Turbulencias sociales en Latinoamérica: ¿oportunidades o amenazas?”

Oscar Maúrtua de Romaña*

La primavera 2019 en América Latina, sin duda que pasará a la historia, por las últimas turbulencias provocadas por la mayoría de sectores sociales, minoritarios y mayoritarios, que hicieron uso del ejercicio de protesta; constituyéndose estas movilizaciones en las más llamativas del mundo. Los reflectores internacionales, reconocen que los países latinos están haciendo historia en temáticas como la corrupción, la lucha contra la desigualdad y la democracia, elementos fundamentales de una correcta gobernabilidad que genera esperanza de cambios profundos en el fortalecimiento de la institucionalidad. No obstante, es condenable y por ende debe ser castigada tanto la conducta vandálica y destructiva, como la represión abusiva y cruel.

La raíz de los reclamos sociales a los gobernantes de esta región, redunda el rol protagónico que ha ido tomando la clase media tradicional y el impacto de la crisis política y económica en su subsistencia. En síntesis, se sabe que cada Estado asume un desafío. Venezuela, con su lucha por retomar la democracia ante una dictadura inquebrantable; Honduras, marchó por la no privatización de la salud y la educación, y el no blindaje político; en Puerto Rico, el pueblo solicitó la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló, por actos homófobos; Chile, por el abismo de la desigualdad social, que evidenció la participación activa de los universitarios y de diversos sectores, que inició con el alza en el precio del transporte público y desencadenó un efecto dominó; en el Perú, la pugna de poderes que trajo como consecuencia la disolución del Congreso y los escándalos de corrupción fueron el caldo de cultivo para el descontento social; Ecuador, rechazó la eliminación de subsidios a los combustibles (Paquetazo), un intento fallido de reciente gobierno; Bolivia, tras 14 años de gobierno de Evo Morales, salió a las calles por fraude electoral; Colombia, protestó contra el aumento del desempleo, el asesinato de líderes sociales y las posibles reformas que podrían ser presentadas por el gobierno en materia de pensiones, trabajo y tributación (“paquetazo de Duque”); Argentina, decidió por el regreso del Peronismo, y su lucha contra la corrupción enquistada en su aparato gubernamental, sumada a la profunda crisis económica.

Aunque las democracias no son perfectas, es lo mínimo indispensable para alcanzar sociedades más justas y libres, donde la calidad de la gobernanza se sustente en estándares constitucionales. Los últimos indicadores del Latinobarómetro 2018, generan una profunda reflexión del impacto que vino generando la corrupción, la desigualdad, el recorte de subsidios, el mal manejo de la deuda externa, cambios de orientación política, entre otros hechos, que resultó en el 32% de aprobación de los gobiernos, siendo la cifra más baja de aprobación de los mismos tras 9 años, cuando este indicador alcanzó el 60% en tiempos de prosperidad y democracia plena. Incluso, se registra que hasta los mejores “Estados modelo” de este indicador son parte del efecto dominó en América Latina. Por ejemplo, se sabe que la aprobación de gobierno entre 2017 y 2018 de Costa Rica aumentó de 50% a 53%, Chile aumentó de 33% a 45% y El Salvador aumentó de 17% a 22%. En cambio, los Estados con alto porcentaje de desaprobación son Brasil (6%), México (18%); Argentina, Nicaragua y Paraguay (23%). Aún se desconoce cuáles serán los resultados del Latinobarómetro 2019, pero seguramente en esta lista se evidenciarán aún más estos cambios y se añadirán otros Estados, que sorprenderán a la comunidad internacional.

Por otro lado, a este índice de gobernanza, también se debe analizar el porcentaje previsto de crecimiento económico en la región. Según el FMI y el Banco Mundial, proyectaron un crecimiento poco favorable para las economías emergentes de la zona, resultando en un 1,4% según abril de 2019, y proyectando para 2020, un 2,4% inicialmente, pero a octubre del año en curso, se cree que solamente llegará a un 1,8%. Asimismo, se prevé que tales cifras se redujeron en los últimos dos meses, donde iniciaron con mayor auge las protestas sociales. El sueño de la recuperación y la estabilización financiera, seguirá como tal, hasta que existan cambios trascendentales en los gobiernos de turno de las principales economías de la zona. El bloque de la Alianza del Pacífico, en su último reporte deI semestre registró bajas en sus intercambios comerciales, especialmente en importaciones, disminuyó 3% en el 1º semestre de 2019 debido a la menor importación de bienes (-5%).

Los lentes internacionales continuarán enfocados en América Latina para este 2020, pues aún no acaba la historia de las grandes masas movilizadas, que ahora verán reflejadas sus demandas en mecanismos constitucionales poco usados, pero con gran valor en momentos críticos; es así que en Chile se dará el plebiscito por una nueva Constitución y en el Perú se darán elecciones parlamentarias.

Es inevitable, no repudiar actos de violencia y excesos que se dieron durante las marchas, por cual es necesario hacer un llamado a las protestas pacíficas y organizadas. No se busca el incremento de muertes ni accidentes, se busca justicia, democracia, paz, seguridad, estabilidad económica, equidad, trabajo y calidad de vida; este debe ser nuestro horizonte en este 2020. La comunidad internacional, debe mantenerse vigilante ante cualquier acto de abuso de autoridad y represión desmesurada.

Finalmente, debemos recordar que toda esta oleada de la primavera Latinoamérica, nos debe llevar a la búsqueda de paz y seguridad de la región, pero con un rostro humano que nos ayude a democratizar nuestra institucionalidad, donde las mayorías tengan voz, donde se trate de generar armonía de la Triple Hélice+2 (Estado, Empresa, Academia, Sociedad Civil y Ecosistema), que nadie se quede atrás. Busquemos el cumplimiento de la Agenda 2030 (Objetivos de Desarrollo Sostenible), y que el Perú haga realidad su “Visión de País 2050”, con cambios profundos y trascendentales para las futuras generaciones.