios. Teherán ha negado categóricamente haber participado en la operación.

Alireza Miryousefi, portavoz de la Misión Iraní ante Naciones Unidas en Nueva York, rechazó la versión de los hechos que estas cuatro personas describieron a Reuters. Miryousefi dijo que Irán no participó en los ataques, que no se celebraron reuniones de altos funcionarios de seguridad para discutir una operación de ese tipo, y que Jamenei no autorizó ningún ataque.

“No, no, no, no, no, no, no, y no,” dijo Miryousefi a preguntas detalladas de Reuters sobre las supuestas reuniones y el supuesto papel de Jamenei.

La oficina de comunicación del Gobierno saudí no respondió a una solicitud de comentarios.

La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos y el Pentágono se negaron a hacer comentarios. Un alto funcionario del Gobierno de Donald Trump no comentó directamente las conclusiones de Reuters, pero dijo que el “comportamiento de Teherán y su larga historia de ataques destructivos y apoyo al terrorismo son la razón por la que la su economía está en ruinas”.

Los rebeldes hutíes de Yemen, alineados con Irán, que se encuentran en plena guerra civil contra las fuerzas respaldadas por Arabia Saudita, reivindicaron la responsabilidad de la ofensiva contra las instalaciones petrolíferas saudíes. Autoridades de Estados Unidos y Arabia Saudita rechazaron la autoría hutí y dijeron que la sofisticación de la operación apuntaba a Irán.

Arabia Saudita era un objetivo estratégico.

El reino es el principal rival regional de Irán y un gigante petrolero cuya producción es crucial para la economía mundial. Es un importante socio de seguridad de Estados Unidos. Pero su guerra contra Yemen, que ha causado la muerte de miles de civiles, y el brutal asesinato del periodista Jamal Khashoggi en Washington por agentes saudíes el año pasado, han puesto a prueba sus relaciones con los parlamentarios de Estados Unidos.

No hubo una oleada de apoyo en el Congreso a la intervención militar para ayudar a los saudíes después del ataque.

El ataque de 17 minutos a dos instalaciones de Aramco con 18 drones y tres misiles de bajo vuelo reveló la vulnerabilidad de la compañía petrolera saudí, a pesar de los miles de millones gastados por el reino en seguridad. Se produjeron incendios en la instalación petrolera de la compañía en Khurais y en la planta de procesamiento de petróleo de Abqaiq, la más grande del mundo.

El ataque redujo temporalmente a la mitad la producción de petróleo de Arabia Saudita y redujo en un 5% el suministro mundial de petróleo. Los precios mundiales del crudo subieron.

El ataque provocó que el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, acusara a Irán de un “acto de guerra”. Después, Teherán sufrió sanciones adicionales por parte de Estados Unidos, que también lanzó ataques cibernéticos contra Irán, dijeron a Reuters funcionarios estadounidenses.

La república islámica ha culpado a “matones” vinculados a Estados Unidos y a otros adversarios regionales por orquestar manifestaciones callejeras que han sacudido a Irán desde mediados de noviembre, cuando el Gobierno elevó los precios de los carburantes.

Durante un mitin televisado a favor del Gobierno que tuvo lugar en Teherán el lunes, Salami, el comandante en jefe de las Guardias Revolucionarias, advirtió a Washington contra una nueva escalada de las tensiones: “Hemos mostrado paciencia con los movimientos hostiles de Estados Unidos, el régimen sionista (Israel) y Arabia Saudita contra Irán…. pero los destruiremos si cruzan nuestras líneas rojas”.

EN BUSCA DE OBJETIVOS
El plan de los líderes militares iraníes de atacar las instalaciones petroleras saudíes se desarrolló durante varios meses, según una fuente cercana a la toma de decisiones de Irán.

“Los detalles se discutieron a fondo en al menos cinco reuniones y se dio el visto bueno final” a principios de septiembre, dijo esta fuente.

Todas esas reuniones se llevaron a cabo en un lugar seguro dentro del complejo del sur de Teherán, dijeron tres de las fuentes a Reuters. Dijeron que Jamenei, el líder supremo, asistió a una de las reuniones en su residencia, que también está dentro de ese complejo.

Otros asistentes a algunas de esas reuniones fueron el principal asesor militar de Jamenei, Yahya Rahim-Safavi, y un ayudante de Qasem Soleimani, que dirige las operaciones militares extranjeras y clandestinas de las Guardias Revolucionarias, dijeron las tres fuentes. No fue posible ponerse en contacto con Rahim-Safavi para recabar sus comentarios.

Entre los posibles objetivos inicialmente discutidos estaban un puerto marítimo en Arabia Saudita, un aeropuerto y bases militares de Estados Unidos, dijo la fuente cercana a la toma de decisiones de Irán, que no proporcionó más detalles.

En última instancia, esas ideas fueron desestimadas por la preocupación ante un elevado número de bajas que hubiera provocado feroces represalias por parte de Estados Unidos y habría envalentonado a Israel, lo que potencialmente empujaría a la región a la guerra, dijeron las cuatro fuentes.

El alto mando cercano a la toma de decisiones de Irán dijo que el grupo llegó a un acuerdo sobre el plan de atacar las instalaciones petroleras de Arabia Saudita porque podría acaparar grandes titulares, infligir dolor económico a un adversario y al mismo tiempo transmitir un mensaje contundente a Washington.

“El acuerdo sobre Aramco fue casi unánime”, dijo esta fuente. “La idea era mostrar el profundo acceso y la capacidad militar de Irán”.

Se trató del mayor ataque contra instalaciones petroleras de Oriente Medio desde que Saddam Hussein, el último hombre fuerte iraquí, incendiara los yacimientos de Kuwait durante la crisis del Golfo de 1991.

La senadora estadounidense Martha McSally, veterana de combate de la Fuerza Aérea y legisladora republicana, que fue informada tras el ataque por dirigentes estadounidenses y saudíes, y visitó las instalaciones de Aramco en Abqaiq días después del ataque, dijo que los perpetradores sabían precisamente dónde atacar para causar el mayor daño posible.

“Se notaba que era alguien que tenía una comprensión sofisticada de instalaciones como las suyas, no se trataba solo de atacar unos objetivos vistos en fotos de satélite”, dijo a Reuters. Los drones y misiles, añadió, “vinieron de suelo iraní, de una base iraní”.

Una fuente de Oriente Medio, que fue informada sobre cómo sucedió el ataque por un país que lo investigó, dijo que el sitio de lanzamiento era la base aérea de Ahvaz en el suroeste de Irán. Ese relato coincide con el de tres agentes estadounidenses y otras dos personas que hablaron con Reuters: un agente de inteligencia occidental y una fuente occidental con sede en Oriente Medio.

En lugar de volar directamente de Irán a Arabia Saudita sobre el Golfo Pérsico, los misiles y los drones tomaron caminos diferentes y tortuosos hacia las instalaciones petroleras, como parte del esfuerzo de la república islámica por enmascarar su participación, dijeron las fuentes consultadas.

Algunos de los aparatos sobrevolaron Irak y Kuwait antes de aterrizar en Arabia Saudita, según la fuente de inteligencia occidental, que dijo que esa trayectoria proporcionaba a Irán un desmentido verosímil.

“Ese no habría sido el caso si se hubieran visto o escuchado misiles y drones volando hacia Arabia Saudita sobre el Golfo Pérsico desde una ruta de vuelo en dirección sur” desde Irán, dijo esta fuente.

Los comandantes de las Guardias Revolucionarias informaron al líder supremo sobre el éxito de la operación horas después del ataque, según la fuente cercana a la toma de decisiones del país.

Las imágenes de los incendios que asolaron las instalaciones saudíes se difundieron por todo el mundo. El mercado de valores del país sufrió un enorme revés. Los precios mundiales del petróleo subieron inicialmente un 20%. Ejecutivos de Saudi Aramco se reunieron en lo que se conoce internamente como la “sala de gestión de emergencias” en la sede de la compañía.

Uno de los altos ejecutivos que habló con Reuters dijo que Teherán estaba encantado con el resultado de la operación: Irán había asestado un doloroso golpe a Arabia Saudita y se había burlado de Estados Unidos.

PONIENDO A PRUEBA A TRUMP
Las Guardias Revolucionarias y otras ramas del ejército iraní dependen en última instancia de Jamenei. El líder supremo se ha mostrado desafiante en respuesta a la decisión de Trump de abandonar el año pasado el Plan de Acción Integral Conjunto, nombre oficial del acuerdo nuclear con Irán.

Ese acuerdo de 2015 con cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU -Estados Unidos, Rusia, Francia, China y el Reino Unido-, así como con Alemania, supuso la eliminación de miles de millones de dólares en sanciones contra Irán a cambio de que Teherán pusiera freno a su programa nuclear.

Las exigencias de Trump, que pretende llegar a un mejor acuerdo, han llevado a Irán a lanzar una estrategia de dos frentes para lograr que se levanten las sanciones generalizadas reimpuestas por Estados Unidos, que han paralizado sus exportaciones de petróleo y que prácticamente lo han sacado del sistema bancario internacional.

El presidente iraní, Hassan Rouhani, ha manifestado su voluntad de reunirse con autoridades estadounidenses a condición de que se levanten todas las sanciones. De forma simultánea, Irán está haciendo alarde de su poderío militar y técnico.

En los últimos meses, Irán derribó un avión teledirigido de vigilancia estadounidense y se ha apoderado de un petrolero británico en el Estrecho de Ormuz, el angosto cauce a través del cual se mueve alrededor de una quinta parte del petróleo del mundo. Y también anunció que ha acumulado reservas de uranio enriquecido en violación del acuerdo de la ONU, como parte de su promesa de reiniciar su programa nuclear.

Los ataques a Aramco constituyeron una escalada del enfrentamiento que se produjo mientras Trump llevaba a cabo su objetivo de sacar a las fuerzas estadounidenses de Oriente Medio. Pocos días después de anunciar el retiro abrupto de las tropas estadounidenses en el norte de Siria, la Casa Blanca dijo el 11 de octubre que enviaría aviones de combate, armamento de defensa antimisiles y 2.800 soldados más a Arabia Saudita para reforzar las defensas del reino.

“No ataquen a otro Estado soberano, no amenacen los intereses ni las fuerzas estadounidenses, o responderemos”, advirtió el secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, durante una rueda de prensa.

Aun así, Irán parece haber calculado que el Gobierno de Trump no se arriesgaría a un ataque a gran escala que podría desestabilizar la región y por lo tanto poner en peligro el petróleo saudí, dijo Ali Vaez, director del Proyecto Irán en el International Crisis Group, una organización sin ánimo de lucro.

En Irán, “los del ala dura han llegado a creer que Trump es un tigre de Twitter”, dijo Vaez. “Por ello, hay pocos costos diplomático o militar”.

La fuente de alto rango de la Casa Blanca cuestionó la idea de que la operación de Irán pueda haber fortalecido a sus dirigentes para llegar a un acuerdo de reducción de las sanciones por parte de Estados Unidos.

“Irán sabe exactamente lo que necesita hacer para que se levanten las sanciones”, dijo el funcionario.

El Gobierno estadounidense ha dicho que Irán debe poner fin al apoyo a los grupos terroristas en Oriente Medio y someterse a condiciones más duras que pondrían fin a sus ambiciones nucleares de forma permanente. Irán ha dicho que no tiene vínculos con grupos terroristas.

Está por ver si Teherán está dispuesto a ceder a las demandas de Estados Unidos.

En una de las últimas reuniones celebradas antes del ataque petrolero saudí, otro comandante de las Guardias Revolucionarias ya estaba pensando en el futuro, según la fuente cercana al liderazgo de Irán, quien fue informado sobre el desarrollo de esa reunión.

“Tengan la seguridad de que Alá todopoderoso estará con nosotros”, dijo el comandante a los altos mandos de seguridad. “Empiecen a planear el siguiente”, añadió.

Escrito por Michael Georgy. Editado en español por Marion Giraldo y Tomás Cobos