Ahora los llaman turbulencia

Federico Prieto Celi

The Economist ha opinado que 18 países latinoamericanos, desde Venezuela, el peor, hasta Uruguay, el mejor, desde el punto de vista de los ingredientes de lo que llama turbulencia, deberán prepararse para sufrir disturbios callejeros  en el futuro próximo.

La investigación del semanario inglés, que aborda la actualidad de las relaciones internacionales y de la economía desde un marco global, según propia definición, señala como ingredientes de la fuerza o debilidad de las naciones 1) la seguridad social, 2) la tradición democrática y 3) las oportunidades de empleo juvenil.

Las protestas populares a gran escala, como se han dado en Bolivia y en Chile, aunque en cada caso por razones distintas, depende en buena medida de la fortaleza o debilidad que se tenga en esos ingredientes, según The Economist. Pero me parece que los investigadores ingleses no han tenido en cuenta peculiaridades puntuales de América Latina que vale la pena considerar.

En primer lugar, la importancia que tienen las fuerzas armadas en nuestra región, instituciones que pueden controlar o dejar de hacerlo cualquier manifestación que se salga de madre, como ha ocurrido en los dos países citados: Bolivia y Chile.

En segundo lugar, la facilidad de manipulación externa de las masas, por agitadores de pensamiento socialista, que buscan desestabilizar a los gobiernos que mantienen una política de economía libre, acusándolos de aumentar la brecha entre ricos y pobres, independientemente de que ello sea o no cierto.

En tercer lugar, el poder inmenso de los medios de comunicación, que pueden usarse para movilizar a las gentes de poca educación y criterio, mediante argumentos demagógicos, para lanzarse a la calle, para protestar por lo que se le está diciendo que es abusivo e injusto.

Pienso que si bien ejemplos como Venezuela y Bolivia pueden acomodarse de alguna manera a la visión de los investigadores ingleses, Chile y Colombia -que también ha tenido disturbios recientemente- no sufren debilidad en los ingredientes citados por el mencionado semanario.

Hay un caso de turbulencia mayor en América Latina que debe tener remedio a corto plazo, independientemente de los ingredientes ingleses y criollos: la masiva migración venezolana a los países vecinos y a los Estados Unidos y España. El Perú ha acogido a más de 800,000 venezolanos, y Colombia a millón y medio. Indudablemente ese caso se merece, más que ningún otro, el término turbulencia, por analogía de los estudios de ambiente.