El centro del tablero

Jorge Morelli

Se ha desbaratado el plan del enemigo, que era controlar el litio y el cobre boliviano, argentino, chileno y peruano, los recursos para el siglo XXI. Porque el gobierno de Evo ha caído, y Bolivia era el centro del tablero.

El proyecto del gasoducto para abastecer con gas natural boliviano a siete regiones del Perú, que habría puesto la llave de la energía del Sur en manos de Evo, queda en suspenso ahora. Ese gasoducto habría sido construido por la estatal rusa Gazprom. Ya había contratos firmados al respecto por Evo.

El interés ruso en la región –legítimo, en principio- es en el litio y el cobre para el siglo XXI.  Pero no es aceptable para el Perú el gasoducto boliviano. Tampoco si no está Evo ya, porque generaría la dependencia energética del Sur del Perú respecto de Bolivia, lo que compromete la soberanía peruana. Por la misma razón, muchos advierten en Europa que el gasoducto Nordstream2 desde Rusia a Alemania, también de Gazprom, generará dependencia de Europa del abastecimiento de gas ruso. Otro tanto sucede con el Turkstream, el gasoducto desde Rusia a Turquía, un país de crucial importancia estratégica para la OTAN.

Volviendo a lo nuestro, el litio está en Bolivia, en Chile, en Argentina y también en el Perú. Su explotación en el Sur -por Yellow Cake en Macusani, a la que el Estado peruano pone extrañas trabas- se dará incluso en condiciones más rentables que en los salares chilenos de Atacama, los bolivianos de Uyuni o los argentinos. Ellos emplean salmuera en salares, necesitan gran cantidad de agua escasa, y extraen apenas un tercio del recurso. La nuestra es de litio en roca a tajo abierto y está asociado al uranio. Nuestra operación será definitivamente más rentable. Y el Estado peruano arrastra los pies sospechosamente. 

Retomando el hilo, ahora que va a perder el control del crudo de Venezuela, el plan del enemigo era echar mano del litio y del cobre del sur del Peru, del norte de Chile y del oeste boliviano y argentino. Para esto se proponía conseguir gobiernos “amigos” en los cuatro países. Aun si debía derrocarlos a los existentes, por lo visto. Y al único que consiguió derrocar es al gobierno de Bolivia. Solo pudo conseguir el gobierno argentino que, con la sociedad Fernández & Fernandez, es económicamente inviable. Como en el ajedrez, quien controla el centro del tablero gana la partida. El centro del tablero era Bolivia y el enemigo ha perdido la partida.

Ahora, sin embargo, es indispensable ganar la paz.

Para ganar la paz la clave es la propiedad. En nuestro caso, reconocer los legitimos intereses reales de los comuneros y mineros informales del Perú en la propiedad de la tierra, comenzando por el suelo inmediatamente sobre los recursos naturales del cobre y del litio. El Estado es y seguirá siendo el titular de los recursos naturales, porque son de todos los peruanos. Los concesionará a las empresas que tengan el capital y el conocimiento para extraerlos.

Pero ganar la paz significa aquí y ahora reconocer a los comuneros y a los mineros informales la propiedad de la tierra inmediatamente encima de esos recursos, permitiendo que esa tierra tenga un precio de mercado, uno que no puede ser fijado por la empresa, ni por el Estado ni por el dueño de la tierra, sino solo por el mercado. Y por el mercado global, no el local donde la tierra no vale nada. Es eso, o los comuneros y mineros que controlan la superficie no dejarán sacar los recursos que están debajo.

Esto es lo que propone al Perú y al mundo Hernando de Soto. Esta vez lo estrá haciendo mañana en la proia Huamanga. Es hora de que los grandes mineros lo escuchen en lugar de aferrarse a la manera tradicional de actuar, que ya no funciona.

Es hora de cambiar. Son los comuneros y los mineros informales del Perú quienes tienen raíces en la tierra y en las minas quienes tienen un interés real en la propiedad de la tierra. Como los ronderos ayer, ellos no son el enemigo, ellos detendrán al enemigo. Ellos son el futuro del Perú.