El vacío de nuestra existencia

Renán Gorriti

En la sociedad que nosotros aspiramos está la de solucionar la desigualdad en todo orden de cosas. En algún tiempo, la propuesta desde 1950 hacia adelante fue la de cumplir con un programa sólido de cambios sociales para “reivindicar al indio” (resumiendo el coloniaje español sobre la civilización del incario) y cerrar la enorme brecha de la desigualdad social política y económica del Perú. Y de afirmar formas estructurales. Todo cambió para mal, como el rol de personajes con libretos que lejos de mirar al desarrollo de los pueblos, giraron sobre sus talones y anidaron en el beneficio personal. El político no fue entonces un ser al servicio del pueblo, sino un comerciante inescrupuloso que conquista el poder para beneficio propio a costa del engaño y la explotación de los seres que depositaron su buena fe por la esperanza de ver un país próspero y feliz. Pensamos que la riqueza debe tener un péndulo de reloj en el tiempo que inició su balanceo entre golpes militares y primaveras democráticas. La república tuvo y tiene esa connotación que aún no ha desparecido, solo ha cambiado de escenarios,de carácter eminentemente social en base a su reconocimiento humano donde su fuente final radica en el trabajo creador de la persona humana y de la sociedad. Allí reposa su verdadero elemento liberador  donde el trabajo no sea una fuente de servidumbre y alienación sino un proceso de una democracia de todos, con todos y para todos. Así la riqueza y el poder no podría ser privilegio de nadie  o de llegar como sucede en este milenio como un monopolio de privilegiados  o de un estado  manipulado por males sociales que provienen de sus integrantes. De los políticos de sus partidos, Esta es la historia de un largo espejismo republicano deformante de nuestro pasado histórico y el anunciado cáncer de nuestra sociedad. Los partidos han sido manipulados por camarillas que expropiaron la voluntad de país. Sus mecanismos no han enganchado con la población. Que no sea encuadramiento y manipulación. Hemos cambiado en el tiempo? No. Su intermediación ha expropiado el poder no solo de sus riquezas sino de aprender educación política con una marginación de las cúpulas o grupos de presión y poder que actuaron expropiando el patrimonio natural y cultural como humano en favor de los grandes intereses de grupo. Partidos de derecha y partidos de izquierda. Nada de partidos de centro, ya que la dinámica social no se ha centrado en este equilibrio que al parecer todos buscan pero no encuentran su sereno equilibrio. Y surge la pregunta y se yergue el empeño, con esto de saber si las clases sociales finalmente llegarán a conciliarse con sus intereses. Y la respuesta es que seguimos en el daltonismo de tales intereses. Las derechas se obstinan en democracias que sean algunas menos iguales que otras… Y las izquierdas, buscando las posiciones más adecuadas en la búsqueda de la justicia social, con el problema de que a mayor número de partidos que crea, se divide más las poblaciones que se multiplican en las ciudades invadidas por los migrantes de los campos hacia ellas en busca de un mejor destino para su progreso.

Así llegamos al centralismo, a Lima, una de las ciudades coloniales más viejas de América Latina. Es como un país, la capital del Perú. De cholos urbanizados, emergentes y capitalistas cuyo 70% de la población peruana se sacude de los partidos, de lo postizo, de la imitación, o emulación,  y hasta del estado para iniciar en su ser una república personal, propia, donde el impuesto no se lo lleve el político, del gobernante, el juez, el congresista, el empresario mayoritario. Y establecer la sociedad de los llamados emprendedores. Esta etapa es lo que me parece va formando una federación una república de independientes. Y aunque parezca que los partidos agonizan como los criollos románticos de la Lima de ayer, hoy, se reactualizan en una cultura empresarial que desafía a la tradicional y hasta a sus formas político partidarias. Con equidad, recursos y gestión metropolitana. Así este modelo se reproduce en las ciudades principales del país en costa sierra y selva,

La población peruana cruza por los males de la salud, por ejemplo, 4 de cada 10 niños tiene anemia. El 82% de la población peruana cree que la corrupción afecta su vida cotidiana donde el delito y la inseguridad. Le siguen a causa de males como el narcotráfico, el las secuelas del terrorismo cuyas secuelas impactan en la economía popular, casera. Familiar. Antiguamente, similar situación ocurría con el contrabando en los años del 65.Y la evasión tributaria, también se suma a este descuadre donde se ve que las grandes empresas no pagan sus impuestos, que los magistrados, jueces y fiscales influyen en sus allegados, en sus políticos a sueldo, en donaciones, para que siendo autoridades les entreguen grandes contratos. Y así, vimos una democracia donde todos aspiran ser iguales pero en la carrera del poder, unos son más iguales que otros, es decir, desiguales en todo. Ese es el problema del país.

Los cambios en la Constitución que plantea la dinámica poblacional parece ser cada día más presionante. Hace poco el Tribunal Constitucional dirime un caso de justicia, el 72% discrepa de un tribunal considerada constitucionalmente una vaca sagrada y hoy, un organismo podrido. Las evaluaciones de las autoridades en los 4 poderes del estado, son espejos por donde– con indignación- la población refleja su porvenir o su desgracia. Hay que cambiar o remendar la Constitución, todo cambia y hay que actualizar las leyes conforme cambia la realidad. Porque todo cambia. Lo que nunca ocurrió es mirar con lupa el poder judicial. Y tomar todos los poderes del estado para perdurar en el poder. Y así fue. Hoy, todo depende de un poder oculto que tiene lazos vinculantes muy fuertes y formas de autonomía que permite desarticular cualquier intento de desarrollo, porque cada poder del estado es una chacra. “somos autónomos, somos independientes” Y bajo ese manto, se forman los patriarcados que han hecho posible su penetración dúctil y de fácil manejo para crear una crisis de desgobierno en el país, con partidos políticos en cuidados intensivos, enfermos y viejos al extremo de solventarlos obligatoriamente por medio del impuestos o donaciones. O políticos con procesos judiciales que se deben someter a la investigación de sus posibles delitos porque entrañan grandes dependencias a través de contratos y grandes hipotecas y ganancias para un grupo de empresarios y políticos como letrados que manipulan las leyes a su antojo para sus beneficios personales. Es el rostro de la corrupción. Y en otros casos, los empresarios con  el poder de las grandes empresas abrazando las licitaciones de millonarias obras del estado cuya codicia en el club de la construcción creció como espuma de champán.

Hoy los dados de nuestro destino están en el aire para caer en seco en la mesa del juego tabernero. Han crecido los partidos para las elecciones del 20 de enero del 2020–que participarán como si fueran ofertas de un remate de mercadería fallada. No para existir sino para subir al paraíso y desaparecer entre un rebaño de nubes grises. Y en tanto, postulamos que los presidentes que robaron los dineros del pueblo deben ser juzgados e ir a a la cárcel, cumplir sus años en prisión y no en clínicas. De la que no saldrán hasta devolver el último centavo del delito. Y aspiramos también, que el país cambie uniéndose, pero de manera real y verdadera, no solo en las regiones y mega regiones sino en sus estructuras de poder, aunque independientes pero vinculantes aun poder y un control que no escape de la jefatura del estado y de sus fuerzas tutelares al servicio del país y no en viceversa.

Solo seremos suficientes si conseguimos educación, salud y trabajo de calidad y no de eufemismos ni retoricismos que chillan en brillo de la cadena esclava en nuestras convicciones.

Hoy en día la educación es una profesión muy peligrosa.

Y el periodismo, o sea la libertad de prensa, un arma muy peligrosa, si como sucede, está sometida a la libertad de empresa, o sea cuando  el hombre que escribe por encargo, tiene su conciencia comprada, pagada o alquilada por un plato de lentejas, por un vil señor.