Peruanos en el mundo

Aníbal Sánchez

Este 18 de diciembre se celebra el día internacional del migrante. Fecha para reflexionar sobre la migración internacional peruana. Es menester, por ello, recordar que el Perú ha sido tradicionalmente un país de inmigrantes. En los últimos cinco siglos, a las costas peruanas han arribado pobladores europeos, llegaron españoles, conquistadores y colonizadores, con ellos pobladores de raza negra, en calidad de esclavos, también árabes, turcos, en miles de oficios. Sumado a ello, por la segunda mitad del siglo XIX, llegaron al país cerca de cien mil inmigrantes chinos, en su mayoría procedentes de Cantón, muchos de ellos en calidad de semiesclavos, a las plantaciones de azúcar y algodón en las costas peruanas. También, llegaron pobladores de distintas nacionalidades, muchos europeos, italianos, alemanes y de otras nacionalidades, que llegaron a poblar tierras peruanas, también, en oleaje arribaron pobladores japoneses.

Pasaron muchos años, hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando el Perú de ser, un país de inmigrantes se convirtió, hasta nuestros días, en un país de emigrantes. Cientos primero, miles después, como un oleaje, que bajo de lo alto de los Andes y terminó fuera de nuestras fronteras, muchos peruanos se fueron hacia el mundo por mejor futuro, como un detonante  que dinamizó la emigración internacional peruana. Causas: el deterioro del clima social y económico, que fueron los efectos de grandes cambios en la historia peruana de la segunda mitad del siglo XX, un ciclo dramático en lo político, con grandes y negativas repercusiones en lo económico y en lo social, germen inicial e impulsor de la emigración peruana, que ganó velocidad en las décadas siguientes. En el último medio siglo, más de 3,0 millones de peruanos, se fueron del país sin retorno. Salieron de cerca del 10% de los hogares peruanos. 

La emigración peruana, mayoritariamente de carácter laboral, se dinamizó, buscando trabajo y recursos, miles de peruanos y peruanas voltearon los ojos al exterior, tras explosiva migración interna, de las áreas rurales, venidas a menos, hacia las áreas urbanas, atraídas por la dinámica de las ciudades, proceso que desbordó nuestras fronteras. Más de tres millones de peruanos se fueron sin retorno. Tres son los factores o causas principales iniciales que incidieron en la emigración peruana del siglo XX: 1) debacle estructural en la economía, inestabilidad política e insurgencia militar, cuyos resultados se expresaron en crisis económica, social y política hasta fines de los 80´, 2) Crisis económica e hiperinflación que devino recesión económica, con graves consecuencias sociales, tras la llamada “década perdida de la economía peruana”, luego del segundo Belaundismo y fallido gobierno del partido aprista, entre 1985 y 1990, que tras heterodoxia económica y controles de precios concluyó en recesión e hiperinflación de más de dos millones por ciento, en cinco años, de deterioro económico. 3) Insurgencia senderista, que declaró la guerra al Estado peruano, con una visión y acción en el extremo, con intento de toma del poder por las armas. Sangriento periodo de dos décadas 1980-2000, cuyas pérdidas se estiman en 65 mil muertos, miles de desplazados y emigrantes, y 28 mil millones de soles en pérdidas económicas y sociales.

Estos factores desencadenaron que cientos de miles de peruanos salieran del país, primero, a los países cercanos como Argentina y Venezuela, en auge económico por dichos años. Luego, Estados Unidos, España Italia, Japón, Chile. Los peruanos emigraron a todos los continentes, pero se concentraron en un reducido número de países. Un tercio en América del Norte, EE.UU. y Canadá, un tercio en países de América del sur, Venezuela, Chile y Argentina. Y un tercio en Europa y Asia, España, Italia y Japón, hasta nuestros días. 

Por ello es que este 18 de diciembre día internacional del migrante, rendimos un homenaje a miles de peruanos que con coraje dejaron su país por mejor futuro.  Este escrito busca no soslayar nuestra propia realidad. En el compromiso de ahondar en remembrar nuestra realidad.