Sin partidos honestos no habrá futuro democrático

Renán Gorriti

Todo partido tiene una base social en la cual sustentarse. Los nuestros no lo tienen. Se forman para existir permanentemente. Aquí se forman y desaparecen como un bloque de hielo que se derrite hasta desaparecer. Si bien su encuadre ideológico para determinar las tareas partidarias es su base ideológica, asume inicialmente el deseo social de sus individuos. La población votante no los conoce, como no conoce sus símbolos, ni sus dirigentes más que por foto. Por ejemplo, ahora, las cédulas de voto JNE tienen el mismo formato, -mientras que en la TV las muestras están  sin la foto siquiera del cabeza de lista. Y es muy difícil para cualquier votante que llenó una cédula electoral anterior  y metida en su cerebro, puedan votar con lo que ahora se propone en el ánfora. Y lo que podría pasar es presentarse una confusión, una falta de reconocer la antigua, y que la nueva que nadie conoce sino por símbolos que nadie conoce,  llevaría al votante al nerviosismo y a votar, en blanco, viciado. O por cualquiera, votar a la de Dios, como dicen. Y es porque no tienen las fotos de sus principales cabezas de listas. De manera que si no hay correctivos que enganchen el entendimiento de lo que quiere el Jurado de elecciones, que tampoco han sesionado con los dirigentes partidarios sobre el cambio de la realidad, los clientes partidarios, no podrán enganchar entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se va a hacer. Saldrán personas por las que no se quiso votar, se siembran topos en listas de partidos muertos, desempolvados de las archivos de la ONPE una vez reconocidos, hay fujimoristas infiltrados en todas ellas, según informan los diarios y la gente que los conoce, y al final, sumando esos “puchos” tendremos un congreso parchado que no representa sino que discrepa de la voluntad popular. Y este Congreso así de incoherente puede de ser fatal y descalificado para tejer una moral una filiación y una fe que enganche las querencias de la población y lo que desean frente a las aspiraciones personales y no políticas de los candidatos que juran por la plata. 

El ciudadano no ve que haya cambio en el sistema ni en los partidos ni en sus dirigentes. No hay carnetización, no hay cuota de compromiso que honre y exija el cumplimiento de su ideario. Sus planteamientos actuales no recogen las aspiraciones de las actuales necesidades del elector, mucho menos, su costo y tiempos, como deseos y compromisos de cumplirlos, porque hay desconfianza. Y la base de los partidos políticos es la fe, a veces ciega, de entregar alma vida y corazón al partido y a sus líderes en que, por ejemplo, decenas de años atrás se cumplían llenando locales, asistiendo a sus mítines, llenando plazas, participando en locales distritales que mantenían y se cumplía con un calendario cívico político.

Era un canal de expresión válido. Se veía expresado en él porque existía libertad y consonancia con las aspiraciones de cientos de pueblos. Hoy no. Es un club de comerciantes que prometen sin cumplir, buscan llenar sus bolsillos en nombre de Dios y de la plata, para servir a sus ambiciones y codicias. Un clan de amigos de todo pelaje, donde el dios dinero es todo, una forma de escalar social y económicamente, donde no se habla de política sino de intereses, de negocios y acomodos dentro del presupuesto o dinero del Estado que es de todos los peruanos como si fueran niños al momento de partir la torta del cumpleaños felices. Y donde el verbo que es acción, no se hace ni se escucha, el sustantivo que es el o las personas que cambiarán la pobreza por la felicidad como abanderado de la acción prometida, no se cumple jamás  y el adjetivo que se usa abundantemente para endulzar o más propiamente para hundir, envenenar o dividir a una población vilmente defraudada entre odios y sectas, como a las que asistimos sin voluntad en el cuerpo y espíritu, para trabajar con la ilusión herida o muerta. La de un país que nadie se entiende, que se opone a todo, que se va al abismo y a la anarquía y al desgobierno, porque está hasta en las obras que hace, donde aparece la pus de la corrupción, venga del partido que venga.

En la práctica, el partido político y no el club electoral de hoy,, flor de un día, para unos cuantos desvergonzados, que son mayoría entre algunas excepciones de honestos, era alcanzar el bien común. Y no los valores sobre los bastardos intereses, el debate público de las ideas sin rencores, adversarios y no enemigos, espíritu de transformar nuestras riquezas en beneficio de nuestros hijos, de nuestra generaciones venideras, la voluntad unitaria donde todos discrepando o no, el Perú era lo primero, en los hechos, no en las que hoy lleva en los pechos y los amores, el fútbol, al que maltratan y adoran, pero donde la afición existe. La de un Perú ideal, porque el real todo ciudadano sabe que es una desilusión. Aquel partido político que se fue con un corazón que se defendía de su ofensiva atadura.

No hay un solo partido político que tenga un planteamiento ideológico y político que lo haga válido. Votaremos por canallas como por alguna gente noble. Pero que en general nadie conoce bien. Es una timba, un salto al vacío caliente desde una considerable altura a l fondo de una quebrada andina.

No hay partidarios y los pocos que hay están prohibidos de hablar. Hay si un sistema esclavista donde una cúpula y una persona representa la idolatría a un ser que puede enfrentar a Dios con su soberbia, vanidad y privilegio que desafía, como vemos, a las propias leyes que aprobaron. El líder de hoy es un jerarca, un monarca, un ser casi divino al que arrodillarse es una ley. Mientras se encierran sus cúpulas a decidir la suerte de sus partidarios y del país, todos los exceptuados dependen de sus dispersas voluntades anarquistas, sin patria, ni ley, ni Dios con templos casi vacíos, donde la ley de la calle es la barbarie, la chaveta, el asalto, el insulto, la falta de respeto porque no hay orden no disciplina y más bien, una ley de la calle donde cada quien hace lo que le viene en gana en la dura ley del asfalto, porque el ande y la selva se despueblan para venir a estas ciudades llenas de vicios y descalabros. ¿Dónde ir? Si por donde vas, hay conflicto, incluso de tú a tú.

Tampoco hay un grupo interno sin organismo de base, ni una dirigencia exterior, que actué con mecanismos o niveles, que no llevan, si son electos, la voluntad de sus partidarios que en la repartija, claman su puesto en el Estado, sea el gobierno, el poder judicial, el legislativo y hasta el electoral, las empresas que pactaron a cambio de dinero, obras por licitaciones, edificios, carreteras, puentes, colegios, donde van a ganar el dinero que no han de reinvertir pensando en su país sino en las islas paradisiacas donde esconden sus dineros o mejor dicho, nuestros dineros fruto de años de trabajo popular.

No tenemos ni partidos reales de masas, ni partidos de cuadros. Solo una sed concentradora de poder y de un dinero mal habido, el robo que los lleva a una condena que no se cumple ni dinero que no se devuelve. Nunca. Hay mucho dinero robado, pero se nos pasa el sombrero para financiar una ronda de pan con avena en un colegio. Los empresarios lloran sus lágrimas de cocodrilo y juran poner sus fondos en la construcción y equipamiento pero que no hicieron ni uno y más bien, coimearon, inflaron y financiaron campañas millonarias, para poner a candidatos que les asegure el triple y asustando a la tribu que así ven a la ciudadanía con cucos y fantasmas del pasado “que nos quitarán todo”.

Pero, para qué necesitamos eso, si ya nos can quitando todo estos empresarios que no pusieron ni un colegio. O los chicos malos de la buena vida. Viva la Chacra, viva la coima, vivan nuestros lacayos del poder judicial, que para eso tenemos leyes que asegure la trafa de un cambio falso y permanente por uno nuevo, inexistente,

Las dirigencias internas se alejan cada vez mas de sus resentidos contactos porque sus representantes o candidatos antes de llevar al pueblo algo, se la llevan toda, haciendo recortes a sus sueldos o poniéndolos como limpiabotas, contribuyentes del congresista, del amigo juez y sus pachamancas con “hembritas” han roto organizaciones bien establecidas y articuladas otrora, no mantienen relaciones regulares ni variadas, no enganchan con el pueblo, apenas van a los cerros– que es una mancha demográfica abundante, emigrante que abandonó sus pueblos donde no había futuro–, no son una organización duradera, cuya esperanza de vida política sea transparente, y superior a la de sus dirigentes. Lo que hay por desgracia es una voluntad de ejercer el poder NO para el bien común y social, un espíritu de sacrificio y entrega, sino una voluntad de fraude no solo en el voto, en la promesa al votante, sino al propio dinero del estado, estableciendo una oligarquía burocrática, un grupito cumbre y cerrado de poder dirigentes eternos y profesionales, que no candidatean en una lista pura, completa, que demuestre una posición como partido, como doctrina, como programa, ni siquiera como programa personal de cada candidato que permita una posterior cobranza popular. No escuchamos ningún congresista que asuma una bandera personal, una siquiera, sea para legislar, fiscalizar, gestionar el tema, de un programa de educación y de salud gratuita, o de un programa de diez mil empleos empresariales, no vemos eso, algo concreto. Nadie los fiscaliza salvo haya denuncia de un delito flagrante que la inmunidad impide se le juzgue o condene. Dirigentes que se filtran ya no en un partido sino se diseminan en varios partidos, esto es una inmoralidad, un engañamuchachos, una deshonestidad política que invalida a una lista seria y honrada. Hay dirigentes inconmovibles, como el APRA que controlan toda promoción para enmudecerla, esclavizarla y prohibirle sus derechos a la expresión y representación. Así ¿Quién quiere partidos?  O infunden la perpetuidad de la organización con sus fines, su razón de ser. Este poder es un monopolio, que ahora imitan a los empresarios y viceversa con los políticos, incluyendo el monopolio de la información y no solo económico. Todo para que la masa los venere, a sus mismos líderes.

No existen posturas democráticas sinceras y sostenibles, y si el partido es pasión y amor por sus ideas, ideales, y líderes probos que son el ejemplo de lo que debemos ser los peruanos, hoy es inversamente todo lo contrario. Todo es desconfianza dentro y fuera del partido, dentro y fuera del trabajo, dentro y fuera del terruño donde uno nace, dentro y fuera del país. Una falta de respeto al portal o sitial de las grandes cosas, una profanación a la verdad y al establecimiento del trucaje y la mentira, la decadencia de la verdad, el arte de no hacer nada como haciendo ver que hacen, una declaración de solemnidad y honradez, cuando por debajo están lustrando la coima, el arrebato, la inmoralidad, la indecencia. Así no puede haber país.

Por eso como dije en mi escrito anterior en café Viena, no espero nada de esta elección. Los 4 poderes del Estado están infectos, el tribunal constitucional, es un ejemplo de lo que NO debe hacer un organismo honrado, que tenga un monto, que nos haga sentir confianza en la ley, que NO tenga un precio, que cada magistrado NO es un vasallo en cuerpo y alma de una voluntad adinerada. Nada induce a establecer una confianza, una verdad plena y verdadera.

Por eso, las listas no son creíbles porque admiten en sus filas a seres contaminados mutantes, migrantes, para aliarse con la sinvergüencería en el pleno, tampoco es creíble el poder judicial que ha retrocedido las agujas del reloj desde 1535 a la fecha, 2019, donde el país ni siquiera es república enclenque o enfermiza, donde han cometido los peores crímenes a los valores y derechos de la persona humana.

Por ello demandamos que las elecciones sean a los 4 poderes del estado, que se elija al presidente, a los congresistas, alcaldes y gobernadores, que se elija a los jueces y fiscales y jurados, que nos den cuenta de su promesas y plataformas, que se elija a los miembros del poder judicial con responsabilidad legal a someter sus actos al veredicto popular al que todos tienen que dar cuentas, a que reine la meritocracia y no la dedocracia donde los compadres y hermanitos, forman sus argollas y asaltan las alcancías y se llenan de influencias.

Todo funcionario del Estado tiene un “señor” “un amigo” “Un padrino”, “Un recomendado” y que asumen ser dueños de sus puestos ya repartidos antes de ser electos y de llegar al poder desde el sótano hasta la más alta cumbre, HOY todo tiene dueño.

Así las cosas, somos un feudo, hemos cambiado pantalones y zapatillas en vez de chullos y usutas, pero nuestra mentalidad, hábitos, usos y costumbres son las mismas, la de ser sirvientes de la colonia de 1560, ah, y de los buenos, hábiles en lustrar zapatos y hacer buenas comidas. Como las de Gastón. En silencio y sin diálogo y sin Platón, ni Demóstenes, ni un pensador como José Carlos Mariátegui, solo somos buenos imitadores. Almas que no encuentran su verdad. Y hasta lo que escribimos, llenas de enfermedad y de vejez. Aquí los grandes ausentes son curas y militares. Donde están. Delante o detrás de la escena nacional.

Lo cierto es que no son ya las instituciones tutelares, sino vivos o muertos, que no se saben si hacen o deshacen el sentimiento nacional. El país de be intervenir estableciendo una educación sólida. Porque el empresario te da un carro, una casa para pagar a pocos y te da un empleo temporal, que después te lo quita, cuando pierdes el empleo. Y eres deudor, En vez de trabajo, hay desocupación que no lleva dinero a casa, buscas trabajo y no lo encuentras. En vez de tractores te dan balazos o tanques, pero nunca tractores ni te instruyen, porque como brutos que nos creen, ellos avanzan y te quitarán lo que se te dio y les debes. La falta de igualdad para beneficiarte de la ley, termina construyendo, cárceles y asesinos para que los pobres sigan manteniendo con sus impuestos a estos ladrones roba gallinas y también a los cuellos blancos, de corbata.

Nunca te darán educación, ni menos de calidad, porque eso solo es privilegio de sus futuras dinastías. Haya de la Torre prometió un congreso económico. Y hace falta, pero hasta él no cumplió con hacerlo. Y la CONFIEP no es sino la indigestión que ha seguido el curso normal de esa idea: El wáter. Si eso es el liberalismo, que se vaya por ese mismo conducto, por injusto y desigual. El problema del Perú es que no somos iguales.

Miedosos y desconfiados. Pena por una cultura trastocada que fue una de las seis civilizaciones básicas de la humanidad.

 Vizcarra tendrá que caer, está lento y no hace caso, su entorno es una turba melenuda que estornuda y estornuda, pero olvida que el pueblo quita y da, y si no pone engrase a sus patines y no se abre un poco a los seres libres, y maneja al país NO como una empresa familiar provinciana, no será sino un vano recuerdo. No escucha no siquiera abre sus  puertas al pueblo que le apoya sin ser de  partidos. Si quiere pueblo a futuro, métalo al Estado, con una participación que influya en sus estamentos sin necesidad de estar durmiendo en él. Mecanismos hay, gente hay. Abra su mente, mejore la confianza concreta y verdadera, y no ese respaldo gaseoso de un apoyo que así como sube se va al abismo. Esto va también a su Premier y sus colaboradores que por cierto tienen prontuario.