Imperium

Ramiro F. Prialé

El poder público en la antigua Roma era el poder de mando y castigo del gobernante sobre los ciudadanos convocados a la guerra y el dominio sobre los territorios conquistados. El concepto contemporáneo sería similar al de «soberanía».

Un Estado que no puede poner orden, que no puede proteger sus fronteras, no puede hacer prevalecer la ley y el orden, que puede ser chantajeado con toma de carreteras, que ha perdido el respeto ciudadano por incumplimiento reiterado del pacto social, es un Estado que ha perdido «Imperium».

Es un semi-Estado. Y eso es Perú.

Carcomido por la corrupción de su clase política y judicial; aceitados por un segmento empresarial apátrida que sustituyó la competitividad y libre mercado por la compra de leyes con nombre propio para acaparar mercados y beneficios, el semi-Estado no le funciona al Perú formal y no le interesa al país informal, 70% de la actividad económica que no tributa.

Este segmento informal son los fugitivos de un Estado que cobra impuestos y no procura los servicios básicos esperados y no encuentran apoyo ni ventaja alguna en la oferta de tasas de crédito de usura de la banca formal. Huyen de una doble esclavitud: darle cada año, 60% al Banco y 30% al Estado.

El semi-Estado peruana mantiene más de 1.6 millones de trabajadores sin capacidades desarrolladas para propiciar cambio alguno.

No importa quien tome el timón del país el 2021, ni cuánto ofrezcan por conseguir el voto fácil y dócil, la verdad es que con este semi-Estado nada cambiará y los grandes proyectos seguirán esperando en la cola del largo peaje burócratico.

La única solución es legislar el Outsourcing de Estado (1). Planteamos que la tercerización de servicios de PMOs internacionales para la generación de proyectos y la propia concesión del proyectos se tercericen gracias a un nuevo marco legal que permita al Estado peruano delegar la evaluación y concesión, remunerada, a uno de cinco Estados rotativos con el mayor índice de transparencia y honestidad del planeta (Noruega, Finlandia, Dinamarca entre otros).

Los proyectos serán cogestionados y concesionados desde un Estado proxy bajo reglas que incluyan la participación de empresas locales y la transferencia de conocimiento y capacidades en particular al aparato del Estado peruano. La burocracia nacional ingresará en paralelo a un largo proceso de capacitación y definición de flujos funcionales y de trabajo.  

El otro gran parámetro es realmente liberar los mercados. No sólo legislando una ley antimonopolios, sobre lo que hay avances.

Se requieren normas complementarias para abrir los mercados que permitan el acceso directo ciudadano a fuentes externas de crédito, seguros y fármacos, para empezar.

Que se termine de una vez el bloqueo férreo que la industria farmacéutica ha impuesto a la importación directa vía Amazon de medicinas.

Pagamos 10 a 20 veces más por ese monopolio de facto. Las aduanas deben recibir del gobierno, pautas claras al respecto. Dejen operar a Amazon unos meses y verán como se desploman mágicamente, los precios de las medicinas. Liberen los mercados pero, en serio.

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(1) Outsourcing de Estado