Patria, Nación, Estado

Sergio Tapia

Si la Patria es el principio y por eso es el ayer. La Nación es el presente, como también es el futuro. En tanto que el Estado es la autoridad de la sociedad nacional. Los tres elementos han de articularse convenientemente.

Hay veces –por excepción- que alguno puede faltar, algunos pueblos en algún momento de su historia han carecido de esa unidad trilógica. Es lugar común referirse a la nación judía que mantuvo vínculo con el elemento Patria pero sin Estado, y sin territorio, desde el año 70 hasta 1948.

En el caso del Perú, nuestros principios vienen de quienes son nuestros padres, es decir, de las culturas y sociedades organizadas sobre nuestro elemento territorial, y que se pierden en los horizontes de la Historia y se confunden con la nebulosa de la Leyenda.

Los descubrimientos de vestigios culturales pre-incas son una constante en los últimos años, y han trastocado el modo de entender que se sostuvo no hace más de 80 años sobre nuestros antepasados pre-hispánicos. La valoración del Imperio Incaico fue de extremo expresada por el ideologizado autor francés Luis Baudin como “El imperio socialista de los incas”, y las idílicas representaciones mentales falsificaron un pasado pre-hispánico ausente de practica de sacrificios humanos, hoy desmentido por el hallazgo de la momia Juanita y la tumba del Señor de Sipán.

Nuestros principios patrios pre-hispánicos requieren una síntesis comprensiva armoniosa con lo que hoy es la Nación Peruana. Para comprenderlo como legado que nos nutre y fomenta nuestra unidad en la identidad común. Y este reconocimiento nunca deberá dejar de considerar el inestimable valor de nuestros antepasados pre-hispánicos por su perfecta adecuación y dominio sobre el territorio, lo que hasta hoy son el asombro inexplicable: Macchu Picchu, Markahuamachuco, Markahuasi, Kuélap, las Líneas de Nazca, los textiles, la andenería y la irrigación andina, etc. Forman también parte ineludible de nuestros principios (pues son patria; vienen de nuestros padres) la Cultura Greco-Roma-Cristiana en su vertiente Hispana, que nos lega religión, idioma, cosmovisión, patrones éticos, filosofía, ciencia, cultura; modo de ser, estilo y modales.

Somos una Nación ricamente precedida por un sólido pasado patriótico, de lujo. Lo que debe alimentar nuestro orgullo nacional, y causar compromiso para una ineludible vocación de destino histórico. El que debemos de considerar de ineludible realización, para poder asumir la unidad nacional con proyección histórica, desde el pasado hacia el futuro, enraizada en un presente de laborioso compromiso.

La renovación del ánimo nacional nos impulsará a transformar el Estado, que ha de ser conformado por ciudadanos que ejerzan la autoridad política, judicial y administrativa, con sentido de servicio y con sacrificio. Es el único modo de desterrar la corrupción de las esferas del poder y acabar con la ineficacia gubernamental.

Pero, el Estado debe de estar convenientemente alejado de las miopías ideológicas, porque deforman la correcta comprensión de los que es la Patria y la Nación. Hay que desterrar las miradas bizcas, de las derechas y de las izquierdas. La autoridad ha de tener una visión completa de la realidad político-económica-social, para ejercer con justicia y con prudencia, de arriba abajo, sin ningún estrabismo deformante por intereses creados.

Dentro de dos meses tendremos los resultados electorales de una nueva conformación de nuestra asamblea parlamentaria nacional. Porque nuestro Poder Legislativo sufrió el golpe de su disolución por arbitrariedad presidencial enteramente cuestionable.

Sin embargo, su extraordinaria renovación se ha transformado en oportunidad interesante. Observo la aparición de una renovada generación de ciudadanos que aspira a la participación política en la función legislativa. De los varios que conozco, en diferentes opciones partidarias, debo destacar su identidad con el pasado patriótico, su mirada nacional en el porvenir y su afán de servir cualificadamente desde la función estatal. Lo que aplaudo, pues me inspira optimismo y me entusiasman los augurios que hacen del Perú una significativa comunidad de destino para sus miembros.